Les Cols 4 años después: todo sigue en su sitio.

Teníamos muchas ganas de volver a la Garrotxa y a Olot, y concretamente a pegarnos el homenaje de Les Cols. Esta vez el escenario era distinto. La primera vez que fuimos era Diciembre, ese frío húmedo de la Garrotxa era la excusa de Fina Puigdevall y Pere Planagumà para tan cálida y apetitosa cena. Os dejo el link de la cena de finales de 2014.

Esta segunda vez, el caluroso mes de Julio nos acompañaba y esperábamos un menú completamente distinto al qué hicimos en invierno. De hecho, la primera sorpresa fue que nos esperaban 2 menús: «hort i galliner» (huerta y gallinero) y «estiu i natura» (verano y naturaleza).

La esencia de Les Cols sigue siendo el arraigo a su territorio y a la naturaleza del mismo, un homenaje al entorno volcánico de La Garrotxa y a los productos que crecen allí.

Aperitivo en el jardín.

Decidimos tomar cada uno un menú distinto, para poder comparar y disfrutar de la creatividad que Fina desarrolla en sus platos y que, tengo que confesar, ha seguido creciendo. Veréis a continuación platos que son dignas obras de arte.

Menú Estiu i Natura:

Canapé de zanahoria

Bombón de semilla de tomate

Lechuga a la brasa con mostaza silvestre

Cogollo fresco en sorbete

Flor de calabacín en tempura

Caldo volcánico

Hojas, hiervas y flores

El caviar de la Garrotxa, fesols de Santa Pau

Ensalada de vaquitas

Tomate de la huerta

Huevo fresco del día de distintos colores

Arroz de «fajol»

Costilla de cerdo Duroc

Bacalao (yo lo apodé los 4 bailes del bacalao). A continuación veréis la foto.

Espaldita de cordero

Surtido de quesos

Sandia con vodka

albaricoque

Almendra

Menú Hort i Galliner (veggie):

Canapé de zanahoria

Bombón de semilla de tomate

Lechuga a la brasa con mostaza silvestre

Cogollo fresco en sorbete

Flor de calabacín en tempura

Caldo volcanico

Hojas, hiervas y flores

El caviar de la Garrotxa, fesols de Santa Pau

Crema de zanahoria

«Mató» helado

Huevo fresco del día

Verduras de la huerta

Calabacín

Lechuga a la brasa

Berenjena blanca

Surtido de quesos

Melon con cava

Melocotón

Cerezas

Fotos:

Lechuga a la brasa
Bacalao (donostiarra, brandada, pilpil, cocotxa)
Verduras de la huerta
«Mató» helado
Tomate
Amanida de vaquetes
Crema de pastanaga

Contacto:

Les Cols
Carretera de la Canya s/n, Olot
Telf. 972269209

Precio: 115 euros por persona (sin vino) / 155 euros con maridaje


Les Cols: Esencia de la tierra volcánica de la Garrotxa.

Les Cols es el restaurante por excelencia de Olot (Girona). Dos estrellas Michelín de sabores de «la terra», de producto de calidad, de respeto por el producto criado de forma sostenible y muy fans de huerta. Elaboraciones sencillas de la de toda la vida, cuidando y mimando aquellos productos que crecen en La Garrotxa, que llegan o se elaboran allí. Cocciones lentas y sabores intensos y precisos, en los que encuentras los toques y puntos que Fina Puigdevall y Pere Planagumà, los chefs, quieren que encuentres en cada bocado. 
No es cocina minimalista, ni contemporánea pues el menú no consiste de muchísimos platos, y las raciones dan para más de una sola cucharada. Somos muy fans de este tipo de servicios, la segunda y tercera cucharadas siempre son las buenas, en las que se encuentran los matices; y Les Cols es así, una cocina de toda la vida, adaptada a los nuevos tiempos. 
Parece curioso, pero la arquitectura de su restaurante es un símil a esta cocina de la que os estamos hablando. La Masía en la que se encuentra el Restaurante, en activo desde 1990, fue la misma en la que nació Fina Puigdevall y que, tras aparentar en su exterior la sencillez de la arquitectura catalana de las masías de la época, se esconde la más exquisita arquitectura y modernidad en su interior. Sólo por el recinto ya merece la pena la visita, y aún no habíamos empezado a comer. Aprovechad para hacer noche en “Els Pavellons Les Cols”, otro concepto de alojamiento.
Habitación Pavelló

