Lluerna: Sin duda, calidad precio de las mejores de Catalunya

Que ganas teníamos de probar el Restaurant Lluerna de Victor Quintillà en Santa Coloma de Gramanet. Que no nos engañe la ubicación del Restaurant, está tocando a Barcelona y disponen de colaboración con un párking que está al lado.

Teníamos muchas ganas de probarlos puesto que había llegado a nuestros oídos que era una Estrella Michelín con menú de mediodía (que aún tenemos pendiente) y que la relación calidad-precio era más que excelente.

El objetivo de la cocina de Quintillà es claro: ofrecer producto de proximidad de alta calidad a un precio competitivo. Eso, junto con su toque de magia.

Empezamos con el clásico mojito sólido y los aperitivos diversos y divertidos antes de empezar con los entrantes.

‘’Ajo blanco’’ de codium i bonítol
Ou cuit a baixa temperatura amb múrgoles

 

Ambos entrantes nos parecieron espectaculares. El Ajoblanco fresco y ligero, pero sabroso a la vez con el bonito y sus encurtidos. Las múrgoles con huevo, simplemente espectaculares.

Como platos principales comimos lo siguiente:

Arroz negro y calamar
Pescado del dia con verduritas (Corvina)
Pato a la naranja

 

Mucha calidad en el producto de los 3 platos principales. Ni un fallo, cocciones perfectas, sabores deliciosos. Equilibrado y completo.

Acabamos con 2 postres, un primero de queso cremoso de cabra con cítricos del cual no hicimos ni foto de lo rápido que nos lo comimos y un segundo postre de chocolate:

Ganache de xocolata, maduixes i remolatxa

Curiosa combinacion de sabores para un resultado muy expléndido.

 

Restaurant Lluerna:

Avinguda Pallaresa 104

08921 Santa Coloma de Gramenet

Barcelona

T 933 910 820

reserves@lluernarestaurant.com

 

Precio por persona del Menú Presentació: 62 euros.

Carta de vinos excelente a precios razonables.

Restaurant Coure: Vanguardia a buen precio.

Nuestra visita al Restaurante Coure nos ha dejado con la sensación de una cocina mimada, de vanguardia pero con los destellos de tradición que nos gustan. La aventura que en 2005 inauguró Albert Ventura i que ahora comanda Albert Solà roza año tras año la estrella Michelin. Quizá no son la cocina mas vanguardista, ni la sala es lo grande que figura que un Michelin debe tener… pero la esencia está allí, por este motivo queremos explicar y ilustrar su menú degustación. Que por cierto, a un precio más que asequible.

Dar fe que la comida está de 10, y que las pequeñas debilidades que les separan del galardón Michelin quizá son que el servicio no es lo suficientemente exquisito que Michelin requiere (sobretodo a la hora de explicar los platos), y que los “snacks” entrantes y “petit fours” son ausentes en el menú. Por lo demás, todo aspectos positivos: buenos vinos, entrantes trabajados, carne y pescado, y postre fruti-ácido y chocolate…

El menú consta de 4 entrantes, 2 platos principales y 2 postres.

Ensalada de tomate con crema de coliflor y alcaparras. Distintos tipos de tomates, combinados con una crema deliciosa.

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Caballa marinada con puerros tiernos y un tofu de mostaza. La mostaza era excelente, de hecho la volveríamos a ver en el plato de pescado, lo cual lo agradecimos.

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Huevo a baja temperatura con espinacas frescos, queso laminado, panceta y compota de pera. TOP! El mejor de los entrantes.

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Atún con Ostra. Un ceviche-tataki de atún con una ostra presidiendo el plato. Una de marisco para arrancar con los 2 platos fuertes.

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Salmonete plancha en una reducción de un caldo muy suave y mostaza. Ligero y delicioso.

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Cabrito con un roll de berenjena.

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Mandarina con mouse de coco y fruta de la pasión. El postre necesario con la frescura y acidez para hacer bajar toda la cena.

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Brioche de almendra con cremoso de chocolate y vainilla. Estéticamente precioso, y no apto para “operación bikini”.

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En conclusión, cena completa, contundente y de cocina mimada. Y una relación calidad/precio muy a la altura de los restaurantes más importantes de Barcelona. Algún motivo tenían que ofrecer para tener la sala llena un miércoles por la noche, no?

 

Restaurant Coure

Passatge Marimón 20, Barcelona

http://www.restaurantcoure.es/

Menú degustación: 50 euros.

PD: Ofrecen un Menú de temporada a 35 euros (Vino incluído) que bien bien!

Restaurante Disfrutar: Nuevo Restaurante “Bulli-Sensation” en Barcelona.

El Restaurante Disfrutar ha nacido en la calle Villarroel de Barcelona para quedarse y triunfar en el nuevo Eixample Esquerra de la Ciudad Condal. Es escuchar la palabra “Bulli” y la trempera levanta Barcelona, Cataluña y parte del extranjero visualizando a Ferran Adrià. Y es que de allí ha nacido Disfrutar, de la mano de 3 ex jefes de cocina del restaurante de Cala Montjoi, que al cierre del Bulli, emigraron y triunfaron en el Restaurante Compartir (Cadaqués, Girona) con una estrella Michelin. Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas se enfrentan ahora al Reto de establecerse en Barcelona. Su base de trabajo es la misma “chispa” que tenía el Bulli: la creatividad. Sorprender en forma de trampantojos, sabores extremos o curiosos, productos desconocidos y aromas que te transporten a otro lugar o a tu infancia. Empezábamos diciendo que “Disfrutar ha nacido para quedarse y triunfar en Barcelona” puesto que este estilo de cocina no es una moda pasajera: no es ni aprovechamiento ni explotación de un producto en concreto (trufa, plancton, huevas de dragón…), es ilusión y magia en cada plato; y estos tíos te sacan una sensación de cada uno de los bocados que pegas a su menú (ya sea una sonrisa, un “mmmmm”, un “ecsss”, un recuerdo o, un “tráigame un par más”). La experiencia fue fascinante.   

La carta se compone de 2 menús, uno corto y otro más largo, uno de 65 euros y el otro de 95. Mencionamos sus precios porque estamos seguros de que en breves tendremos nueva estrella Michelinen Barcelona, así que aprovechen, que con las estrellas, los precios se ponen por las nubes. En general el menú nos gustó mucho, salvando las distancias con un par de platos que aún están por pulir. Un sinfín de texturas distintas, colores variopintos, sabores extremos, descomposiciones de platos y reconstrucciones…en fin, empezamos el plato a plato.

 

A modo de aperitivo nos sirvieron una infusión de Caipirinha de Melón que a primera vista parecía un “capuccino” con sus dos terrones de azúcar, y como primer “snack” una remolacha que sale de su propia tierra. Jugando con un plato en forma ovalada, y que la densidad del merengue de remolacha es menor a las semillas que simulan la tierra, al remover el plato las remolachas salieron de debajo las semillas.

