Ranking Top Restaurants 2014

Última semana del año, y nos unimos a la campaña de realizar y compartir nuestros «rankings». El año pasado celebramos el fin del año 2013 con un ranking de los «descubrimientos» que desde Morro Exquisito fuimos conociendo a lo largo del año, las «campanadas» de 2013 lo bautizamos (os dejamos el link).

Este año, en el que hemos hecho visitas a magníficos e ilustres restaurantes, hemos preferido elaborar nuestro propio ranking de restaurantes «top» España, en base a todas las comilonas que nos hemos pegado a lo largo del 2014. Deseamos que os gusten, si clickais el link del nombre del restaurante os redirigirá al post del restaurante concreto.

 

Ranking Morro Exquisito:

 

Brioche de trufa negra
Txuleton al queso azul
Calçots «reversionados»
Guisantes a la brasa
Cupcake «tickets»
Carabinero a la plancha
Sashimi de Salmonete
Calamar «encebollao»
Fondo marino
10. Etxebarri (Axpe) (Lo publicaremos a lo largo de 2015)
Croqueta asada
 
Estrellas Michelin:
2. DiverXO (Madrid)
3. Arzak (Donosti)
5. Martín Berasategui (Donosti)
7. Azurmendi (Larrabetzu, Vizcaia)
8. Quique Dacosta (Dénia)
 
 
TripAdvisor:
2. El Club Allard (Madrid)
3. Martín Berasategui (Donosti)
4. DiverXO (Madrid)
6. Arzak (Donosti)
7. Restaurant Montiel (Barcelona)
8. Etxanobe (Bilbao)
9. Restaurante Los Roques (Los Abrigos, Tenerife)
10. 5th Avenue (Corralejo, Fuerteventura)
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Les Cols: Esencia de la tierra volcánica de la Garrotxa.

Les Cols es el restaurante por excelencia de Olot (Girona). Dos estrellas Michelín de sabores de «la terra», de producto de calidad, de respeto por el producto criado de forma sostenible y muy fans de huerta. Elaboraciones sencillas de la de toda la vida, cuidando y mimando aquellos productos que crecen en La Garrotxa, que llegan o se elaboran allí. Cocciones lentas y sabores intensos y precisos, en los que encuentras los toques y puntos que Fina Puigdevall y Pere Planagumà, los chefs, quieren que encuentres en cada bocado. 
No es cocina minimalista, ni contemporánea pues el menú no consiste de muchísimos platos, y las raciones dan para más de una sola cucharada. Somos muy fans de este tipo de servicios, la segunda y tercera cucharadas siempre son las buenas, en las que se encuentran los matices; y Les Cols es así, una cocina de toda la vida, adaptada a los nuevos tiempos. 
Parece curioso, pero la arquitectura de su restaurante es un símil a esta cocina de la que os estamos hablando. La Masía en la que se encuentra el Restaurante, en activo desde 1990, fue la misma en la que nació Fina Puigdevall y que, tras aparentar en su exterior la sencillez de la arquitectura catalana de las masías de la época, se esconde la más exquisita arquitectura y modernidad en su interior. Sólo por el recinto ya merece la pena la visita, y aún no habíamos empezado a comer. Aprovechad para hacer noche en “Els Pavellons Les Cols”, otro concepto de alojamiento.
Habitación Pavelló

 

De la mano de una copa de cava natura “Les cols Mont-Ferran”, los entrantesquisieron convertir el «fajol» en su rey. Otramente llamado «grà negre», el “fajol” es un derivado del maíz, muy común en la zona, de aspecto negro-oscuro, y que históricamente ha sido más utilizado para elaborar pienso animal que para ser servido en un restaurante dos estrellas Michelín. Aún así, la creatividad en los snacks del entrante nos levantó esa curiosidad por un producto nuevo en nuestros paladares.
“Crosta de fajol” para comer con los dedos juntamente con llonganissa artesanal de Olot, Bacadillo caliente de papada de cerdo en la que el pan estaba elaborado con este “maíz”, Blini de “fajol” i botifarra del “perol” y espagueti de “fajol” con caldo ahumado. Un mismo denominador común y cuatro entrantes de resultados diversos.

Blini de «fajol» y sandwich de panceta
Caldo con espagueti de «fajol»

 

Nos quedaban 8 platillos por delante. Empezamos comiendo con las manos con un “trampantojo” en forma de mini-calçot con romesco, pero realmente realizado con un nabo rebozado en tempura de carbón. Quizá a nivel de sabrosura el plato más flojito puesto que el sabor de la salsa romesco se comía el “mini-calçot”. Sin duda creatividad 100%.

Trampantojo de calçot.
Con el plato anterior se acababa la broma y empezábamos con lo serio. Royale de trufa negra. La royale no tenía esa textura gelatinosa de alguna que otra que hemos probado, pero brillaba por la abundante cantidad de trufa negra fileteada que incorporaba el plato.

Royale de trufa negra

 

El huevo fresco escaldado con “rovellons” estaba espectacular. Ligero sabor a brasa y leña procedente de la elaboración del rovelló y que ligaba a la perfección con el huevo escaldado y la base de crema de setas que acompañaba el plato. Uno de los mejores de la noche.

Huevo escaldado con rovellons

 

Como habréis visto, en Les Cols cuidan mucho los elementos de conexión entre los elementos presentes en los platos, las cremas y caldos están milimétricamente pensados y perfectamente elaborados. El siguiente de los platos titulado “patates amb suc”, debería ser bautizado “tremendo suc amb patata”. Un juguito de mil matices, fuerte de sabor y de textura exquisita, acompañado de dos daditos de patata que se deshacían en la boca; seguramente realizados con un puré horneado para que cogiera forma a patatita cortada.

«Patates amb suc»

 

Quedaban 4 platillos “principales”: verdura, hidrato, pescado y carne. Unos guisantes a la brasa con pancetita y botifarra negra. Creo que jamás habíamos probado los guisantes a la brasa, la textura en boca es más cercana al garbanzo, terso, pero conserva el sabor del guisante y la brasa también le da ese aroma a leña ahumada de la brasa. Otro de los grandes platos del menú.

Guisantes a la brasa

 

Aquí vino la muestra de la gran “cocina de montaña” que se realiza en Les Cols. Con “cocina de montaña” nos referimos a la intención del restaurante de trabajar productos tal y como llegaban antaño a la Garrotxa. En Les Cols se trabaja muy poco el pescado fresco, prácticamente nada, y juegan más con la materia prima en conserva o en lata a la hora de incorporar pescado en sus menús. De éste modo, el arroz de payés con calamares en lata consistía en un arroz de gusto fuerte con puntas de calamares en conserva, corte de calamar en tempura. Acompañado por un alioli muy suave de gusto, de alta intensidad en aceite, pero de textura cremosa.

Arroz de payés
Siguiendo la tradición de la “Cocina de montaña”, en la que nunca puede faltar un pescado (en conserva, lata o que no requiera de la inmediatez del pescado fresco), nos sirvieron una “Brandada de Bacalao” con pilpil, uva, aceite de cereza y espinaca fresco. Plato denso por la espumosidad de la brandada, pero aligerado por el pilpil y los toques frutales de la uva y el aceite de cereza. Un plato muy redondo y contundente.

Brandada de bacalao
Quedaba el último, la carne. El “platillo”, como Les Cols lo tiene bautizado, consistió en 4 mordiscos. Un dado de carne de pato acompañado por una pera en almibar, una pelotilla de ternera acompañado por una cebolla chalota y un corte de costilla y panceta de cerdo. Todo regado bajo un mismo jugo y un punto de cocción excelente en los 4 bocados.