 

De la mano de una copa de cava natura “Les cols Mont-Ferran”, los entrantesquisieron convertir el «fajol» en su rey. Otramente llamado «grà negre», el “fajol” es un derivado del maíz, muy común en la zona, de aspecto negro-oscuro, y que históricamente ha sido más utilizado para elaborar pienso animal que para ser servido en un restaurante dos estrellas Michelín. Aún así, la creatividad en los snacks del entrante nos levantó esa curiosidad por un producto nuevo en nuestros paladares.
“Crosta de fajol” para comer con los dedos juntamente con llonganissa artesanal de Olot, Bacadillo caliente de papada de cerdo en la que el pan estaba elaborado con este “maíz”, Blini de “fajol” i botifarra del “perol” y espagueti de “fajol” con caldo ahumado. Un mismo denominador común y cuatro entrantes de resultados diversos.

Blini de «fajol» y sandwich de panceta
Caldo con espagueti de «fajol»

 

Nos quedaban 8 platillos por delante. Empezamos comiendo con las manos con un “trampantojo” en forma de mini-calçot con romesco, pero realmente realizado con un nabo rebozado en tempura de carbón. Quizá a nivel de sabrosura el plato más flojito puesto que el sabor de la salsa romesco se comía el “mini-calçot”. Sin duda creatividad 100%.

Trampantojo de calçot.
Con el plato anterior se acababa la broma y empezábamos con lo serio. Royale de trufa negra. La royale no tenía esa textura gelatinosa de alguna que otra que hemos probado, pero brillaba por la abundante cantidad de trufa negra fileteada que incorporaba el plato.

Royale de trufa negra

 

El huevo fresco escaldado con “rovellons” estaba espectacular. Ligero sabor a brasa y leña procedente de la elaboración del rovelló y que ligaba a la perfección con el huevo escaldado y la base de crema de setas que acompañaba el plato. Uno de los mejores de la noche.

Huevo escaldado con rovellons

 

Como habréis visto, en Les Cols cuidan mucho los elementos de conexión entre los elementos presentes en los platos, las cremas y caldos están milimétricamente pensados y perfectamente elaborados. El siguiente de los platos titulado “patates amb suc”, debería ser bautizado “tremendo suc amb patata”. Un juguito de mil matices, fuerte de sabor y de textura exquisita, acompañado de dos daditos de patata que se deshacían en la boca; seguramente realizados con un puré horneado para que cogiera forma a patatita cortada.

«Patates amb suc»

 

Quedaban 4 platillos “principales”: verdura, hidrato, pescado y carne. Unos guisantes a la brasa con pancetita y botifarra negra. Creo que jamás habíamos probado los guisantes a la brasa, la textura en boca es más cercana al garbanzo, terso, pero conserva el sabor del guisante y la brasa también le da ese aroma a leña ahumada de la brasa. Otro de los grandes platos del menú.

Guisantes a la brasa

 

Aquí vino la muestra de la gran “cocina de montaña” que se realiza en Les Cols. Con “cocina de montaña” nos referimos a la intención del restaurante de trabajar productos tal y como llegaban antaño a la Garrotxa. En Les Cols se trabaja muy poco el pescado fresco, prácticamente nada, y juegan más con la materia prima en conserva o en lata a la hora de incorporar pescado en sus menús. De éste modo, el arroz de payés con calamares en lata consistía en un arroz de gusto fuerte con puntas de calamares en conserva, corte de calamar en tempura. Acompañado por un alioli muy suave de gusto, de alta intensidad en aceite, pero de textura cremosa.

Arroz de payés
Siguiendo la tradición de la “Cocina de montaña”, en la que nunca puede faltar un pescado (en conserva, lata o que no requiera de la inmediatez del pescado fresco), nos sirvieron una “Brandada de Bacalao” con pilpil, uva, aceite de cereza y espinaca fresco. Plato denso por la espumosidad de la brandada, pero aligerado por el pilpil y los toques frutales de la uva y el aceite de cereza. Un plato muy redondo y contundente.