Caipirinha de melón
Merengue de remolacha

 

Continuamos con dos snacks más. Un lazo crujiente de cansalada ibérica y una avellana garrapiñada. Menos visuales, pero más sabrosos.

Crujiente de cansalada ibérica
Avellana garrapiñada

 

Seguido a estos snacks, empezamos con una primera batería de 6 bocados. Un Polvorón de tomate con caviaroli de arbequina sublime; Ravioli transparente de pesto que, aunque le falta algo nos sorprendió mucho; la Aceituna que nos estalló su sabor igual o mejor que la de Tickets en boca;  Galleta de Idiazábal ahumado con manzana que visualmente es un 10 y que dándole una vuelta más al punto de frío van a dar con un sabor igual a su aspecto; Yema de huevo crujiente con gelatina de ceps en que tenemos una clara muestra de dos productos que mezclados son la leche y que por separado también pueden llegar a sentirse bien; y por último Bocadillo aéreode marisco y aguacate, el mejor de la noche, nos hubiéramos comido 10 más. Ligero y sabroso, el mejor bocado de la noche.

Polvorón de tomate
Ravioli de pesto
La Aceituna
Galleta de queso Idiazábal
Yema crujiente con gelatina de ceps
Bocadillo aéreo



Quedaban aún muchos platos, pero ya se nos habían ganado con la originalidad y el sabor de su mayoría. La anchoa acompañada de un queso “mató” de almendra con miel de abeto y piñones nos lo acabaron directamente en la mesa, y la caballa acompañada del taboulé de coliflor y ceps nos fascinó. Delicioso taboulé. Quedaba aún un plato muy especial. Un plato que también nos montaron en la mesa en 3 pasos. Unos macarrones a la carbonara realizados con una gelatina de jamón al que se le añade una espuma de salsa carbonara y queso parmesano. Moderno, muy visual y de sabor fotocopiado.

Anchoa con..
…”mató” de almendra con piñones y miel de aveto.
Caballa con taboulé de coliflor y ceps
Gelatina de jamón en forma de macarrón…
…que se convierte en una espectacular pasta carbonara.

 

El sashimi vegetal era muy original, consistía en un plato con los vegetales más comunes (cebolla, apio, tomate..), aliñados con un sólo toque de “algo”. Un plato muy fresco que precedió otro trampantojo, esta vez, de tuétano escondiendo una base de vieira. Los mejillones con guisantes en salsa verde fueron espectaculares, sobretodo por los guisantes que, ante un aspecto absolutamente realístico, eran esferificaciones de crema de éstos. 

Shashimi vegetal
Tuétano a la vieira
Mejillones y guisantes



Nos quedaban aún tres bocados de mariscos. Una primera navaja bañada en crema de trufa que comimos directamente con los dedos pudiendo sorber toda la crema. Posteriormente, un montadito de salmonete con papada de cerdo, acompañado por unos gnoquis de berenjena asada que nos cautivaron por su intenso sabor; y por último, un “shabu-shabu” de langosta. El “shabu-shabu” es un plato de origen japonés que se asemeja a una fondue, pero en lugar de aceite o queso encontramos agua caliente. Allí, dejamos cocer los cortes de langosta y los pudimos untar en una variedad de salsas y unas algas deliciosas.

Navaja con crema de trufa. 
Salmonete y gnoqui de berenjena
“Shabu-Shabu” de langostino



Muestra de carne antes de los postres que consistió en unas laminas de carne de waygu con foie y aceite de trufa. Uno de los platos más contundentes de la cena, y que nos dejó con muchas ganas de empezar con el dulce de los postres.

Laminas de waygu



El primero, la mandarina. Espectacular presentación y sabor en un 3 texturas de mandarina dentro de ésta. En gelatina, helado y crema. Una delícia. Después de esta deconstrucción de la mandarina, el pan de crema catalana con cous-cous de naranja sanguina también nos gustó por su frescor y ligereza.

La mandarina
Pan de crema catalana…
…con Cous-Cous de naranja sanguina.



De todos modos, el postre que más nos gustó estaba por llegar: Cono de Strawberry Cheesecake. Brutal. La mezcla del sorbete de frambuesa con la crema de queso del interior iban perfecto. Súper sabroso! También muy vistoso el trampantojo en forma de pimientos, verde y rojo, realizados con gelatina y rellenos de chocolate, bañados en aceite y sal. 

Cono de helado de queso
Amb dos pabrots!


Por último, cerraba la cena un café en forma de lionesa. Una manera muy original de acabar la cena y reversionar el clásico “espresso”.

Lionesas de café



Lo hemos comentado en la introducción al Menú, pero creemos que es importante reiterarlo: Disfrutar es un restaurante que dará mucho que hablar, seguramente siempre para bien, pues la sorpresa, la vistosidad de sus platos y sus sabores serán denominadores comunes presentes en el día tras día de este restaurante. Desde aquí, sólo desearles mucha suerte! 

Os va a encantar!


Restaurante Disfrutar
Villarroel 163, Barcelona
Web

Precio: 95 euros por persona (sin bebidas).













Asador Etxebarri: un estrellado humilde y familiar en Guipúzcoa

 
En el espectacular valle de Axpe (Guipúzcoa), entre bosques, vacas y pueblecitos encantadores, encontramos brillando una estrella Michelín. Estrellado en forma de Asador, Etxebarri elige excelentemente y cuida el producto de Guipuzcoa y lo sirve en su máxima expresión, asado, en un menú muy completo. La sala consta de 10 mesas en un salón muy acogedor, y el servicio es muy familiar, profesional y agradable. Algo a destacar que nos sorprendió fue la gran cantidad de extranjeros que había comiendo en Etxebarri un día entre semana. No es un restaurante que se encuentre ni dentro, ni cerca de una gran ciudad, pero, por lo contrario, éramos los únicos que sirvieron en español. Por un lado pensamos: “normal, la estrella Michelín”, pero por el otro, en comparación con otros restaurantes galardonados de Guipuzcoa que visitamos aquellos días, quizá Extebarri es el que más comensales no españoles nos encontramos. De todos modos, bien merecido, alegra ver gente que trabaja bien y que esto se les recompense en premios, reconocimientos y comensales internacionales.
El menú empezaba con unos entrantes en forma de anchoa de Cantabria, tomate con gelatina de aceite, croqueta a la brasa y cracker. Las anchoas y el tomate brillaban pos su calidad y sabor intenso, a lo que tiene que saber un tomate y una anchoa. La croqueta era especial, fue el primer guiño a que nos fuéramos haciendo a la idea de que íbamos a comer en un Asador. Croqueta de pollo asada a la brasa. A diferencia de frita, en la que el aceite puede comerse el gusto del interior de la croqueta, asada potenciaba el sabor del pollo. Ya por ultimo en los entrantes, el cracker con sabor a micuit de foie y setas. Empezábamos bien.