«Platillo»

 

Era hora del carrito de los quesos. A discreción. La variedad de quesos es brutal, y merece la pena probarlos juntamente a las mermeladas caseras que elaboran en Les Cols. También recordar que si hacéis noche en “Els Pavellons Les Cols” también os traerán un surtidito de mermeladas exquisitas.
Primer postre, castañas, coca de llardons y manzana. Cómo? Helado de castaña confitada sobre una confitura de manzana y acompañado por un brioche de coca de llardons.

Castañas, coca de llardons y manzana

 

El segundo de los postres nos fascinó. Helado cremoso de “mató” con mermelada de albahaca que le daba ese toque dulce que siempre requiere el “mató”. Textura genial, sabor exquisito y para nosotros, el mejor de la noche.

Helado de «mató» con albahaca

 

Quedaba un postre, un clásico en Les Cols, el “paisaje volcánico» consistió en un mix de chocolates con distintas texturas, sabores y matices a algarroba, ratafía y “fajol”, redondo para acabar el menú de otoño.

Paisaje volcánico
Los petit fours, que ya casi no nos podíamos ni comer consistieron en una coca azucarada tostada y una tableta de chocolate. Buenísimos!

Coca y chocolate
Bajo nuestro parecer el fin de semana en Les Cols valió mucho la pena, la relación calidad/precio del menú es, sin dudas, el mejor que nos hemos tomado. Mucha calidad, intención y sentimiento en un menú que en Barcelona valdría más de 100 euros, y llegarían a más gente. Aún así, estoy convencido de que prefieren la sencillez y la humildad que tienen a caballo de una arquitectura y diseño espectaculares, a lo que tienen a cualquier otro escenario. Felicidades, volveremos!


Les Cols
Carretera de la Canya s/n, Olot
Telf. 972269209

Precio: 110 euros por persona (vino incluido)

El alojamiento en Pavellons Les Cols es un poco más caro, pero el desayuno se lo vale! Y la excursión matutina tambén!

Ermita Volcán Santa Margarida


Desayuno Pavellons Les Cols
 
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Restaurante Akelarre: Un clásico entre los modernos.

A lo alto del monte Igeldo en San Sebastián encontramos el ilustre restaurante de Pedro Subijana, el restaurante Akelarre. Desde el año 2007 poseedor de tres estrellas Michelín, Akelarre es uno de los restaurantes imprescindibles de visitar de España. Tratando de mantener la clase y la calidad del producto que desde el año 1975 ofrecen a sus clientes, Pedro Subijana y su equipo del Akelarre han sabido evolucionar y adaptarse a la nueva cocina actual, convirtiéndose como hemos mencionado anteriormente en uno de los restaurantes más selectos y galardonados de España. El único punto “vintage” que queda es el bigote del chef, pero le da carisma, qué carajo! En Akelarre siguen ofreciendo los mejores productos del País Vasco como en los años 80, pero hoy del modo más contemporáneo posible, con un mimo extremo a la presentación y los detalles de los platos. Sus platos y estilo de cocina nos recordó mucho al Sant Pau de Carme Ruscalleda, es por eso que no será casualidad que compartan número de estrellas.
Akelarre ofrece 3 menús degustación, primera muestra de que les van bien las cosas y que les gusta trabajar, probar e innovar con el producto. 2 menús cambiantes temporada tras temporada y un último de clásicos del Akelarre. Nosotros, al ser la primera vez que visitábamos el restaurante consideramos apropiado empezar por los clásicos ya que estos nos podrían dar una buena imagen de la cocina de Subijana en estos casi 40 años de dedicación exclusiva a su restaurante.
Los entrantes fueron un espectáculo. Títulados “Jardín Marino” consistían de una base de arena de gambas con una hoja de ostra, un mejillón con cáscara, una esponja marina con crema de erizos de mar, unas piedras de playa y un coral de alga. Uno de estos manjares que nos gustan, estos en los que disfrazan el producto para que parezca otro o para que te lo comas de un modo en el que aparentemente no lo parece.
 
El menú empezaba con una ensalada de bogavante al vinagre de sidra. Un primer plato ligero con componente estrella, el bogavante. Sencillo y sin complicaciones, un producto de estos que con un chorritín de aceite ya gana carreras…
 
 
A continuación nos sirvieron un carpaccio y un txangurro bastante especiales… El carpaccio consistía de una pasta realizada con piquillos y sabores a ibéricos que, juntamente con las setas y el parmesano intentaban “imitar” y transmitir la sensación de estar comiendo carne de un modo totalmente vegetal. Muy interesante.
 
 
 
Por otro lado, eltxangurro tambíen tenía su qué. Rebozadito en su propio txangurro, conseguía una pequeña crosta con un interior de este producto, muy parecido a una croqueta, pero como si fuera rebozada en carne en lugar de pan. Brillante. Este encima de un “blini” de coral con mucho sabor a mar y unos gurullos con verdura.
 
 
Entramos ahora a los dos platos principales del menú, el pescado: salmonete y la carne: buey. El primero de una simplicidad y excelencia aplastante. Plancha. Fácil? Sí, pero ya nos gustaría a todos que el pescado plancha nos saliera así de bueno. Acompañado de unos fusilli de salsas. Eh aquí el toque contemporáneo al plato. Unas gelatinas insaboras en forma de macarrón, rellenas de salsa de perejil, de ajo, de soja y del propio salmonete (cabeza y espinas incluidas) que acompañaban al pescado a la perfección.
 
 
 
El buey también sencillo, sin mucha floritura, guardando el gusto y la esencia de la carne. Como si fuera un chuletón, tierna y sabrosa, no se puede pedir más. Este iba acompañado de un pastel de rabo y foie, que parecía un tiramisú y de unas patatas chips un tanto peculiares. Dos genialidades más de Subijana.
 
De postre dos platos más en forma de “desmontemos y volvamos a montar”. Primero un gin tonic donde una gelatina y un sorbete componen el copazo. Gelatina con sabor a gin tonic y sorbete de cítricos. Comparado con el que nos tomamos hace poco en Dos Cielos de los hermanos Torres quizás el de los hermanos se parece más a un postre, y el de Subijana es más un cocktail. En definitiva, deliciosos ambos. Ya por último, la otra tarta de manzana. Presentada con dos papelajos encima. De primeras quedas sorprendido por la bizarra presentación, y finalmente te informan de que el papel es comestible con sabor a chocolate, y debajo se esconde una fabulosa tarta de manzana.
 
El restaurante Akelarre de Pedro Subijana ha sabido adaptarse a los nuevo tiempos y tendencias, cabe recordar que junto a Arzak fueron los pioneros de la cocina contemporánea en España. Podríamos decir que Subijana y Arzak abrieron la puerta a seguir trabajando a Berasateguis, Adriàs y hasta donde hemos llegado? A tener restaurantes que son los mejores del mundo, a tener muchas estrellas Michelin… vale mucho la pena aprovechar una visita a San Sebastián para ir a visitar Akelarre. 
 
 
 
Restaurante Akelare
Padre Orcoloaga 56, San Sebastián Donostia
Telf: 943311209
www.akelarre.net
Precio por persona: 150 euros aprox.
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El Celler de Can Roca: Equilibrio y armonía propios de ser el mejor.

Esta es una de las cenas que más ganas teníamos de meternos cuando ya vimos que esto de ir de restaurantes nos molaba. Y a quién no? A quién no le entran los nervios y las ganas de estar ya sentado en la sala del considerado el mejor restaurante del mundo esperando a que lleguen los primeros snacks i aperitivos?