Brandada de bacalao
Quedaba el último, la carne. El “platillo”, como Les Cols lo tiene bautizado, consistió en 4 mordiscos. Un dado de carne de pato acompañado por una pera en almibar, una pelotilla de ternera acompañado por una cebolla chalota y un corte de costilla y panceta de cerdo. Todo regado bajo un mismo jugo y un punto de cocción excelente en los 4 bocados.

«Platillo»

 

Era hora del carrito de los quesos. A discreción. La variedad de quesos es brutal, y merece la pena probarlos juntamente a las mermeladas caseras que elaboran en Les Cols. También recordar que si hacéis noche en “Els Pavellons Les Cols” también os traerán un surtidito de mermeladas exquisitas.
Primer postre, castañas, coca de llardons y manzana. Cómo? Helado de castaña confitada sobre una confitura de manzana y acompañado por un brioche de coca de llardons.

Castañas, coca de llardons y manzana

 

El segundo de los postres nos fascinó. Helado cremoso de “mató” con mermelada de albahaca que le daba ese toque dulce que siempre requiere el “mató”. Textura genial, sabor exquisito y para nosotros, el mejor de la noche.

Helado de «mató» con albahaca

 

Quedaba un postre, un clásico en Les Cols, el “paisaje volcánico» consistió en un mix de chocolates con distintas texturas, sabores y matices a algarroba, ratafía y “fajol”, redondo para acabar el menú de otoño.

Paisaje volcánico
Los petit fours, que ya casi no nos podíamos ni comer consistieron en una coca azucarada tostada y una tableta de chocolate. Buenísimos!

Coca y chocolate
Bajo nuestro parecer el fin de semana en Les Cols valió mucho la pena, la relación calidad/precio del menú es, sin dudas, el mejor que nos hemos tomado. Mucha calidad, intención y sentimiento en un menú que en Barcelona valdría más de 100 euros, y llegarían a más gente. Aún así, estoy convencido de que prefieren la sencillez y la humildad que tienen a caballo de una arquitectura y diseño espectaculares, a lo que tienen a cualquier otro escenario. Felicidades, volveremos!


Les Cols
Carretera de la Canya s/n, Olot
Telf. 972269209

Precio: 110 euros por persona (vino incluido)

El alojamiento en Pavellons Les Cols es un poco más caro, pero el desayuno se lo vale! Y la excursión matutina tambén!

Ermita Volcán Santa Margarida


Desayuno Pavellons Les Cols
 
Síguenos en:
Twitter: @asegarra16
Instagram: asegarra16
– Sharing is sexy –

 


 

Mugaritz: Jueguen a comer o coman jugando.

Que bien nos lo pasamos en Mugaritz. Fue toda una experiencia, mitad juego, mitad comida, un no parar de sensaciones distintas, algunas buenas y otras geniales, pero todas rozando la excelencia. Para quienes no conozcan el restaurante, muchos dicen que Mugaritz es la nueva meca de la cocina creativa desde el cierre del Bulli (salvando las distancias con DiverXO que aún no lo conocemos). A a parte de eso, Mugaritz se distingue por sus dos estrellas Michelín y su posición Top10 en la lista «The 50 Best Restaurants», una de las muchas perlas gastronómicas de Guipúzcoa.
 
Andoni Luis Aduriz ofrece a sus comensales un menú único, inimitable y personalizado, tratando de llegar a la persona y de crear esa sensación de exclusividad. Diariamente se elabora un menú distinto y el comensal no sabe lo que va a comer, por este motivo decimos que es único e inimitable. Nos encantó la idea, igual que todo el menú. 20 platos, en 4 horas de estancia en el precioso restaurante. El trato al cliente es impresionante, sabiéndose adaptar a todos, son capaces de echarse unas risas con una mesa con jóvenes y tratar como reyes a los más veteranos. Pero el detallazo es la entrada en la cocina donde nos recibió Vicenç Sagarra, ayudante de Aduriz y nos tuvo 10 minutitos contándonos la filosofía y misión del restaurante y contándonos como funcionaba el servicio. Solo podemos agradecerles el detalle, ya que no nos lo habían hecho nunca.   En definitiva, podemos afirmar que es uno de los restaurantes más especiales a los que hemos estado nunca y lo recomendamos intensamente.
 