Anchoa del Cantábrico
Tomate con gelatina de aceite de oliva
Croqueta asada
Cracker con foie
Seguimos con los mariscos a la brasa. Ostra, gamba, espardeña y chipirón a la brasa. De lo mejorcito del mar en pleno valle de Axpe, y cocinado del modo más común a la hora de cocinar una carne. La ostra a la brasa iba acompañada de espinaca, y su textura y sabor cambia radicalmente en comparación a cuando nos la comemos cruda. De textura mas parecida a la del mejillón hervido y con un sabor menos potente a mar, pero con matices a brasa que le daban un gusto especial. Las gambas de Palamós fueron brutales. Enormes, sabrosas, cocinadas de un modo excelente y encima, nos dieron 2 por cabeza! Un gustazo, de las mejores gambas (y a la brasa!) que hemos probado jamás. La espardeña y el chipirón también fueron excepcionales. Producto fresco y de primera. La espardeña iba acompañada de unas alubias, y el chipirón era encebollao y en su tinta.

Ostra asada
Gamba asada
Espardenya
Chipirón asado

 

Para acabar con los frutos del mar, nos faltaba un buen pescado a la brasa. Atún a la brasa. Sencillo y sin mas complicaciones que un poco de aceite y de reducción de tomate. Espectacular!

Atún a la brasa

 

Continuábamos con unos hongos con escalibada a la brasa. La mezcla del corte gordo de cep con la escalibada nos pareció muy interesante y sabrosa, y muy bien ligada en el menú, separando con un sabor suave y ligero los mariscos de la carne que estaba por venir.

Berenjena y ceps
Apoteósico chuletón de carne de vaca. De estos platos que no necesitan mucha descripción, de estos que se comen con los ojos, y en lo que te das cuenta de cuando comes carne de verdad y cuando no.

Txuletón a la brasa

 

Los postres, como no podían ser menos, también fueron especiales. Su particular tarta de manzana, compuesta de media manzana confitada y hojaldre con crema estaba espectacular, pero el “highlight” sin duda fue el flan de queso. Indescriptible, sin palabras, se nos quedó una cara que incluso nos ofrecieron repetir, y obviamente, repetimos.

Tarta de manzana
Flan de queso

 

Asador Etxebarri
Plaza de San Juan, 1 
48291 Atxondo, Bizkaia
(+34) 946 58 30 42
info@asadoretxebarri.com
GPS: 43.11555, -2.59923
 
Precio: 125€ por persona
 
 
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Les Cols: Esencia de la tierra volcánica de la Garrotxa.

Les Cols es el restaurante por excelencia de Olot (Girona). Dos estrellas Michelín de sabores de “la terra”, de producto de calidad, de respeto por el producto criado de forma sostenible y muy fans de huerta. Elaboraciones sencillas de la de toda la vida, cuidando y mimando aquellos productos que crecen en La Garrotxa, que llegan o se elaboran allí. Cocciones lentas y sabores intensos y precisos, en los que encuentras los toques y puntos que Fina Puigdevall y Pere Planagumà, los chefs, quieren que encuentres en cada bocado. 
No es cocina minimalista, ni contemporánea pues el menú no consiste de muchísimos platos, y las raciones dan para más de una sola cucharada. Somos muy fans de este tipo de servicios, la segunda y tercera cucharadas siempre son las buenas, en las que se encuentran los matices; y Les Cols es así, una cocina de toda la vida, adaptada a los nuevos tiempos. 
Parece curioso, pero la arquitectura de su restaurante es un símil a esta cocina de la que os estamos hablando. La Masía en la que se encuentra el Restaurante, en activo desde 1990, fue la misma en la que nació Fina Puigdevall y que, tras aparentar en su exterior la sencillez de la arquitectura catalana de las masías de la época, se esconde la más exquisita arquitectura y modernidad en su interior. Sólo por el recinto ya merece la pena la visita, y aún no habíamos empezado a comer. Aprovechad para hacer noche en “Els Pavellons Les Cols”, otro concepto de alojamiento.
Habitación Pavelló

 

De la mano de una copa de cava natura “Les cols Mont-Ferran”, los entrantesquisieron convertir el “fajol” en su rey. Otramente llamado “grà negre”, el “fajol” es un derivado del maíz, muy común en la zona, de aspecto negro-oscuro, y que históricamente ha sido más utilizado para elaborar pienso animal que para ser servido en un restaurante dos estrellas Michelín. Aún así, la creatividad en los snacks del entrante nos levantó esa curiosidad por un producto nuevo en nuestros paladares.
“Crosta de fajol” para comer con los dedos juntamente con llonganissa artesanal de Olot, Bacadillo caliente de papada de cerdo en la que el pan estaba elaborado con este “maíz”, Blini de “fajol” i botifarra del “perol” y espagueti de “fajol” con caldo ahumado. Un mismo denominador común y cuatro entrantes de resultados diversos.

Blini de “fajol” y sandwich de panceta
Caldo con espagueti de “fajol”

 

Nos quedaban 8 platillos por delante. Empezamos comiendo con las manos con un “trampantojo” en forma de mini-calçot con romesco, pero realmente realizado con un nabo rebozado en tempura de carbón. Quizá a nivel de sabrosura el plato más flojito puesto que el sabor de la salsa romesco se comía el “mini-calçot”. Sin duda creatividad 100%.

Trampantojo de calçot.
Con el plato anterior se acababa la broma y empezábamos con lo serio. Royale de trufa negra. La royale no tenía esa textura gelatinosa de alguna que otra que hemos probado, pero brillaba por la abundante cantidad de trufa negra fileteada que incorporaba el plato.

Royale de trufa negra

 

El huevo fresco escaldado con “rovellons” estaba espectacular. Ligero sabor a brasa y leña procedente de la elaboración del rovelló y que ligaba a la perfección con el huevo escaldado y la base de crema de setas que acompañaba el plato. Uno de los mejores de la noche.

Huevo escaldado con rovellons

 

Como habréis visto, en Les Cols cuidan mucho los elementos de conexión entre los elementos presentes en los platos, las cremas y caldos están milimétricamente pensados y perfectamente elaborados. El siguiente de los platos titulado “patates amb suc”, debería ser bautizado “tremendo suc amb patata”. Un juguito de mil matices, fuerte de sabor y de textura exquisita, acompañado de dos daditos de patata que se deshacían en la boca; seguramente realizados con un puré horneado para que cogiera forma a patatita cortada.

“Patates amb suc”

 

Quedaban 4 platillos “principales”: verdura, hidrato, pescado y carne. Unos guisantes a la brasa con pancetita y botifarra negra. Creo que jamás habíamos probado los guisantes a la brasa, la textura en boca es más cercana al garbanzo, terso, pero conserva el sabor del guisante y la brasa también le da ese aroma a leña ahumada de la brasa. Otro de los grandes platos del menú.