 
De la salida del curro nos teletransportamos a Girona, al Celler de Can Roca. Tres estrellas Michelin, y como ya hemos dicho, uno de los mejores, si no el mejor restaurante del mundo. Segundo mejor restaurante según el prestigioso ránking «The world’s 50 best restaurants» este año 2014, después de ser el primero de la lista en 2013.
No necesitan presentación, pero para quienes no los conozcan, Celler de Can Roca es cosa de tres hermanos: Joan, Josep y Jordi, artífices del éxito del Celler, son quienes están poniendo en mayúsculas la ciudad de Girona en los mapamundis gastronómicos y han heredado el relevo de Ferran Adrià como cara de la innovación y cocina contemporánea catalana y española. Joan es el académico, el estudioso de la gastronomía, la cabeza pensante de la cocina salada del Celler y quién lidera el equipo. Josep es el «sommelier», el experto enamorado de los vinos y el causante de que en la Bodega del Celler haya más de 50.000 botellas de alcohol de alrededor del Mundo. Y Jordi es quién idea los postres, el «iluminati» de los tres hermanos, y hoy por hoy, el mejor repostero del mundo según el ránking «The world’s 50 best de San Pellegrino». Sin mas dilación, y sin afán de presentar más a unos hermanos que ya conocemos suficiente, empezaremos el viaje gastronómico por el Celler de Can Roca.
Los aperitivos empezaron con una copita de cava y unas olivas garrapiñadas. Estas olivas que eran recolectadas directamente de su olivo, eran una especie de oliva frita en una cáscara dulce. Dulce pero salada, caliente y fría. Divertidíssimo. A continuación, también nos sirvieron unos crujientes de maíz con guacamole y lechón, y un cocktail en forma de bombón de «Carpano» con sésamo.
Al acabar con estos dos primeros snacks, siguieron con «El Món». Este aperitivo hace tiempo que se sirve en el Celler, y pronto pasará a la historia siendo substituido por el «Tornem a casa», en el que reinventarán los clásicos aperitivos de domingo que se servían en el bar de sus padres, Can Roca. El Món consiste en 5 bocados que lo que pretenden es transportarte a aquellos países que últimamente hayan visitado los hermanos Roca. Korea, Turquía, China, Méjico y Marruecos. Todos con su puntilla y detallito para dejarnos con la boca bien abierta y la mente en aquél país concreto.

 

Nos adentramos en los mariscos con dos aperitivos más. Crema de erizo a la brasa y percebe con espuma de albariño. Dos aperitivos de mucho nivel y glamour, que ya subían el tono de sabores de los aperitivos, dejándonos a entrever que pronto empezábamos con los platos principales del menú.

 

Solamente faltaba la guindilla a la escala ordenada de sabores y de calidad de la materia prima de los aperitivos, nos faltaba la trufa. Nos entregaron en mano un bocado de trufa natural que nos impregnó la boca de aquél sabor a monte y tierra de la trufa, y justo cuando degustábamos el pedacito de trufa nos sirvieron los brioches. Brioches rellenos de trufa, y de una cremosidad y delicadeza espectaculares. Muy muy muy top!

 

Y empezamos con los platos principales de la cena con un Consomé de Otoño. Sabor otoñal con aspecto veraniego. Colores muy vivos, para sabores que te trasladan al frío. Divertido contraste. Caldito incoloro con la intensidad de un típico «Brou» de Navidad. Emulsión de calabaza, crema de chirivía, avellanas, nabo, remolacha, boniato, productos totalmente de temporada.

 

El “Corte de Helado” del Celler es una reinvención del clásico helado de los 70, pero en formato salado con diferentes matices del Maíz. Tres colores y un denominador común, el sabor: helado de maíz fermentado sobre una arena de maíz tostado, Helado de “Guinlacoche” sobre la forma natural de este mismo producto (hongo procedente del maíz), y Helado de Vainilla sobre maíz liofilizado (deshidratación que mantiene el sabor en una textura mas “crunchy” que sin deshidratar). Nos lo sirvieron con la explicación de que es un plato que ha surgido de la gira que este verano han hecho todo el equipo del Celler a América reinterpretando su forma de cocinar con los productos locales. Muy original.

 

A continuación nos sirvieron un producto de temporada del que no somos muy fans, la castaña. El plato consistía en una base de anguila ahumada a la plancha que estaba coronada por una buena dosis de castaña que parecía estar marinada. El contraste terso, fibroso de la anguila ligaba muy bien con la cremosidad y densidad de la castaña. Tengo que decir a favor del plato que la textura de la castaña no era la habitual, la cual cosa favoreció mucho nuestra opinión al respecto. La castaña era mucho más dulce, más tierna y considerablemente menos empalagosa. Buen toque ácido de la naranja confitada. Superamos bien la primera prueba con un producto no muy de nuestro gusto.

 

La siguiente degustación no nos motivó especialmente. Caballa. Para quienes no lo conocen, la caballa es un pescado rico en sabor, de la familia de la anchoa y la sardina, y nos gustaba la idea que trabajaran un producto así en el menú. Liga bien con los encurtidos, con los avinagrados. Nos la sirvieron con un dibujo de la espina realizado con salsa de caballa y vino blanco, y aquí es donde nos decepcionó un poco el plato. Ligeramente agelatinada y de difícil detección de sabor. Por lo demás, otro plato muy bien armonizado con los encurtidos: alcaparras, guindilla, etc…

 

Gamba. Sólo con oír ese nombre ya tendríamos suficiente, o quizá acompañado de un “plancha” nos contentaríamos. Pero que cara creéis que se nos quedó cuando el servicio nos comentó que lo podíamos comer absolutamente todo? Todo? Cabeza y patitas incluídas?  Exquisitamente mágico! Como? Le preguntaríais el truco a un mago?

 

Seguíamos con ostra. Cocinada al vacío y con salsa de anémona (un tipo de alga marina) y plancton. El submarinismo está convirtiéndose en algo más que en un deporte. Fue magnifica la combinación marina de dichos elementos, la ostra nos dio los toques más ácidos que se compensaban con la anémona y el plancton. La verdad es que nos pareció además de curioso, una manera inmejorable de “cargarse” una buena ostra fresca.

 

Otra de pescado. Pero esta vez, queriendo darle importancia a la salsa que lo acompañaba. La Raya es un pescado graso, del que desconocíamos lo bien que le iba la mostaza, y nos lo descubrió el Celler con su juego de mostazas: de miel, de mango, de su semilla natural, de vinagre chardonnay ahumado y de avellana con distintas intensidades. Nos las sirvieron repartidas en forma de reloj, de menos a más intensas. Con cuál os quedaríais?

 

Nos quedaba el ultimo de los pescados antes de entrar en las carnes. Propiamente no era del todo un pescado, como ya nos titulaba el plato, “Mar i Muntanya”, nos faltaba la montaña. Nos sirvieron sardina con papada ibérica y salsa del mismo. Un plato que de entrada no suena nada bien, pero que en boca estaba exquisito. Fuerte de gusto, una buena patada en la boca para decirle “Hey, que ahora llegan las carnes!”. Curioso paso para seguir la armonía aplastante que estaba llevó todo el Menú degustación.

 

Como primera de las carnes nos sirvieron un lechón ibérico cocido a baja temperatura con higos y mole de algarrobas. Nos fascina como les gusta trabajar la temporada a este tipo de restaurantes, que pega la algarroba con el higo? Pues ni idea, pero tenia sentido. Primera cocción del lechón a baja temperatura y posteriormente, pase de la piel por plancha, convirtiéndola así en terriblemente irresistible. No pararías de comer trocitos de lechón.

 

A continuación, el plato que para nosotros, juntamente con el brioche de trufa, fue el “Highlight” de la cena. Jarret de vedella i moixernons (boletus). Carne fileteada encima de la una crema de jarret con moixernons. Toques de trufa blanca natural que le dieron ese sabor y aroma a tierra, a campestre. Me quedan pocas palabras para seguir elogiando este plato. Simplemente memorable. Carne supertierna, y un sabor memorable.