En Mugaritz todo es un juego, a veces de sabores, a veces de experiencias y alguna vez de forma literal. ya de por sí, su nombre Mugaritz ya es un juego de palabras: “Muga” en Vasco significa “límite” “frontera”, en referencia a que el restaurante se encuentra entre las localidades de Errenteria y Astiagarraga; y “Aritz” que en Vasco significa “Roble”, y es que tienen uno enorme en medio de su jardín. Y con esto, vayamos al menú.
 
Empezamos con los primeros platos previo aviso de que comeríamos con las manos, como niños o animales. Rábanos embarrados con salsa de tomate de sabor muy fresco, láminas de trufa de verano con aliño de ajo y boletus, lámina de apionabo hervido con una crema de ave y una flor de cebollino en tempura.
 



 

 
Después de estos 4 entrantes, una tostada rústica con panceta que estaba espectacular y a la cual no encontrabas para nada la textura de la panceta, y un consomé de hoja santa(hierva procedente de Méjico) con helado de melón. Después de estos, turrón fermentado de avellanas: salado y con aroma a pimienta y a avellana, y el último de estos entrantes que se comía con las manos: crema de piñones y malta. Qué como comímos la crema si no teníamos cubiertos? Nos pidieron que cogiéramos esta especie de flor verde que había decorando la mesa y la untáramos. La flor verde era teff, un cereal procedente de Etiopía. Muy curiosos estos 8 primeros entrantes manuales.
 
 



 

 
A continuación nos sirvieron una espuma con sabor y trozos de anguila y flores. Las flores le daban un toque dulce que estaba potenciado por el el dulce del tenedor. Hecho de azúcar y comestible, el tenedor potenciaba aún más lo exótico y bizarro del plato.
 
 
 
Seguímos con otro plato especial. El servicio nos comentó que ibámos a jugarnos el siguiente plato a los chinos, y que el ganador tendría premio. Nos repartieron una bolsa con 3 huesitos dentro, uno para cada uno, y quién acertara el número de huesos que había en total encima de la mesa, pondría caviar encima del pan de vidrio con espuma láctea. Como observaréis, en este caso, nosotros no ganamos.
 
 
 
 
El txangurro no podía faltar. Praliné de cacahuete con txangurro y esencia de calabaza. Mezcla extraña, pero deliciosa. El txangurro, o buey de mar, es un fruto del mar delicioso; en sí es seco, por eso siempre es mejor mezclarlo con cremas o mayonesa. En este caso, con el praliné de cacahuetes y la calabaza estaba de muerte.
 
 
Nos tocaba currar, otro juego. Nos trajeron un mortero relleno de maíz, pimienta sin moler y un poco de panceta, y venga, a picar! Cuando ya teníamos aquello bien picadito nos trajeron unas gelatinas de flores, y a picar y dar vueltas un poquito más, hasta conseguir una pasta uniforme. A partir de allí, a mojar pan. Delicioso.
 



 
 
A continuación ya íbamos a por los pescados y carnes. Empezamos con un besugo con hierbas del litoral. Una crema al pilpil acompañaba el pescado junto con unos crujientes de cebolla y unos mini espárragos trigueros. Suave y fresco, no podía ser menos. Tocaba una carne, y os parecerá extraño, pero un tomate “cor de bou” con salsa de callos fue nuestra primera “carne” del menú. Intenso a la vez que ligero. Estábamos temblando del temor de encontrarnos el típico platazo de callos, pero con la sospecha de que volverían a sorprendernos.
 

 

 
Esto no se acababa nunca, nos quedaban aún 3 platos fuertes. Crema catalana de pollo y langosta. Una mezcla de pollo y langosta mezclados con una crema intensa de pollo con textura a crema catalana dentro de un vaso de cerámica. Pura reproducción de la crema catalana. Lo que mas nos impresionó fue el tostado que imitaba la parte de azúcar quemado de la crema catalana. Este consistía en una crosta de la piel de pollo. Estaba espectacular.
 