Guisantes a la brasa

 

Aquí vino la muestra de la gran “cocina de montaña” que se realiza en Les Cols. Con “cocina de montaña” nos referimos a la intención del restaurante de trabajar productos tal y como llegaban antaño a la Garrotxa. En Les Cols se trabaja muy poco el pescado fresco, prácticamente nada, y juegan más con la materia prima en conserva o en lata a la hora de incorporar pescado en sus menús. De éste modo, el arroz de payés con calamares en lata consistía en un arroz de gusto fuerte con puntas de calamares en conserva, corte de calamar en tempura. Acompañado por un alioli muy suave de gusto, de alta intensidad en aceite, pero de textura cremosa.

Arroz de payés
Siguiendo la tradición de la “Cocina de montaña”, en la que nunca puede faltar un pescado (en conserva, lata o que no requiera de la inmediatez del pescado fresco), nos sirvieron una “Brandada de Bacalao” con pilpil, uva, aceite de cereza y espinaca fresco. Plato denso por la espumosidad de la brandada, pero aligerado por el pilpil y los toques frutales de la uva y el aceite de cereza. Un plato muy redondo y contundente.

Brandada de bacalao
Quedaba el último, la carne. El “platillo”, como Les Cols lo tiene bautizado, consistió en 4 mordiscos. Un dado de carne de pato acompañado por una pera en almibar, una pelotilla de ternera acompañado por una cebolla chalota y un corte de costilla y panceta de cerdo. Todo regado bajo un mismo jugo y un punto de cocción excelente en los 4 bocados.

“Platillo”

 

Era hora del carrito de los quesos. A discreción. La variedad de quesos es brutal, y merece la pena probarlos juntamente a las mermeladas caseras que elaboran en Les Cols. También recordar que si hacéis noche en “Els Pavellons Les Cols” también os traerán un surtidito de mermeladas exquisitas.
Primer postre, castañas, coca de llardons y manzana. Cómo? Helado de castaña confitada sobre una confitura de manzana y acompañado por un brioche de coca de llardons.

Castañas, coca de llardons y manzana

 

El segundo de los postres nos fascinó. Helado cremoso de “mató” con mermelada de albahaca que le daba ese toque dulce que siempre requiere el “mató”. Textura genial, sabor exquisito y para nosotros, el mejor de la noche.

Helado de “mató” con albahaca

 

Quedaba un postre, un clásico en Les Cols, el “paisaje volcánico” consistió en un mix de chocolates con distintas texturas, sabores y matices a algarroba, ratafía y “fajol”, redondo para acabar el menú de otoño.

Paisaje volcánico
Los petit fours, que ya casi no nos podíamos ni comer consistieron en una coca azucarada tostada y una tableta de chocolate. Buenísimos!

Coca y chocolate
Bajo nuestro parecer el fin de semana en Les Cols valió mucho la pena, la relación calidad/precio del menú es, sin dudas, el mejor que nos hemos tomado. Mucha calidad, intención y sentimiento en un menú que en Barcelona valdría más de 100 euros, y llegarían a más gente. Aún así, estoy convencido de que prefieren la sencillez y la humildad que tienen a caballo de una arquitectura y diseño espectaculares, a lo que tienen a cualquier otro escenario. Felicidades, volveremos!


Les Cols
Carretera de la Canya s/n, Olot
Telf. 972269209

Precio: 110 euros por persona (vino incluido)

El alojamiento en Pavellons Les Cols es un poco más caro, pero el desayuno se lo vale! Y la excursión matutina tambén!

Ermita Volcán Santa Margarida


Desayuno Pavellons Les Cols
 
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Tram Tram: Calidad y tradición en Sarrià

Durante una noche de verano en Barcelona, nos dejamos sorprender por el restaurante Tram Tram, del que habíamos oído hablar a voces, pero que quizá no es tan mediático como otros. En forma de metáfora, el “Mascherano” de los restaurantes de Barcelona.

Clase, nivel, pero silencioso. Efectivo y, a nuestras orejas, poco valorado. Una cena excelente. El restaurante se encuentra en el barri de Sarrià, en plena zona alta de Barcelona. De hecho, esta situado en lo que años atrás seguramente era una casa familiar del barrio, más “glamour” imposible. Una terraza interior increíble que hace que se pare el tiempo, aprovechad en verano la oportunidad de pedir la mesa fuera, vale la pena.


 


En lo que a cocina se refiere, también nos sorprendió. Su chef, Isidre Soler, trabaja la cocina tradicional muy meticulosamente, mima la materia prima y ofrece una cocina tradicional adaptada a los tiempos y a los paladares más modernos. Isidre Soler hemos descubierto que se ha ido formando al lado de grandes chefs: Santi Santamaría, Ferrán Adrià, Fermí Puig…ha pasado por grandes cocinas, razón por la cual el restaurante estaba lleno un martes y las críticas leídas son todas excelentes. Por ultimo, mencionar que el servicio fue excelente.
Entrando en materia. En Tram Tram disponen de carta, pero nuestra recomendación es que os dejéis aconsejar por Isidre. También es posible tomar uno de sus dos menús, uno muy muy completo (no recomendable para cenar) y otro más “equilibrado” que es el que nosotros probamos, y que claramente recomendamos. Por calidad y precio.
La cena empezó con unas tapas de aperitivo. Ceviche con guacamole de manzana y crema de tomate con espuma de apio. Los dos entrantes muy adecuados, ligeros, fresquitos i muy sorprendentes. La mezcla de ceviche con la manzana y sobretodo la espuma de apio nos dejaron sin palabras.

Ceviche con guacamole de manzana

 

Crema de tomate con espuma de apio

 


A continuación nos sirvieron un tataky de atún con sandía. Mas que tataky era un atún macerado, muy fresco y una salsa que acompañaba muy sabrosa. No entendimos muy bien el tema de la sandía, mas que nada porqué en el plato que entró a continuación ya volvía a tener presencia dicha fruta. La ensalada de frutas de verano, pulpo y crema fría de almendrasseguía la línea de las dos primeras tapitas. Fresca, ligera y brindamos por la consonancia con la que la crema fría de almendras con la sandía y el melón rimaban.

Tataky de atún
Crema fría de almendras c/ pulpo y ensalada de frutas de verano.

 

Como platos principales, pescado del día y canelón de pintada con su jugo asado. El pescado del día fue merluza a la marinera con curry. Era peligroso. Merluza al horno y curry no suena precisamente a horchata y fartons, o a sándwich de jamón y queso. De hecho, cuando nos presentaron el plato surgió un miedo en nuestro paladar, ¿y si pica? ¿y si solo sabe a curry? ¿y si el curry no sabe a curry? En fin, brutal. Curry no picante, con una vuelta a dulce que ligaba a la perfección con la merluza al horno. Bravo, para mi el mejor plato de la noche. El canelón de pintada, distinto. A nuestro parecer el formato canelón quizá no fue el más adecuado para un “ultimo” plato de menú.

Merluza con curry
Caneló de pintada

 

Pero quedaba el ultimo. El postre. Pan con chocolate. Sencillo también. Helado cremoso de chocolate, con aceite y sal maldon, acompañado de unas tortas finas de maíz aceitoso. Nos encantó, pero, a quién no le alegra el chocolate?