 

Por último de los salados, pichón. Somos muy poco fans de las aves, siempre lo comentamos. La realidad es que, quizá por prejuicios, fue un plato que no nos emocionó. Era una elaboración muy completa, en la que trabajaron el pichón en forma de butifarra, a la plancha y sirviéndonos su caldo y corazón. Estéticamente plato precioso, y técnicamente impecable.

 

Entrábamos al mundo de los postres, al mundo de Jordi, en las nubes. Y qué mejor manera de empezar los postres que con uno encima de una nube. Helado de lo que ellos llaman “Masa Mare” (sin querer frivolizar, una crema inglesa sin los aromas avainillados) con núcleo de cacao y litchis secos, envuelto de mini-merengues de Jerez. Como podéis ver en el link del video, flotaba como una nube.

 

Quedaban dos postres, uno frío y refrescante y el último intenso y denso. El cromatismo naranja era un mix brutal de sabores distintos, pero con el naranja como color. Sorbetes de mandarina y fruta de la pasión, zanahoria fresca, shots de color naranja. Postre ácido y dulce, muy refrescante, para entrar en ligero al último de los platos, la Anarquía de Chocolate. Este último, es una buen quebradero de cabeza. Ocho tipos de chocolate, expuesto en pequeñas manchas, con especies, unos picantes, otros dulces…y en diferentes texturas: en crema, helado, gelatina, en crunch, con peta-zetas… Chocolate en estado puro.
Analizando en frío la experiencia que vivimos en el celler de Can Roca, concluimos en que El menú era perfecto, armonioso, de menos a más, arriesgado y absolutamente perfecto.

La cena en el Celler fue brutal, hemos disfrutado de muchas cenas de éste nivel, y creo que las primeras frases que escribí del Celler de Can Roca la misma noche al llegar a casa pueden ser un buen resumen “comparativo” con los demás restaurantes estrellados: “Normalmente la excelencia en este tipo de restaurantes llega, o si no arriesgan demasiado, o si arriesgan con productos que conocen mucho, pero que a base de esfuerzo y trabajo sacan provecho. En el Celler se arriesga mucho y excelen sobradamente. Prácticamente no han fallado.”

21 de Octubre de 2014.
El Celler de Can Roca
Carrer Can Sunyer 48, 17007 Girona
Telf: 972 22 21 52
Precio: 195 euros Menú Desgustación, 90 euros Maridaje de Vinos.
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Restaurante Elkano (Getaria, Guipúzcoa): Pescado del que no rechazan ni los niños!

 
Ya nos habían calentado las orejas con que había un asador en Guetaria (cerca de Zarautz) que era fenomenal, pero toda buena crítica se queda corta después de probar el Restaurante Elkano. No es un restaurante sofisticado, ni glamouroso, ni pretende ser lo que no es. Es un asador en el que antes de entrar pasas por delante las brasas y el cocinero te saluda, todo naturalidad. Es un restaurante en el que el primer comentario que oyes proviene de un extranjero que le dice al “maitre” que ayer había estado en el restaurante Arzak y se preguntaba porqué éste tenía 3 estrellas Michelin y Elkano ninguna. Lo mejor, la respuesta del maitre: “Las estrellas están en el cielo, y nosotros cocinamos pescado en la tierra”. No es cocina innovación. Simplemente materia prima y sublime ejecución. Sin duda, el mejor rodaballo que hemos probado nunca. Ah, y no olvidéis los postres.
 
Nos lanzamos a picotear unas medias raciones y luego a tomar ese rodaballo del que tanto nos habían hablado. De entrantes tomamos el micuit de foie con mermelada de manzana, “cocotxas” en 3 texturas y txipirón encebollao. El micuit de foie nos pareció espectacular, ración consistente y buena calidad. No obstante, el txipirón y las “cocotxas” eran insuperables. Ambos con el aroma de brasa y un sabor brutal. Las “cocotxas” no las habíamos probado nunca y la verdad es que es un corte del pescado muy tierno. Nos las sirvieron en 3 texturas, una plancha, otra rebozada y la última en salsa verde. El txipirón encebollao se salió. Nunca habíamos tomado un chipirón cocido a leña, y le cambia incluso el color. La cebolla que lo acompañaba también era fuera de serie. Delicioso.
 
 
 
 
 
El tan esperado Rodaballo a la brasa. Nos habían dicho y habíamos leído que era el mejor rodaballo de España, pero no nos lo acabábamos de creer. La verdad es que el arte de cocinar pescado, o lo tienes o no lo tienes. Obviamente es infinitamente más difícil cocinar un pescado al horno con sus verduritas y demás, que frito o a la brasa. Pero el riesgo de que el pescado te quede soso e insaboro, o duro, es mucho mas elevado a la brasa que al horno con sus cositas. Sin engañar a nadie, el rodaballo de Elkano es el más delicioso que hemos tomado nunca. Tierno, con su propio juguito post cocción…en fin, una pasada.
 
 
 
 
De postres. Habíamos leído sobre el helado de queso, no nos lo podíamos dejar pasar. Por otro lado, nos llamó la atención el couland que se había pedido el vecino extranjero amigo de Arzak 20 minutos antes, y de carta también nos pareció interesante la torrija.
 
El helado de queso nos lo sirvieron a la temperatura perfecta. Aquél punto de helado en que no queda ni frío ni blando. Sabor increíble, como si estuvieras tomando la clásica tarda de queso de Guipúzcoa, y el puntazo final es que la ración es considerablemente grande.
 
 
 
El couland y la torrijano estaban a otra liga muy distinta al helado. Temperaturas y texturas excelentes. Quizá son postres más conservadores, pero creemos que a veces tiene más valor no arriesgar tanto en postres “locos” y asegurar el tiro haciendo a la perfección un couland, una tarta o cualquier otro postre más convencional.
 
 
 
Podríamos concluir la crítica al restaurante Elkano siguiendo el argumento expuesto en los postres. Muchas veces, para triunfar no hace falta ser un genio, ni un artista. Simplemente trabajar mucho y persistir en aquello que sabes hacer bien, día a día, año a año. Y creo que esta es la clave del éxito del bocaoreja del restaurante Elkano, un éxito en el que no le hacen falta estrellas Michelín para tener el restaurante lleno de extranjeros buscando los mejores restaurantes de Guipúzcoa. Muy recomendable! 
 
Restaurante Elkano
Herrerieta Kalea, 2, 20808, Getaria, Guipúzcoa
Telf: 943149924
 
Precio por persona: 80 euros (Vino incluído)




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Mugaritz: Jueguen a comer o coman jugando.

Que bien nos lo pasamos en Mugaritz. Fue toda una experiencia, mitad juego, mitad comida, un no parar de sensaciones distintas, algunas buenas y otras geniales, pero todas rozando la excelencia. Para quienes no conozcan el restaurante, muchos dicen que Mugaritz es la nueva meca de la cocina creativa desde el cierre del Bulli (salvando las distancias con DiverXO que aún no lo conocemos). A a parte de eso, Mugaritz se distingue por sus dos estrellas Michelín y su posición Top10 en la lista «The 50 Best Restaurants», una de las muchas perlas gastronómicas de Guipúzcoa.
 