 
 
 
Quedaban dos, la tostada con crema con bacalao con aroma a café, que era muy ligera a diferencia de lo que de entrada podía parecer y la chuleta con queso azul. Pero donde estaba el queso azul? No estaba físicamente, pero sí estaba presente. El truco estaba en que la carne, previopaso a ser cocida, había estado curada en queso azul, dando un aroma a queso suave y delicioso.
 

 

 
 Nos quedaban los postres por delante, en general la comida nos había sorprendido mucho, muchísimo, y las expectativas para los postres eran considerables. Empezamos con la Stracciatella. Todos la conocemos en forma de helado, pero en este caso nos la tomamos en forma de bizcocho. Pesado y empalagoso, pero sorpendente. En el segundo postre jugaron con el nitrógeno, congelando un agua de hierba Luisa que contenia un buen pedazo de melocotón dentro. Muy buen sabor, pero difícil de comer.
 

 

 
Como se puede observar, ya hemos puesto un par de pegas a los postres. Y ahora va la más grande. Algo que consideramos un error. El tercer postre fueron higos asados con una conserva marina. Conserva marina, sí, erizo. En el interior del higo cocido, que estaba muy bueno porque conservaba la dulzura, nos encontramos erizo de mar. Desde nuestro punto de vista, difícil combinación, y consideramos que era más un aperitivo que un postre.
 

 

 
Faltaban, dos buenos dulces. Tartaleta de fresas con nata en la que la fresa era en forma de sirope y la nada de espuma. Buenísima. Nos hubieramos comido 20 de esas. Y por ultimo, titulado “rayando lo imposible”, un canutillo de crema delicioso al cual le tienes que rayar de una piedra (de azucar solidificado) su propio azucar glasé. Otra sorpresa graciosa, y ambos dulces estaban deliciosos!
 
 

 

 
Los petit fours con los cafés vinieron en una presentación majestuosa, en forma de 7 pecados capitales, y teníamos que ir adivinando que pecado se correspondía a cada bombón. Adivináis cual nos gustó más?
Para concluir, y no obstante la objeción mostrada en los postres, Mugaritz fue una de las experiencias más increíbles que hemos vivido, dentro y fuera de un restaurante. Fue un juego comer su menú, por este motivo nos gustaría concluir afirmando que nos lo pasamos como niños. Animamos a todo amante de la cocina contemporánea que planee una visita allí, vale mucho la pena.
 
 
Restaurante Mugaritz
Aldura Aldea 20
20100 Errenteria (Guipúzcoa)
Telf: 943 52 24 55
 
Precio: 220 euros por persona (vino incluido)
Siguenos en:
 
Twitter: @asegarra16
Instagram: asegarra16
Google+: +AlexSegarra16

– Sharing is sexy –

 

Oliver Glowig: Estrellas Michelin de Roma elaboradas con algo más que Pasta.

Hemos aprovechado nuestro viaje vacacional para visitar una de las joyas gastronómicas de Roma: Oliver Glowig. Este es un restaurante que para muchos de vosotros será completamente desconocido, la cual cosa no es habitual entre nuestros lectores. Esta vez os invitamos a conocer un restaurante situado en el jardín del Aldrovandi Hotel, en la prestigiosa Villa Borghese de Roma. Oliver Glowig, a la vez que es el nombre del restaurante es también el nombre de su chef. Éste, de origen alemán brilla por la precisión y la eficacia con la que trabaja el producto. Su cocina es principalmentemediterránea, pero como no, no se olvida del producto nacional del país, la pasta. Su servicio es excelente, y la elegancia del restaurante roza la perfección. Por todos estos motivos esta galardonado con dos estrellas Michelin.
El menú es sencillo, aparentemente más breve y sencillo que el habitual en los restaurantes estrellados españoles en los que se tiende a encontrar unos aproximadamente 10 platos, salvando las excepciones. En Oliver Glowig nos sirvieron 5 platos, con entrantes y postre. La clave del asunto es que los platos son más “consistentes” con más de 3 cucharadas, aspecto difícilmente apreciable en los restaurantes morro exquisito de España.
 