Pa amb Xocolata

 

En definitiva, no nos quedan más buenas palabras para este restaurant. Relación calidad precio buena. Bajo la etiqueta de calidad pero no mediático llenan el vacío en el barrio, y es que variedad para comer en Sarrià hay mucha, pero de calidad como Tram Tram no hay tanta.

Restaurant Tram Tram

Carrer Major de Sarrià 121, Barcelona
Telf: 932048518
WEB Tram Tram
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Restaurante Akelarre: Un clásico entre los modernos.

A lo alto del monte Igeldo en San Sebastián encontramos el ilustre restaurante de Pedro Subijana, el restaurante Akelarre. Desde el año 2007 poseedor de tres estrellas Michelín, Akelarre es uno de los restaurantes imprescindibles de visitar de España. Tratando de mantener la clase y la calidad del producto que desde el año 1975 ofrecen a sus clientes, Pedro Subijana y su equipo del Akelarre han sabido evolucionar y adaptarse a la nueva cocina actual, convirtiéndose como hemos mencionado anteriormente en uno de los restaurantes más selectos y galardonados de España. El único punto “vintage” que queda es el bigote del chef, pero le da carisma, qué carajo! En Akelarre siguen ofreciendo los mejores productos del País Vasco como en los años 80, pero hoy del modo más contemporáneo posible, con un mimo extremo a la presentación y los detalles de los platos. Sus platos y estilo de cocina nos recordó mucho al Sant Pau de Carme Ruscalleda, es por eso que no será casualidad que compartan número de estrellas.
Akelarre ofrece 3 menús degustación, primera muestra de que les van bien las cosas y que les gusta trabajar, probar e innovar con el producto. 2 menús cambiantes temporada tras temporada y un último de clásicos del Akelarre. Nosotros, al ser la primera vez que visitábamos el restaurante consideramos apropiado empezar por los clásicos ya que estos nos podrían dar una buena imagen de la cocina de Subijana en estos casi 40 años de dedicación exclusiva a su restaurante.
Los entrantes fueron un espectáculo. Títulados “Jardín Marino” consistían de una base de arena de gambas con una hoja de ostra, un mejillón con cáscara, una esponja marina con crema de erizos de mar, unas piedras de playa y un coral de alga. Uno de estos manjares que nos gustan, estos en los que disfrazan el producto para que parezca otro o para que te lo comas de un modo en el que aparentemente no lo parece.
 
El menú empezaba con una ensalada de bogavante al vinagre de sidra. Un primer plato ligero con componente estrella, el bogavante. Sencillo y sin complicaciones, un producto de estos que con un chorritín de aceite ya gana carreras…
 
 
A continuación nos sirvieron un carpaccio y un txangurro bastante especiales… El carpaccio consistía de una pasta realizada con piquillos y sabores a ibéricos que, juntamente con las setas y el parmesano intentaban “imitar” y transmitir la sensación de estar comiendo carne de un modo totalmente vegetal. Muy interesante.
 
 
 
Por otro lado, eltxangurro tambíen tenía su qué. Rebozadito en su propio txangurro, conseguía una pequeña crosta con un interior de este producto, muy parecido a una croqueta, pero como si fuera rebozada en carne en lugar de pan. Brillante. Este encima de un “blini” de coral con mucho sabor a mar y unos gurullos con verdura.
 
 
Entramos ahora a los dos platos principales del menú, el pescado: salmonete y la carne: buey. El primero de una simplicidad y excelencia aplastante. Plancha. Fácil? Sí, pero ya nos gustaría a todos que el pescado plancha nos saliera así de bueno. Acompañado de unos fusilli de salsas. Eh aquí el toque contemporáneo al plato. Unas gelatinas insaboras en forma de macarrón, rellenas de salsa de perejil, de ajo, de soja y del propio salmonete (cabeza y espinas incluidas) que acompañaban al pescado a la perfección.
 
 
 
El buey también sencillo, sin mucha floritura, guardando el gusto y la esencia de la carne. Como si fuera un chuletón, tierna y sabrosa, no se puede pedir más. Este iba acompañado de un pastel de rabo y foie, que parecía un tiramisú y de unas patatas chips un tanto peculiares. Dos genialidades más de Subijana.
 
De postre dos platos más en forma de “desmontemos y volvamos a montar”. Primero un gin tonic donde una gelatina y un sorbete componen el copazo. Gelatina con sabor a gin tonic y sorbete de cítricos. Comparado con el que nos tomamos hace poco en Dos Cielos de los hermanos Torres quizás el de los hermanos se parece más a un postre, y el de Subijana es más un cocktail. En definitiva, deliciosos ambos. Ya por último, la otra tarta de manzana. Presentada con dos papelajos encima. De primeras quedas sorprendido por la bizarra presentación, y finalmente te informan de que el papel es comestible con sabor a chocolate, y debajo se esconde una fabulosa tarta de manzana.
 
El restaurante Akelarre de Pedro Subijana ha sabido adaptarse a los nuevo tiempos y tendencias, cabe recordar que junto a Arzak fueron los pioneros de la cocina contemporánea en España. Podríamos decir que Subijana y Arzak abrieron la puerta a seguir trabajando a Berasateguis, Adriàs y hasta donde hemos llegado? A tener restaurantes que son los mejores del mundo, a tener muchas estrellas Michelin… vale mucho la pena aprovechar una visita a San Sebastián para ir a visitar Akelarre. 
 
 
 
Restaurante Akelare
Padre Orcoloaga 56, San Sebastián Donostia
Telf: 943311209
www.akelarre.net
Precio por persona: 150 euros aprox.
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El Celler de Can Roca: Equilibrio y armonía propios de ser el mejor.

Esta es una de las cenas que más ganas teníamos de meternos cuando ya vimos que esto de ir de restaurantes nos molaba. Y a quién no? A quién no le entran los nervios y las ganas de estar ya sentado en la sala del considerado el mejor restaurante del mundo esperando a que lleguen los primeros snacks i aperitivos?