Andoni Luis Aduriz ofrece a sus comensales un menú único, inimitable y personalizado, tratando de llegar a la persona y de crear esa sensación de exclusividad. Diariamente se elabora un menú distinto y el comensal no sabe lo que va a comer, por este motivo decimos que es único e inimitable. Nos encantó la idea, igual que todo el menú. 20 platos, en 4 horas de estancia en el precioso restaurante. El trato al cliente es impresionante, sabiéndose adaptar a todos, son capaces de echarse unas risas con una mesa con jóvenes y tratar como reyes a los más veteranos. Pero el detallazo es la entrada en la cocina donde nos recibió Vicenç Sagarra, ayudante de Aduriz y nos tuvo 10 minutitos contándonos la filosofía y misión del restaurante y contándonos como funcionaba el servicio. Solo podemos agradecerles el detalle, ya que no nos lo habían hecho nunca.   En definitiva, podemos afirmar que es uno de los restaurantes más especiales a los que hemos estado nunca y lo recomendamos intensamente.
 
En Mugaritz todo es un juego, a veces de sabores, a veces de experiencias y alguna vez de forma literal. ya de por sí, su nombre Mugaritz ya es un juego de palabras: “Muga” en Vasco significa “límite” “frontera”, en referencia a que el restaurante se encuentra entre las localidades de Errenteria y Astiagarraga; y “Aritz” que en Vasco significa “Roble”, y es que tienen uno enorme en medio de su jardín. Y con esto, vayamos al menú.
 
Empezamos con los primeros platos previo aviso de que comeríamos con las manos, como niños o animales. Rábanos embarrados con salsa de tomate de sabor muy fresco, láminas de trufa de verano con aliño de ajo y boletus, lámina de apionabo hervido con una crema de ave y una flor de cebollino en tempura.
 



 

 
Después de estos 4 entrantes, una tostada rústica con panceta que estaba espectacular y a la cual no encontrabas para nada la textura de la panceta, y un consomé de hoja santa(hierva procedente de Méjico) con helado de melón. Después de estos, turrón fermentado de avellanas: salado y con aroma a pimienta y a avellana, y el último de estos entrantes que se comía con las manos: crema de piñones y malta. Qué como comímos la crema si no teníamos cubiertos? Nos pidieron que cogiéramos esta especie de flor verde que había decorando la mesa y la untáramos. La flor verde era teff, un cereal procedente de Etiopía. Muy curiosos estos 8 primeros entrantes manuales.
 
 



 

 
A continuación nos sirvieron una espuma con sabor y trozos de anguila y flores. Las flores le daban un toque dulce que estaba potenciado por el el dulce del tenedor. Hecho de azúcar y comestible, el tenedor potenciaba aún más lo exótico y bizarro del plato.
 
 
 
Seguímos con otro plato especial. El servicio nos comentó que ibámos a jugarnos el siguiente plato a los chinos, y que el ganador tendría premio. Nos repartieron una bolsa con 3 huesitos dentro, uno para cada uno, y quién acertara el número de huesos que había en total encima de la mesa, pondría caviar encima del pan de vidrio con espuma láctea. Como observaréis, en este caso, nosotros no ganamos.
 
 
 
 
El txangurro no podía faltar. Praliné de cacahuete con txangurro y esencia de calabaza. Mezcla extraña, pero deliciosa. El txangurro, o buey de mar, es un fruto del mar delicioso; en sí es seco, por eso siempre es mejor mezclarlo con cremas o mayonesa. En este caso, con el praliné de cacahuetes y la calabaza estaba de muerte.
 
 
Nos tocaba currar, otro juego. Nos trajeron un mortero relleno de maíz, pimienta sin moler y un poco de panceta, y venga, a picar! Cuando ya teníamos aquello bien picadito nos trajeron unas gelatinas de flores, y a picar y dar vueltas un poquito más, hasta conseguir una pasta uniforme. A partir de allí, a mojar pan. Delicioso.
 



 
 
A continuación ya íbamos a por los pescados y carnes. Empezamos con un besugo con hierbas del litoral. Una crema al pilpil acompañaba el pescado junto con unos crujientes de cebolla y unos mini espárragos trigueros. Suave y fresco, no podía ser menos. Tocaba una carne, y os parecerá extraño, pero un tomate “cor de bou” con salsa de callos fue nuestra primera “carne” del menú. Intenso a la vez que ligero. Estábamos temblando del temor de encontrarnos el típico platazo de callos, pero con la sospecha de que volverían a sorprendernos.
 

 

 
Esto no se acababa nunca, nos quedaban aún 3 platos fuertes. Crema catalana de pollo y langosta. Una mezcla de pollo y langosta mezclados con una crema intensa de pollo con textura a crema catalana dentro de un vaso de cerámica. Pura reproducción de la crema catalana. Lo que mas nos impresionó fue el tostado que imitaba la parte de azúcar quemado de la crema catalana. Este consistía en una crosta de la piel de pollo. Estaba espectacular.
 
 
 
 
Quedaban dos, la tostada con crema con bacalao con aroma a café, que era muy ligera a diferencia de lo que de entrada podía parecer y la chuleta con queso azul. Pero donde estaba el queso azul? No estaba físicamente, pero sí estaba presente. El truco estaba en que la carne, previopaso a ser cocida, había estado curada en queso azul, dando un aroma a queso suave y delicioso.
 

 

 
 Nos quedaban los postres por delante, en general la comida nos había sorprendido mucho, muchísimo, y las expectativas para los postres eran considerables. Empezamos con la Stracciatella. Todos la conocemos en forma de helado, pero en este caso nos la tomamos en forma de bizcocho. Pesado y empalagoso, pero sorpendente. En el segundo postre jugaron con el nitrógeno, congelando un agua de hierba Luisa que contenia un buen pedazo de melocotón dentro. Muy buen sabor, pero difícil de comer.
 

 

 
Como se puede observar, ya hemos puesto un par de pegas a los postres. Y ahora va la más grande. Algo que consideramos un error. El tercer postre fueron higos asados con una conserva marina. Conserva marina, sí, erizo. En el interior del higo cocido, que estaba muy bueno porque conservaba la dulzura, nos encontramos erizo de mar. Desde nuestro punto de vista, difícil combinación, y consideramos que era más un aperitivo que un postre.
 

 

 
Faltaban, dos buenos dulces. Tartaleta de fresas con nata en la que la fresa era en forma de sirope y la nada de espuma. Buenísima. Nos hubieramos comido 20 de esas. Y por ultimo, titulado “rayando lo imposible”, un canutillo de crema delicioso al cual le tienes que rayar de una piedra (de azucar solidificado) su propio azucar glasé. Otra sorpresa graciosa, y ambos dulces estaban deliciosos!
 
 

 

 
Los petit fours con los cafés vinieron en una presentación majestuosa, en forma de 7 pecados capitales, y teníamos que ir adivinando que pecado se correspondía a cada bombón. Adivináis cual nos gustó más?
Para concluir, y no obstante la objeción mostrada en los postres, Mugaritz fue una de las experiencias más increíbles que hemos vivido, dentro y fuera de un restaurante. Fue un juego comer su menú, por este motivo nos gustaría concluir afirmando que nos lo pasamos como niños. Animamos a todo amante de la cocina contemporánea que planee una visita allí, vale mucho la pena.
 
 
Restaurante Mugaritz
Aldura Aldea 20
20100 Errenteria (Guipúzcoa)
Telf: 943 52 24 55
 
Precio: 220 euros por persona (vino incluido)
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Oliver Glowig: Estrellas Michelin de Roma elaboradas con algo más que Pasta.