Empezamos la noche con unos entrantes que consistían en una mini hamburguesa de carne de waygu, una bruschetta de jamón y una “croqueta” de erizo de mar. A continuación y también como entrante nos sirvieron una ensalada de origen Siciliano que consistía en una mezcla de anchoa, aguacate, y manzana. Fresca y apetitosa para ir haciendo boca para la cena.
El primer plato fue una ensalada fría de fruta y verduras con base de tomate asado. Primera lanza a favor de la cocina mediterránea por parte del chef alemán. Producto crudo o semi-crudo, con un chorrito de aceite. Viva la sencillez.
 
A continuación nos sirvieron el plato glamuroso de la velada. Base de crema fría de lechuga romana, con ostra, pasta fresca y caviar. También sencillo, pero con mucho componente. Sabroso, arriesgado pero con resultado excelente. Os sorprenderá lo que ahora os diremos, pero nos alucinó la crema fría de lechuga fresca, tenía una textura muy cremosa, a pesar de que de primeras pensamos que sería mucho más líquida y menos sabrosa. Brutal.
Era hora de platos más consistentes. Tortellini de bacalao con espuma de tomate, aceite y oliva deshidratada. Quizá este fue el plato que nos pareció más flojo. No por la intención, sino por la ejecución. La pasta con el bacalao era buena idea, pero el bacalao estaba seco y un punto salado, quizá hubiera sido mejor idea cocer el bacalao para hacer el relleno. La espuma y la aceituna a la altura de nuestras expectativas.
Quedaban los dos principales, pescado y carne. Rodaballo y pichón. El pescado perfecto, al horno, con una base de crema de apio, guisantes y trufa. Y por otro lado, el pichón estaba espectacular. No somos muy fans de las aves, pero esta vez nos encantó. Con foie y acompañado de una crema de cebolla. Genial.
 
De postres, un mundo. Nos trajeron de todo. Empezaron con un sorbete de tomate con aceite y gelatina de estrágalo. Fresco y digestivo. A continuación, una tarta de chocolate que combinaba distintas texturas y temperaturas. Y a continuación los mil y un petit fours. Acompañamos foto porque en caso contrario no acabaríamos de explicarlos.
Para nosotros era la primera experiencia en un restaurante con estrellas Michelin internacional, y de lo que salimos realmente sorprendidos fue de la diferencia en el estilo. Si es verdad que se sigue un mismo patrón de calidad, de cuidado y mimo del producto, pero el estilo fue completamente distinto. La verdad es que fue una gran experiencia.
 
Oliver Glowig
Via Ulisse Aldrovandi, 15
Roma
info@oliverglowig.com
 
Precio: 200 euros por persona (vino incluido)
Siguenos en:
 
Twitter: @asegarra16
Instagram: asegarra16
Google+: +AlexSegarra16

– Sharing is sexy –

ABaC de Jordi Cruz, dos estrellas michelín que deberían ser tres?

A razón de toda la polémica causada el pasado mes de Noviembre por la no-otorgación de la tercera estrella michelin al Restaurante ABaC de Jordi Cruz, decidimos que esta vez, el regalo de cumple de mi hermano sería una cena allí. De este modo, podríamos valorar con nuestros propios morros, y bajo nuestra opinión si la merecen o todavía les queda tiempo de trabajo para conseguirla. Nuestra herramienta comparativa para valorar seria el recuerdo de la cena del pasado Setiembre en Sant Pau de Carme Ruscalleda (http://morroexquisito.blogspot.com.es/2013/09/sant-pau-de-sant-pol-de-mar-carme_23.html), que actualmente esta galardonado con 3 estrellas michelin.
 
ABaC se encuentra ubicado en la zona alta de Barcelona, en un inmueble fantástico en Avenida Tibidabo. Moderno, Lujoso, bien situado…la verdad es que este fantástico complejo Restaurante&Hotel lo tiene todo. Para acceder al restaurante tienes que bajar a la planta -1 y te encuentras casi en medio del comedor. Ascensor y bullicio, clara muestra de encontrarte en medio de una gran ciudad como es Barcelona. Ni rastro de la tranquilidad y del silencio majestuoso que nos encontramos en el comedor del Sant Pau. Y creo que esta diferencia, puede estar marcando el criterio del señor michelin que reparte las estrellas. La realidad es que el comedor del ABaC aunque moderno y elegante, carece de la finura y tranquilidad que tenía Sant Pau. Quizá la causa es porqué uno se encuentra en Barcelona y el otro en Sant Pol? Quizá también puede ser porque en el comedor de ABaC hay más mesas de las que debería si quisieran regalar esta tranquilidad al comensal? En fin, no es una crítica, simplemente una observación. Respecto al servicio y al sommelier, excelentes, un 10.
 