 
De la salida del curro nos teletransportamos a Girona, al Celler de Can Roca. Tres estrellas Michelin, y como ya hemos dicho, uno de los mejores, si no el mejor restaurante del mundo. Segundo mejor restaurante según el prestigioso ránking “The world’s 50 best restaurants” este año 2014, después de ser el primero de la lista en 2013.
No necesitan presentación, pero para quienes no los conozcan, Celler de Can Roca es cosa de tres hermanos: Joan, Josep y Jordi, artífices del éxito del Celler, son quienes están poniendo en mayúsculas la ciudad de Girona en los mapamundis gastronómicos y han heredado el relevo de Ferran Adrià como cara de la innovación y cocina contemporánea catalana y española. Joan es el académico, el estudioso de la gastronomía, la cabeza pensante de la cocina salada del Celler y quién lidera el equipo. Josep es el “sommelier”, el experto enamorado de los vinos y el causante de que en la Bodega del Celler haya más de 50.000 botellas de alcohol de alrededor del Mundo. Y Jordi es quién idea los postres, el “iluminati” de los tres hermanos, y hoy por hoy, el mejor repostero del mundo según el ránking “The world’s 50 best de San Pellegrino”. Sin mas dilación, y sin afán de presentar más a unos hermanos que ya conocemos suficiente, empezaremos el viaje gastronómico por el Celler de Can Roca.
Los aperitivos empezaron con una copita de cava y unas olivas garrapiñadas. Estas olivas que eran recolectadas directamente de su olivo, eran una especie de oliva frita en una cáscara dulce. Dulce pero salada, caliente y fría. Divertidíssimo. A continuación, también nos sirvieron unos crujientes de maíz con guacamole y lechón, y un cocktail en forma de bombón de “Carpano” con sésamo.
Al acabar con estos dos primeros snacks, siguieron con “El Món”. Este aperitivo hace tiempo que se sirve en el Celler, y pronto pasará a la historia siendo substituido por el “Tornem a casa”, en el que reinventarán los clásicos aperitivos de domingo que se servían en el bar de sus padres, Can Roca. El Món consiste en 5 bocados que lo que pretenden es transportarte a aquellos países que últimamente hayan visitado los hermanos Roca. Korea, Turquía, China, Méjico y Marruecos. Todos con su puntilla y detallito para dejarnos con la boca bien abierta y la mente en aquél país concreto.

 

Nos adentramos en los mariscos con dos aperitivos más. Crema de erizo a la brasa y percebe con espuma de albariño. Dos aperitivos de mucho nivel y glamour, que ya subían el tono de sabores de los aperitivos, dejándonos a entrever que pronto empezábamos con los platos principales del menú.

 

Solamente faltaba la guindilla a la escala ordenada de sabores y de calidad de la materia prima de los aperitivos, nos faltaba la trufa. Nos entregaron en mano un bocado de trufa natural que nos impregnó la boca de aquél sabor a monte y tierra de la trufa, y justo cuando degustábamos el pedacito de trufa nos sirvieron los brioches. Brioches rellenos de trufa, y de una cremosidad y delicadeza espectaculares. Muy muy muy top!

 

Y empezamos con los platos principales de la cena con un Consomé de Otoño. Sabor otoñal con aspecto veraniego. Colores muy vivos, para sabores que te trasladan al frío. Divertido contraste. Caldito incoloro con la intensidad de un típico “Brou” de Navidad. Emulsión de calabaza, crema de chirivía, avellanas, nabo, remolacha, boniato, productos totalmente de temporada.

 

El “Corte de Helado” del Celler es una reinvención del clásico helado de los 70, pero en formato salado con diferentes matices del Maíz. Tres colores y un denominador común, el sabor: helado de maíz fermentado sobre una arena de maíz tostado, Helado de “Guinlacoche” sobre la forma natural de este mismo producto (hongo procedente del maíz), y Helado de Vainilla sobre maíz liofilizado (deshidratación que mantiene el sabor en una textura mas “crunchy” que sin deshidratar). Nos lo sirvieron con la explicación de que es un plato que ha surgido de la gira que este verano han hecho todo el equipo del Celler a América reinterpretando su forma de cocinar con los productos locales. Muy original.

 

A continuación nos sirvieron un producto de temporada del que no somos muy fans, la castaña. El plato consistía en una base de anguila ahumada a la plancha que estaba coronada por una buena dosis de castaña que parecía estar marinada. El contraste terso, fibroso de la anguila ligaba muy bien con la cremosidad y densidad de la castaña. Tengo que decir a favor del plato que la textura de la castaña no era la habitual, la cual cosa favoreció mucho nuestra opinión al respecto. La castaña era mucho más dulce, más tierna y considerablemente menos empalagosa. Buen toque ácido de la naranja confitada. Superamos bien la primera prueba con un producto no muy de nuestro gusto.

 

La siguiente degustación no nos motivó especialmente. Caballa. Para quienes no lo conocen, la caballa es un pescado rico en sabor, de la familia de la anchoa y la sardina, y nos gustaba la idea que trabajaran un producto así en el menú. Liga bien con los encurtidos, con los avinagrados. Nos la sirvieron con un dibujo de la espina realizado con salsa de caballa y vino blanco, y aquí es donde nos decepcionó un poco el plato. Ligeramente agelatinada y de difícil detección de sabor. Por lo demás, otro plato muy bien armonizado con los encurtidos: alcaparras, guindilla, etc…

 

Gamba. Sólo con oír ese nombre ya tendríamos suficiente, o quizá acompañado de un “plancha” nos contentaríamos. Pero que cara creéis que se nos quedó cuando el servicio nos comentó que lo podíamos comer absolutamente todo? Todo? Cabeza y patitas incluídas?  Exquisitamente mágico! Como? Le preguntaríais el truco a un mago?

 

Seguíamos con ostra. Cocinada al vacío y con salsa de anémona (un tipo de alga marina) y plancton. El submarinismo está convirtiéndose en algo más que en un deporte. Fue magnifica la combinación marina de dichos elementos, la ostra nos dio los toques más ácidos que se compensaban con la anémona y el plancton. La verdad es que nos pareció además de curioso, una manera inmejorable de “cargarse” una buena ostra fresca.

 

Otra de pescado. Pero esta vez, queriendo darle importancia a la salsa que lo acompañaba. La Raya es un pescado graso, del que desconocíamos lo bien que le iba la mostaza, y nos lo descubrió el Celler con su juego de mostazas: de miel, de mango, de su semilla natural, de vinagre chardonnay ahumado y de avellana con distintas intensidades. Nos las sirvieron repartidas en forma de reloj, de menos a más intensas. Con cuál os quedaríais?

 

Nos quedaba el ultimo de los pescados antes de entrar en las carnes. Propiamente no era del todo un pescado, como ya nos titulaba el plato, “Mar i Muntanya”, nos faltaba la montaña. Nos sirvieron sardina con papada ibérica y salsa del mismo. Un plato que de entrada no suena nada bien, pero que en boca estaba exquisito. Fuerte de gusto, una buena patada en la boca para decirle “Hey, que ahora llegan las carnes!”. Curioso paso para seguir la armonía aplastante que estaba llevó todo el Menú degustación.

 

Como primera de las carnes nos sirvieron un lechón ibérico cocido a baja temperatura con higos y mole de algarrobas. Nos fascina como les gusta trabajar la temporada a este tipo de restaurantes, que pega la algarroba con el higo? Pues ni idea, pero tenia sentido. Primera cocción del lechón a baja temperatura y posteriormente, pase de la piel por plancha, convirtiéndola así en terriblemente irresistible. No pararías de comer trocitos de lechón.

 

A continuación, el plato que para nosotros, juntamente con el brioche de trufa, fue el “Highlight” de la cena. Jarret de vedella i moixernons (boletus). Carne fileteada encima de la una crema de jarret con moixernons. Toques de trufa blanca natural que le dieron ese sabor y aroma a tierra, a campestre. Me quedan pocas palabras para seguir elogiando este plato. Simplemente memorable. Carne supertierna, y un sabor memorable.