Hemos aprovechado nuestro viaje vacacional para visitar una de las joyas gastronómicas de Roma: Oliver Glowig. Este es un restaurante que para muchos de vosotros será completamente desconocido, la cual cosa no es habitual entre nuestros lectores. Esta vez os invitamos a conocer un restaurante situado en el jardín del Aldrovandi Hotel, en la prestigiosa Villa Borghese de Roma. Oliver Glowig, a la vez que es el nombre del restaurante es también el nombre de su chef. Éste, de origen alemán brilla por la precisión y la eficacia con la que trabaja el producto. Su cocina es principalmentemediterránea, pero como no, no se olvida del producto nacional del país, la pasta. Su servicio es excelente, y la elegancia del restaurante roza la perfección. Por todos estos motivos esta galardonado con dos estrellas Michelin.
El menú es sencillo, aparentemente más breve y sencillo que el habitual en los restaurantes estrellados españoles en los que se tiende a encontrar unos aproximadamente 10 platos, salvando las excepciones. En Oliver Glowig nos sirvieron 5 platos, con entrantes y postre. La clave del asunto es que los platos son más “consistentes” con más de 3 cucharadas, aspecto difícilmente apreciable en los restaurantes morro exquisito de España.
 
Empezamos la noche con unos entrantes que consistían en una mini hamburguesa de carne de waygu, una bruschetta de jamón y una “croqueta” de erizo de mar. A continuación y también como entrante nos sirvieron una ensalada de origen Siciliano que consistía en una mezcla de anchoa, aguacate, y manzana. Fresca y apetitosa para ir haciendo boca para la cena.
El primer plato fue una ensalada fría de fruta y verduras con base de tomate asado. Primera lanza a favor de la cocina mediterránea por parte del chef alemán. Producto crudo o semi-crudo, con un chorrito de aceite. Viva la sencillez.
 
A continuación nos sirvieron el plato glamuroso de la velada. Base de crema fría de lechuga romana, con ostra, pasta fresca y caviar. También sencillo, pero con mucho componente. Sabroso, arriesgado pero con resultado excelente. Os sorprenderá lo que ahora os diremos, pero nos alucinó la crema fría de lechuga fresca, tenía una textura muy cremosa, a pesar de que de primeras pensamos que sería mucho más líquida y menos sabrosa. Brutal.
Era hora de platos más consistentes. Tortellini de bacalao con espuma de tomate, aceite y oliva deshidratada. Quizá este fue el plato que nos pareció más flojo. No por la intención, sino por la ejecución. La pasta con el bacalao era buena idea, pero el bacalao estaba seco y un punto salado, quizá hubiera sido mejor idea cocer el bacalao para hacer el relleno. La espuma y la aceituna a la altura de nuestras expectativas.
Quedaban los dos principales, pescado y carne. Rodaballo y pichón. El pescado perfecto, al horno, con una base de crema de apio, guisantes y trufa. Y por otro lado, el pichón estaba espectacular. No somos muy fans de las aves, pero esta vez nos encantó. Con foie y acompañado de una crema de cebolla. Genial.
 
De postres, un mundo. Nos trajeron de todo. Empezaron con un sorbete de tomate con aceite y gelatina de estrágalo. Fresco y digestivo. A continuación, una tarta de chocolate que combinaba distintas texturas y temperaturas. Y a continuación los mil y un petit fours. Acompañamos foto porque en caso contrario no acabaríamos de explicarlos.
Para nosotros era la primera experiencia en un restaurante con estrellas Michelin internacional, y de lo que salimos realmente sorprendidos fue de la diferencia en el estilo. Si es verdad que se sigue un mismo patrón de calidad, de cuidado y mimo del producto, pero el estilo fue completamente distinto. La verdad es que fue una gran experiencia.
 
Oliver Glowig
Via Ulisse Aldrovandi, 15
Roma
info@oliverglowig.com
 
Precio: 200 euros por persona (vino incluido)
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Dos Cielos: Un cielo al que fácilmente le cabría otra estrella.

Ayer tocamos el cielo. Casi de manera literal. Situado en el piso 24 del Hotel Me by Meliá de Barcelona se encuentra situado el restaurante de los Hermanos Torres, el Dos Cielos. Sergi y Javier Torres ya hace años que trabajan juntos en Dos Cielos, pero su currículo anterior ya brillaba por separado. Uno, jefe de cocina de Can Fabes (Sant Celoni), el otro, brillando en los mejores restaurantes de París. La joint venture familiar que estos dos hermanos han creado en Barcelona tenía que salir bien por narices. Y como era de esperar, con trabajo y esfuerzo hasta salen por televisión ahora…dos fenómenos.
 
La velada empieza siempre por la cocina en Dos Cielos. Era la segunda vez que visitábamos el restaurante, y en ambas ocasiones hemos entrado por la cocina. Detalle muy auténtico y que todo comensal siempre agradece. Todo impecable, equipo de trabajo a toque de corneta y los Hermanos Torres que liderando el equipo, se permiten el lujo de parar un momento para estrecharte la mano y desearte que disfrutes de la experiencia. El servicio, nos mostró el comedor y nos ubicó en nuestra mesa situada en la terraza. Unas vistas y una atmósfera espectacular nos acompañaron durante toda la cena.
La cena fue propia y a la altura de la estrella Michelin que poseen. De hecho, uno de los temas que comentamos durante la cena es que, en lo que a comida se refiere, quizás merecen más que una sola estrella. Nos recordó bastante a ABaC, y recordemos que en nuestro última visita allí (link ABaC) discutíamos si las dos estrellas que tienen podrían ser tres. Existe una diferencia importante entre ambos, y creemos que los señores de Michelin le dan mucha importancia: la ubicación y las instalaciones. ABaC en sí es un hotel, de superlujo, y situado en Sant Gervasi. Por lo contrario, Dos Cielos está dentro de un hotel ubicado casi tocando al Forum. No tenemos dudas de que aquella zona acabará explotando y este restaurante liderará dicha explosión, pero hasta el momento están limitados a una estrella Michelin.
 
Entremos a lo importante, no dudamos ni un segundo en qué teníamos que tomar. En este tipo de restaurantes te tienes que meter de lleno al menú degustación. Previo a elegir eso, para acabarnos de convencer, nos sacaron dos aperitivos. Primer aperitivo, símil de tomate de la huerta, pero confitado y rellendo de un pescado macerado similar a una sardina, la arena del tiesto también comestible era maíz tostado con malta. El segundo aperitivo eran unos snacks de un símil de batata brasileña con un cremoso interior de gusto parecido al wasabi pero sin la vuelta picante de éste.
El menú consistió en 7 platos y 2 postres. Para empezar, consomé de ave, almendras de leche y cecina y a continuación granizado de tomate, olivas y ahumados de río. Ambos platos muy contemporáneos. Clara muestra de cocina moderna. El consomé en forma de gelatina, y en segundo lugar la sopa de tomate y aceite de oliva granizada. En paralelo a esto, un mundo de pequeños detalles. Las almendras de leche eran espectaculares, una fina capa de leche recubriendo una almendra fresca, los ahumados de río del granizado tenían mil sabores…en fin, empezábamos con fuerza la cena.
 
A continuación nos sirvieron una ensalada fría de garbanzos verdes con humus. Los garbanzos verdes son totalmente atípicos, no los dejan madurar por eso ese color, y el humus tenía un sabor cítrico, a lima. Combinación perfecta. Después de este nos sacaron una crema de ajonegro de las pedroñeras. El ajonegro es el resultado de tener el ajo durante 40 días a 40 grados, éste fermenta y pierde todos los componentes picantes y duros de este producto. El resultado, una crema con unas especies y aromas florales deliciosa.
Ya habíamos acabado con los “starters”, íbamos camino a lo bueno. Carabinero a la plancha, en su jugo y con cilantro. Este plato tiene un ritual para comérselo. Al venir de comer el ajonegro, había un suave regusto que se mantenía en nuestras bocas, por este motivo (y como está todo pensado) nos indicaron que antes de empezar con el carabinero, debíamos comernos una bolita verde que acompañaba el plato. Esta composición verde tenia un efecto limpieza de sabores en boca que permitía poder volver a empezar. Nos comimos el carabinero como si fuera el primer plato del menú. Excelente.
 