Y vamos a lo que estamos, la comida, que a modo de resumen, y en términos generales, fue excelente. Cocina creativa si, y mucho, pero sin perder los orígenes mediterráneos, «de la terra», sabores clásicos y elaborados de manera contemporánea. Un buen rato de relax, y una experiencia muy recomendable.
 
Para empezar el menú gran ABaC, un par de cocktails: Mojito helado de menta y lima, y Bloody Mary de mariscos. El Bloody Mary era en forma de nieve. Frío por el proceso de nieve al que estaba sometido, y acompañado por berberechos, navaja y anchoa. El mojito se tomaba en dos partes, la primera consistía en chupar el trozo de caña de azúcar de la izquierda de la imagen, sorberlo casi. Una delicia. La segunda parte, constaba de una gelatina de lima, con unos cortes de manzana, un jugo ácido y «on the top» helado de menta y lima, todo servido dentro de una cascara de lima. La sensación que dejaba no se puede describir mejor que con las palabras que justo dijo mi hermano al acabar de tomarlo: «Yo debería estar en el Caribe tomando miles de éstos todo el día».
El segundo de los entrantes fue sorprendente. Inicialmente nos presentaron un plato con una especie de granulado, y una ridícula bola de helado. De entrada se nos quedó cara de «me están tomando el pelo» (pensé: «esto cabe en media cucharilla de café»), pero el camarero, que nos vio las caras, nos informó que debajo del granulado había una mantequilla de foie, el componente principal del plato. El granulado era de maíz, y el helado era de mole. La mezcla entre los tres era muy interesante.
Después de estos 3 entrantes nos metíamos de cabeza en los 9 platos principales, por los que pasaríamos por todos lados, carne, pescado, clásico, contemporáneo, foie, trufa, thai, Palamós, pasta….en fin, de todo un poco, así que mejor vayamos uno por uno.
 
Gnoquis de parmesano con setas crudas, nueces, aceite de trufa y agua de hongos con citronela. Unos ñoquis que no eran ñoquis, con setas crudas que no parecían crudas…entramos en el juego del comer cosas que no parecen ser esas cosas. Los ñoquis eran esferas líquidas de parmesano, una bola que explosiona en la boca soltando su interior líquido que, en este caso, era con sabor a parmesano. Habíamos probado algo parecido en el 41º en misma forma y estilo, pero en sabor y color a aceituna verde. La ya archiconocida como oliva Bulli.  Este ñoqui resultó muy sorprendente también.
Los «calçots» confitados con romesco helado y carbón ahumado fueron brutales. Me encantó, por creatividad y barrida hacia casa plantando un manjar tan «de la terra» en su menú. El calçot espectacular, con un romesco helado muy curioso, y lo mejor, el carbón, una especie de pan tostado con un agradable sabor a quemado. Genial.
Posteriormente, «raviolli» de guisantes con panceta ibérica y caldo de langostinos thai. Plato oriental, muy especiado por el caldo y la verdura, pero con pinceladas locales: el guisante y sobretodo la panceta, que protagonizaba el plato con la envoltura de «raviolli» y los dos tendones de ternera que acompañaban. 
El steak tartar también era muy poco convencional. El bistec de tártar era ahumado y aliñado de un modo especial, la yema de huevo cocinada y casi imperceptible. «On the top» una crema de mostaza antigua deliciosa, y de base, crujiente de pan a la pimienta. En definitiva, un tártar distinto, probablemente el más distinto que hayamos probado nunca.
El siguiente plato es un clásico del Restaurante, su particular «Sopa de ceba». Otro guiño a la cocina local catalana. Para quienes hayan probado alguna vez la clásica «sopa de ceba» con su quesito fundido en un frío mes de Febrero, les voy a decir que no tiene nada que ver. Base de agua de cebollas, yema curada (cocida en frío), esferas líquidas de queso (distintas a las de los ñoquis) y trufa negra. Como un puzzle, coge un plato clásico, y conviértelo a piezas en uno nuevo. Bravo por este nuevo concepto de «sopa de ceba»!
Aquí va el que para nosotros fue el grave error del menú. No nos gustó. principalmente porque se cargan una de las materias primas que más nos gustan. Una gamba de Palamós exquisita, marcada en plancha y simplemente brutal por si sola, que, en este caso, se ve mezclada con una bola de pan de curry, dos crujientes de cerdo y un jugo de cabezas de gamba que a nuestro gusto era demasiado fuerte. El pan de curry excesivamente picante, y el crujiente de cerdo estaba rico, pero por si solo, no mojado en el jugo de cabezas de gamba. En fin, que para gustos, colores, pero este no nos gustó demasiado. De todos modos, materia prima buena buena!
Ahí va la pasta. Nos sorprendió que hubiese pasta en un menú degustación. Puede resultar, peligroso, por simple y vulgar, pero esta era estelar. La pasta hervida en un agua de calamar sabia a mar puro, y mezclada con las «espardenyes» (en castellano, «cohombros de mar» o «zamburiñas»: marisco muy parecido a la navaja, aunque mas jugoso y tierno) confeccionaban un plato simple, sencillo y delicioso. Matricula de honor. 
Nos quedaba una de pescado y una de carne antes de entrar en los postres. El pescado, anguila plancha con coliflor. Acompañada de fake-anguila y coliflor. Entender «fake-anguila y coliflor» como esfera liquida de anguila y coliflor. Quizá sí, lo sabemos, exceso de esfera líquida en el menú, pero oye…. «si una cosa funciona, no la toques!». La realidad es que la anguila estaba justo en su punto de cocción: tierna y sabrosa, muy a pesar de parecer un pescado duro. 
 