 

Por último de los salados, pichón. Somos muy poco fans de las aves, siempre lo comentamos. La realidad es que, quizá por prejuicios, fue un plato que no nos emocionó. Era una elaboración muy completa, en la que trabajaron el pichón en forma de butifarra, a la plancha y sirviéndonos su caldo y corazón. Estéticamente plato precioso, y técnicamente impecable.

 

Entrábamos al mundo de los postres, al mundo de Jordi, en las nubes. Y qué mejor manera de empezar los postres que con uno encima de una nube. Helado de lo que ellos llaman “Masa Mare” (sin querer frivolizar, una crema inglesa sin los aromas avainillados) con núcleo de cacao y litchis secos, envuelto de mini-merengues de Jerez. Como podéis ver en el link del video, flotaba como una nube.

 

Quedaban dos postres, uno frío y refrescante y el último intenso y denso. El cromatismo naranja era un mix brutal de sabores distintos, pero con el naranja como color. Sorbetes de mandarina y fruta de la pasión, zanahoria fresca, shots de color naranja. Postre ácido y dulce, muy refrescante, para entrar en ligero al último de los platos, la Anarquía de Chocolate. Este último, es una buen quebradero de cabeza. Ocho tipos de chocolate, expuesto en pequeñas manchas, con especies, unos picantes, otros dulces…y en diferentes texturas: en crema, helado, gelatina, en crunch, con peta-zetas… Chocolate en estado puro.
Analizando en frío la experiencia que vivimos en el celler de Can Roca, concluimos en que El menú era perfecto, armonioso, de menos a más, arriesgado y absolutamente perfecto.

La cena en el Celler fue brutal, hemos disfrutado de muchas cenas de éste nivel, y creo que las primeras frases que escribí del Celler de Can Roca la misma noche al llegar a casa pueden ser un buen resumen “comparativo” con los demás restaurantes estrellados: “Normalmente la excelencia en este tipo de restaurantes llega, o si no arriesgan demasiado, o si arriesgan con productos que conocen mucho, pero que a base de esfuerzo y trabajo sacan provecho. En el Celler se arriesga mucho y excelen sobradamente. Prácticamente no han fallado.”

21 de Octubre de 2014.
El Celler de Can Roca
Carrer Can Sunyer 48, 17007 Girona
Telf: 972 22 21 52
Precio: 195 euros Menú Desgustación, 90 euros Maridaje de Vinos.
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Mugaritz: Jueguen a comer o coman jugando.

Que bien nos lo pasamos en Mugaritz. Fue toda una experiencia, mitad juego, mitad comida, un no parar de sensaciones distintas, algunas buenas y otras geniales, pero todas rozando la excelencia. Para quienes no conozcan el restaurante, muchos dicen que Mugaritz es la nueva meca de la cocina creativa desde el cierre del Bulli (salvando las distancias con DiverXO que aún no lo conocemos). A a parte de eso, Mugaritz se distingue por sus dos estrellas Michelín y su posición Top10 en la lista “The 50 Best Restaurants”, una de las muchas perlas gastronómicas de Guipúzcoa.
 
Andoni Luis Aduriz ofrece a sus comensales un menú único, inimitable y personalizado, tratando de llegar a la persona y de crear esa sensación de exclusividad. Diariamente se elabora un menú distinto y el comensal no sabe lo que va a comer, por este motivo decimos que es único e inimitable. Nos encantó la idea, igual que todo el menú. 20 platos, en 4 horas de estancia en el precioso restaurante. El trato al cliente es impresionante, sabiéndose adaptar a todos, son capaces de echarse unas risas con una mesa con jóvenes y tratar como reyes a los más veteranos. Pero el detallazo es la entrada en la cocina donde nos recibió Vicenç Sagarra, ayudante de Aduriz y nos tuvo 10 minutitos contándonos la filosofía y misión del restaurante y contándonos como funcionaba el servicio. Solo podemos agradecerles el detalle, ya que no nos lo habían hecho nunca.   En definitiva, podemos afirmar que es uno de los restaurantes más especiales a los que hemos estado nunca y lo recomendamos intensamente.
 
En Mugaritz todo es un juego, a veces de sabores, a veces de experiencias y alguna vez de forma literal. ya de por sí, su nombre Mugaritz ya es un juego de palabras: “Muga” en Vasco significa “límite” “frontera”, en referencia a que el restaurante se encuentra entre las localidades de Errenteria y Astiagarraga; y “Aritz” que en Vasco significa “Roble”, y es que tienen uno enorme en medio de su jardín. Y con esto, vayamos al menú.
 
Empezamos con los primeros platos previo aviso de que comeríamos con las manos, como niños o animales. Rábanos embarrados con salsa de tomate de sabor muy fresco, láminas de trufa de verano con aliño de ajo y boletus, lámina de apionabo hervido con una crema de ave y una flor de cebollino en tempura.
 



 

 
Después de estos 4 entrantes, una tostada rústica con panceta que estaba espectacular y a la cual no encontrabas para nada la textura de la panceta, y un consomé de hoja santa(hierva procedente de Méjico) con helado de melón. Después de estos, turrón fermentado de avellanas: salado y con aroma a pimienta y a avellana, y el último de estos entrantes que se comía con las manos: crema de piñones y malta. Qué como comímos la crema si no teníamos cubiertos? Nos pidieron que cogiéramos esta especie de flor verde que había decorando la mesa y la untáramos. La flor verde era teff, un cereal procedente de Etiopía. Muy curiosos estos 8 primeros entrantes manuales.
 
 



 

 
A continuación nos sirvieron una espuma con sabor y trozos de anguila y flores. Las flores le daban un toque dulce que estaba potenciado por el el dulce del tenedor. Hecho de azúcar y comestible, el tenedor potenciaba aún más lo exótico y bizarro del plato.
 
 
 
Seguímos con otro plato especial. El servicio nos comentó que ibámos a jugarnos el siguiente plato a los chinos, y que el ganador tendría premio. Nos repartieron una bolsa con 3 huesitos dentro, uno para cada uno, y quién acertara el número de huesos que había en total encima de la mesa, pondría caviar encima del pan de vidrio con espuma láctea. Como observaréis, en este caso, nosotros no ganamos.
 
 
 
 
El txangurro no podía faltar. Praliné de cacahuete con txangurro y esencia de calabaza. Mezcla extraña, pero deliciosa. El txangurro, o buey de mar, es un fruto del mar delicioso; en sí es seco, por eso siempre es mejor mezclarlo con cremas o mayonesa. En este caso, con el praliné de cacahuetes y la calabaza estaba de muerte.
 
 
Nos tocaba currar, otro juego. Nos trajeron un mortero relleno de maíz, pimienta sin moler y un poco de panceta, y venga, a picar! Cuando ya teníamos aquello bien picadito nos trajeron unas gelatinas de flores, y a picar y dar vueltas un poquito más, hasta conseguir una pasta uniforme. A partir de allí, a mojar pan. Delicioso.
 