Y ya solamente nos quedaban dos platos. Pescado y carne. El pescado fue un Santpere meunière con unas perlas de almendra. El Santpere es un pescado blanco suave, similar de gusto al lenguado que estaba perfectamente elaborado. Por último tomamos una espaldita de cabrito que como no podía ser menos, estaba súper tierna y jugosa. No podía haber mejor manera de acabar con la cena.
Los postres: pre-postre salvaje y postre principal con inspiración a copazo. El pre-postre era un postre basado en los frutos rojos silvestres. Bizcocho de frutos rojos desmenuzado que hacía de base terránea para acompañar un sorbete delicioso de frambuesa y los frutos silvestres. Muy original. Por último, el postre por excelencia Gin-Tonic. Mezcla elaborada de mil maneras de los componentes que lleva el copazo. Gelatina de tónica, sorbete de lima, bizcocho de ginebra con azúcar, acompañado de un baso de tónica con cardamomo y pepino. Curioso modo de tomarse el digestivo. La verdad es que nos pareció súper original. Un 10!


En definitiva, la experiencia es más que recomendable. No hace falta ponerles más méritos de los que ya les hemos echado. Nuestra opinión es que como sigan trabajando así Dos Cielos pronto tendrá la segunda estrella Michelin.
 
Dos Cielos
Carrer Pere IV, 272-286 
08005 Barcelona
www.doscielos.com
 
Precio por persona 130 euros (vino incluído)

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Tickets: La vida tapa i la tapa atípica por los hermanos Adrià e Iglesias

El pasado jueves fuimos a cenar al Tickets Bar, de los hermanos Adrià e Iglesisas. La dificultad para conseguir mesa lo hace un restaurante atractivo e inaccesible, y una vez te encuentras delante, en la esquina de Paral·lel con la calle Tamarit de Barcelona lo observas de reojo con mucho respeto. Mesas llenas, turistas, y mucho, mucho servicio. Llega la hora de entrar a cenar, te acercas a la puerta, y antes de entrar dos recepcionistas te preguntan si tienes reserva, si no es así, hoy no podrás disfrutar del espectáculo. El restaurante es vivo, iluminado, raro y divertido. Esquinas decoradas a todo lujo, tomates colgados del techo, gatos dorados chinos de brazo móvil, gente de gala, otros de chándal y camareros vestidos de domadores de leones. Y por allí paseándose Albert Adrià, quién controla todo el espectáculo y ejerce de león protagonista del circo. Es entrar allí y no sabes cómo, pero el respeto y la sensación de inaccesibilidad se han quedado en la puerta, ahora dentro, solo hay jaleo, servicio alborotado y música de fondo a ritmo de Estopa o Antonio Flores.
 
Es en aquél momento en el cual me dí cuenta del porqué del «boom» tickets. Por su diferencia con todos los demás restaurantes estrella. Sabes que cenarás como nunca, en un entorno informal, no clasista y apto para todo el mundo. Esta es la clave de su éxito, que Tickets es para todo el mundo. Aún así, creo que este hecho, sera el que limíte a sus estrellas Michelín. Motivos? por lo que más de una vez hemos comentado en este «Blog»: los repartidores de estrellas quieren ambiente selecto y un local agradable y tranquilo y, aparte, una comida excelente. Y Ticket tiene una comida exquisita, pero para todo lo demás, es lo contrario. Hasta el absurdo de que medio comedor se puso a cantar el cumpleaños feliz a una chica, todos animados y organizados por el servicio del propio restaurante. Increíble. Estamos convencidos de que su voluntad es ser así, saben que todo el mundo quiere ir al menos una vez a cenar al Tickets, porque son así, un restaurante distinto.
 
Es por esto que voy a dedicarles mi post del mismo modo en que me pareció su cena. Tratando de sorprender y de ser atípico, de ser comentado y criticado. Empezando a contar nuestra cena por el final. Con un matiz del inicio de la velada, y es que como siempre que vamos a estos sitios nos dejamos sorprender a la hora de que nos sirvan la comida. Casi ni abrimos la carta.
 
Acabamos la noche en el 41º, en el que ya habíamos estado, pero siempre que estés cerca de Tickets es una buena ocasión para ir a tomarte un cocktail y unos snacks. 41º también es poseedor de una estrella Michelín y mucho más accesible que Tickets. Para quién no lo sepa, 41º y Tickets comparten local y propietarios, es por eso que es un muy buen sitio para conocer un poco lo que hacen estos artistas contemporáneos, ya que comparten algunos de sus snacks entre ellos. El local es muy íntimo y moderno, todo lo contrario que Tickets. Sus cocktails son todos especiales y distintos a lo habitual. No hagáis la mítica de «un gin tonic con fever tree»…vais a conseguir que os odien. Dejaros recomendar y no tengáis miedo. Nosotros tomamos cocktails basados en: gin con agua de manzana, otro de ron con cerveza de jengibre, un bourbon con cafe y un gin con aspecto a pisco sour. Una pasada!
 
Los postres fueron lo que menos nos sorprendió, aunque estaban deliciosos. Creemos que tienen mucho rango de mejora en este aspecto, tienen el listón muy alto en la calidad de las tapas y para nuestro morro, los postres, aunque exquisitos, no son tan modernos como las tapas. El primero: cupcake de tiramisú, un show. Todo comestible, envoltorio del cupcake incluido. Después de este, un pastel tibio de turrón de jijona con helado de frambuesa. Una especie de couland tremendo, pero de turrón. Genial. Ya por ultimo el Kinder del Tickets, una especie de Kinder Bueno con base de neula, toffee saldo, y múltiples chocolates. Empalagoso si, pero sorprendente también.
Empezamos ahora con las tapas, una a una, bienvenidos al circo de la vida tapa. Primero nos llenaron la mesa con aperitivos. Tempura de cacauetes (by Bulli), mimético de calamar frito, mimético de cacahuetes y la pizza del Tickets. El concepto mimético significa «copia», «simil», «mimo». Este concepto que a nosotros nos gusta tanto: comida que son una cosa, pero que parecen otra. El mimético de cacahuete en realidad eran galletas de miel y cacahuete en forma de cacahuete, aspecto 100% a cacahuete, sabor 100% galleta. La pizza era una base de hojaldre con sabor a albahaca y tomate, y dos toques de queso y crema de albahaca, y por ultimo, y el que más nos sorprendió, el mimético de calamar frito. Aspecto a calamar frito, pero sabor a galleta de arroz con sabor a azafrán y aroma a calamar. Volaron rápido de la caja.
Seguimos con las Oliva-S del Tickets y el Viaje Nórdico. Para nuestro gusto, las dos «mariconadas» más creativas y que más nos gustaron de toda la cena. Las Oliva-S eran de dos tipos distintos, gordal y verdial, para quién no es experto en olivas, una era la típica sevillana de sabor suave, y la otra, la típica oliva rota chafada que generalmente se mezcla con ajitos y pimientos, mucho más fuerte de gusto. Las Oliva-S Tickets existen desde la época en Bulli, y son muy muy especiales. Consisten en una membrana rellena de extracto de oliva. De 6 olivas convencionales nace una oliva Tickets. Cuidado con el hueso! El viaje nórdico consistía en una tostada montada de ternera ahumada con eneldo, especies y polvo de vinagre. Tele-transportación automática a Olso. Genial.
Tomamos seguidamente un par de «ensaladas». La primera, ensalada de naranja «Lola». Gajos especiados de naranja con jugo de aceituna gordal. Mucho sabor a especie, a nuestro parecer, plato con claro acento marroquí. La segunda, ensalada de tartar de cereza y atún. Fresca, suave, genial.
A continuación, a por los mariscos. Ostra bloody, navajas con escabeche de pollo, almejas al estilo chino, buey de mar en canelón de aguacate y una de chanquete. Los 5 productos del mar que nos sirvieron eran de una calidad tremenda. Tapas clasicas con toques contemporáneos. ¿O acaso es habitual mezclar una ostra con bloody mary? ¿Y una navaja con pollo? La ostra genial, enórme y súperfresca. De éstas que una vez tomas la primera, te tomarías media docena. Con las almejas al estilo chino, con algas y agridulce, también nos gustaron mucho por su calidad. Tubimos la misma sensación que con la ostra: We want more! La navaja con escabeche y el buey de mar fueron tapas mas atípicas por la mezcla de sabores, y el chanquete con huevo un clásico de la tapa del sur.
Y ya por último una ternera gallega a la brasa que habla por si sola. Os dejamos foto, para que juzguéis vosotros mismos. Carne excelente. Sinceramente, no me imaginaba que allí (no olvidemos que Tickets es un bar de tapas) tuvieran una carne de tanta calidad y tan bien cocinada.
En general y a modo de conclusión, es un «must» para todo el mundo. Sabemos que es difícil encontrar mesa, reservaros una ocasion especial para el próximo año, acceder a su web y cruzad los dedos que tengan mesa libre. Vale mucho mucho la pena, por la comida, por el ambiente, por todo. Es uno de éstos sitios que, al igual que pasó con el Bulli, el día que deje de existir podremos decir: «Yo estuve cenando en Tickets».