Ya solo quedaba la ternera. Que consistía en 3 trozos, cocinados de manera distinta. El meloso que nos habíamos encontrado con el «raviolli» de guisantes, ternera de cocido y meloso de ternera. La 3 elaboradas fantásticamente, con su salsita rica rica y acompañada de ceps. Genial para acabar.
 
Entrábamos en el maravilloso mundo de los postres. Nos encantan los dulces, y más los de restaurantes como estos. Teníamos por delante 3 postres muy distintos.
 
El primero Yuzu, con miga de pan de yoghur y albahaca. El yuzu es una fruta japonesa ácida, a medio camino entre el limón y la mandarina. Pues de esta fruta nos enseñaron 3 facetas: en crema, en sorbete y al natural. Iba acompañada de una miga de pan de yoghur que ayudaba a neutralizar el ácido del yuzu. Primer postre excelente, fresco y ligero, como era de esperar. 
En segundo lugar, no podía faltar el chocolate. Base de pan de aire de chocolate con leche, con un «churro» de chocolate blanco dulceado de leche. Podemos describirlo mejor, pero no nombrarlo de otra manera. Choco blanco mezclado con dulce de leche. Bajo el aire de pan llevaba una mermelada que hacia que el postre no fuera nada empalagoso. Aunque parezca mentira, no lo era!
Y para terminar, antes de los «petit fours», el último postre. Un cupcake muy particular. De merengue, fresitas y rosas, del cual te comes hasta el papel, pero porque es comestible. Helado de rosas, con fresitas al natural y trocitos de pie con el merengue. Ni un «pero» a ninguno de los tres postres, fantásticos.
Aquí os dejamos imágenes de los petit fours. Variado, el particular «pa amb oli i xocolata» y el pintalabios ABaC.
Vino tomado: Planots 2008 (D.O. Priorat): 85 eur.
 
 
La conclusión es que fue una gran velada. ABaC es un restaurante muy recomendable para una ocasión especial, que mientras sigan así, año tras año van a seguir oyendo campanas de tercera estrella michelin. Por su cocina, su carta de vinos, su servicio y su ubicación. Mientras tanto, a seguir trabajando e innovando!
 
Restaurante ABaC:
Avinguda Tibidabo 1
08022 Barcelona
info@abacbarcelona.com
 
Precio: 190€ por persona (vino incluído)
Siguenos en:
 
Twitter: @asegarra16
Instagram: asegarra16
Google+: +AlexSegarra16

– Sharing is sexy –