Tickets Bar
Avinguda Paral·lel 164, Barcelona
reservas@ticketsbar.es
www.ticketsbar.es

Precio: 80 euros por persona
Copa en 41º: 15 euros de media

Vino: Venta las Vacas (DO Ribera del Duero) & Cervesa Inèdit

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Angle: Hemos descubierto otro grande de Jordi Cruz en Barcelona

El pasado martes fuimos a visitar el Restaurante Angle. Fue tan brillante la experiencia vivida en ABAC, que no pudimos rechazar la oportunidad/excusa de acompañar a unos amigos que tenían reserva para cenar en el otro restaurante que el chef Jordi Cruz tiene en Barcelona, concretamente en el Hotel Cram, en Aribau-Aragó. El restaurante, que fue trasladado hace relativamente poco desde Sant Fruitós del Bages – Mont Sant Benet, sigue manteniendo la estrella Michelín que le otorgaron en 2008, merecidamente a nuestra opinión. La nueva ubicación en el centro de Barcelona les hará estar luchando por la segunda durante un tiempo, pero estoy seguro de que lo terminarán consiguiendo. De hecho, si ahora tuviera que apostar, apostaría antes por la segunda estrella Michelín para Angle que la tercera estrella para ABaC. Y eso que no desmerezca ABaC, pero es que Angle, nos gustó mucho mucho. Local inmejorable, servicio profesional y carta y menú degustación excelentes. Que era un gran restaurante lo sospechábamos, pero llevándolo a Barcelona nos han abierto las puertas a descubrirlo de primera mano. Os invito a que valoréis vosotros mismos.
La cena constaba de 2 entrantes, 6 platos y 2 postres. Los entrantes; una focaccia de setas  y un salmón ahumado muy especial. La focaccia de setas consistía de una base crujiente de pan con setas crudas cortadas como si fuera carpaccio. Tan simple como eso, acompañada de un poco de aceite y sal, y un caldo de ceps que hacía de sujeción, como si fuera un plato. Ese caldo daba aroma a la foccacia y a la vez la calentaba. Genial. Pero los entrantes no habían terminado, el salmón ahumado, realmente era un gnocci de salmón con hueva y crujiente de pan. Ya empezábamos con el juego de cosas que parecen otras. El gnocci, estaba aromatizado con un caldo humeante de wisky, que no daba sabor porque no se bebía, pero dinamizaba el plato dándole una percepción de humo continuo y desprendiendo un olor casi adictivo.
Continuamos con el carpaccio de gambas. Quizá el plato más contemporáneo de la cena. Fileteada de gamba con varias texturas de tomate, miga de pan de tomate, tomate natural y helado de tomate. Bien aliñado con aceite de oliva. Extraño a primera vista, pero exquisito en boca.
Continuamos con la Royale de guisantes y bacalao. La verdad es que cuando te tomas unos guisantes buenos se nota, si los acompañas con bacalao fresco mejor y si lo concluyes con trufa negra, matricula de honor. Este plato fue el primero en el que se nos iluminó la cara y pensamos, «ojo, que esto solamente ha hecho que empezar».
Los huevos con jamón eran muy particulares. A todo el mundo le gustan unos huevos con jamón, aunque sean contemporáneos, y estos nos encantaron. De primeras, mucho miedo a la «pesadez» del plato, huevo poché, con virutas de jamón y gelatina de ibéricos. Con adorno de pan frito, por si nos parecía ligero el platito. La recomendación del servicio fue que rompiéramos el huevo y mezcláramos todo. Excelente consejo. Como si nada, el aparente plato pesado y calórico, desapareció de la mesa. Brutales!
Simple y exquisito, alcachofa y foie gras. Muy poco más a describir. Cocido al «papillotte» y acompañado de caldo de seta y fruta japonesa.
Faltaba el pescado. Turbot. Normalmente el plato de pescado no tiende a ser de nuestos favoritos, pero esta vez «chapeau». También muy simple de cocinar, pero ejecución celestial. Turbot plancha con tomates cherry confitados y allioli de citronela. Quizá fue el allioli, que nos pierde un poco a todos y a veces algún finolis no se atreven a probarlo por miedo a lo que le viene después, pero Angle ha conseguido un allioli de citronela especial, suave, delicioso, y que liga a la perfección con el pescado y el sabor intenso del cherry. Un 10 de plato!!
Para los que hayáis leído nuestra crítica del ABaC, os sonará el bombón thai. No nos gustó mucho allí. En esta ocasión, iba rellena de liebre, y no picaba tanto como la del ABaC, por eso creo que nos gustó mas esta segunda vez. La carne tierna y sabrosa como era de esperar. Quizá nos hubiese gustado otro tipo de carne para acabar en lugar de la liebre, pero ninguna queja al respecto.
Los postres. En el primero de los dos que nos sirvieron, nos ocurrió algo parecido que con el primero que tomamos en ABaC. En Angle, esponjas de chocolate blanco, con yogur, mandarina y aceite de oliva. Muy parecido al primer postre de ABaC. Al igual que allí, este postre fue especial: suave, ligero, sabroso, en definitiva, delicioso. Como adoramos los postres!
El segundo, y último, espuma de queso de cabra con helado de miel, acompañado por piñones y frambuesas. Es un postre arriesgado, el queso de cabra especialmente. Junto con helado de miel. Parecía coña, pero no lo era. Individualmente eran excelentes, pero juntar en una cucharita un poquito de espuma con el helado, fue de lo mas exquisito que hemos probado nunca. Otro 10!
 
Vamos a ser muy claros en nuestra crítica de Angle. Es un restaurante que, dentro del rango de restaurantes de esta categoría se encuentra muy «on the top», y a un precio de los más asequibles de entre los restaurantes estrellados. Nivel, calidad y trabajo. Un gran descubrimiento. Y por seguro que repetiremos.
 
Para ver todas las fotos de la cena: Clickar este el link de Facebook – Angle  y haceros seguidores de nuestra página de facebook. 


Restaurant Angle
Aragó, 214
08011 Barcelona
Tel. 932.167.777
info@anglebarcelona.com


Precio por persona: 115 euros  (vino incluído)

Vinos:
Amic 2011 (Bodega Pingus)
Santbru 2009 (DO Montsant)

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