 
 
A continuación ya íbamos a por los pescados y carnes. Empezamos con un besugo con hierbas del litoral. Una crema al pilpil acompañaba el pescado junto con unos crujientes de cebolla y unos mini espárragos trigueros. Suave y fresco, no podía ser menos. Tocaba una carne, y os parecerá extraño, pero un tomate “cor de bou” con salsa de callos fue nuestra primera “carne” del menú. Intenso a la vez que ligero. Estábamos temblando del temor de encontrarnos el típico platazo de callos, pero con la sospecha de que volverían a sorprendernos.
 

 

 
Esto no se acababa nunca, nos quedaban aún 3 platos fuertes. Crema catalana de pollo y langosta. Una mezcla de pollo y langosta mezclados con una crema intensa de pollo con textura a crema catalana dentro de un vaso de cerámica. Pura reproducción de la crema catalana. Lo que mas nos impresionó fue el tostado que imitaba la parte de azúcar quemado de la crema catalana. Este consistía en una crosta de la piel de pollo. Estaba espectacular.
 
 
 
 
Quedaban dos, la tostada con crema con bacalao con aroma a café, que era muy ligera a diferencia de lo que de entrada podía parecer y la chuleta con queso azul. Pero donde estaba el queso azul? No estaba físicamente, pero sí estaba presente. El truco estaba en que la carne, previopaso a ser cocida, había estado curada en queso azul, dando un aroma a queso suave y delicioso.
 

 

 
 Nos quedaban los postres por delante, en general la comida nos había sorprendido mucho, muchísimo, y las expectativas para los postres eran considerables. Empezamos con la Stracciatella. Todos la conocemos en forma de helado, pero en este caso nos la tomamos en forma de bizcocho. Pesado y empalagoso, pero sorpendente. En el segundo postre jugaron con el nitrógeno, congelando un agua de hierba Luisa que contenia un buen pedazo de melocotón dentro. Muy buen sabor, pero difícil de comer.
 

 

 
Como se puede observar, ya hemos puesto un par de pegas a los postres. Y ahora va la más grande. Algo que consideramos un error. El tercer postre fueron higos asados con una conserva marina. Conserva marina, sí, erizo. En el interior del higo cocido, que estaba muy bueno porque conservaba la dulzura, nos encontramos erizo de mar. Desde nuestro punto de vista, difícil combinación, y consideramos que era más un aperitivo que un postre.
 

 

 
Faltaban, dos buenos dulces. Tartaleta de fresas con nata en la que la fresa era en forma de sirope y la nada de espuma. Buenísima. Nos hubieramos comido 20 de esas. Y por ultimo, titulado “rayando lo imposible”, un canutillo de crema delicioso al cual le tienes que rayar de una piedra (de azucar solidificado) su propio azucar glasé. Otra sorpresa graciosa, y ambos dulces estaban deliciosos!
 
 

 

 
Los petit fours con los cafés vinieron en una presentación majestuosa, en forma de 7 pecados capitales, y teníamos que ir adivinando que pecado se correspondía a cada bombón. Adivináis cual nos gustó más?
Para concluir, y no obstante la objeción mostrada en los postres, Mugaritz fue una de las experiencias más increíbles que hemos vivido, dentro y fuera de un restaurante. Fue un juego comer su menú, por este motivo nos gustaría concluir afirmando que nos lo pasamos como niños. Animamos a todo amante de la cocina contemporánea que planee una visita allí, vale mucho la pena.
 
 
Restaurante Mugaritz
Aldura Aldea 20
20100 Errenteria (Guipúzcoa)
Telf: 943 52 24 55
 
Precio: 220 euros por persona (vino incluido)
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Dos Cielos: Un cielo al que fácilmente le cabría otra estrella.

Ayer tocamos el cielo. Casi de manera literal. Situado en el piso 24 del Hotel Me by Meliá de Barcelona se encuentra situado el restaurante de los Hermanos Torres, el Dos Cielos. Sergi y Javier Torres ya hace años que trabajan juntos en Dos Cielos, pero su currículo anterior ya brillaba por separado. Uno, jefe de cocina de Can Fabes (Sant Celoni), el otro, brillando en los mejores restaurantes de París. La joint venture familiar que estos dos hermanos han creado en Barcelona tenía que salir bien por narices. Y como era de esperar, con trabajo y esfuerzo hasta salen por televisión ahora…dos fenómenos.
 
La velada empieza siempre por la cocina en Dos Cielos. Era la segunda vez que visitábamos el restaurante, y en ambas ocasiones hemos entrado por la cocina. Detalle muy auténtico y que todo comensal siempre agradece. Todo impecable, equipo de trabajo a toque de corneta y los Hermanos Torres que liderando el equipo, se permiten el lujo de parar un momento para estrecharte la mano y desearte que disfrutes de la experiencia. El servicio, nos mostró el comedor y nos ubicó en nuestra mesa situada en la terraza. Unas vistas y una atmósfera espectacular nos acompañaron durante toda la cena.
La cena fue propia y a la altura de la estrella Michelin que poseen. De hecho, uno de los temas que comentamos durante la cena es que, en lo que a comida se refiere, quizás merecen más que una sola estrella. Nos recordó bastante a ABaC, y recordemos que en nuestro última visita allí (link ABaC) discutíamos si las dos estrellas que tienen podrían ser tres. Existe una diferencia importante entre ambos, y creemos que los señores de Michelin le dan mucha importancia: la ubicación y las instalaciones. ABaC en sí es un hotel, de superlujo, y situado en Sant Gervasi. Por lo contrario, Dos Cielos está dentro de un hotel ubicado casi tocando al Forum. No tenemos dudas de que aquella zona acabará explotando y este restaurante liderará dicha explosión, pero hasta el momento están limitados a una estrella Michelin.
 
Entremos a lo importante, no dudamos ni un segundo en qué teníamos que tomar. En este tipo de restaurantes te tienes que meter de lleno al menú degustación. Previo a elegir eso, para acabarnos de convencer, nos sacaron dos aperitivos. Primer aperitivo, símil de tomate de la huerta, pero confitado y rellendo de un pescado macerado similar a una sardina, la arena del tiesto también comestible era maíz tostado con malta. El segundo aperitivo eran unos snacks de un símil de batata brasileña con un cremoso interior de gusto parecido al wasabi pero sin la vuelta picante de éste.
El menú consistió en 7 platos y 2 postres. Para empezar, consomé de ave, almendras de leche y cecina y a continuación granizado de tomate, olivas y ahumados de río. Ambos platos muy contemporáneos. Clara muestra de cocina moderna. El consomé en forma de gelatina, y en segundo lugar la sopa de tomate y aceite de oliva granizada. En paralelo a esto, un mundo de pequeños detalles. Las almendras de leche eran espectaculares, una fina capa de leche recubriendo una almendra fresca, los ahumados de río del granizado tenían mil sabores…en fin, empezábamos con fuerza la cena.
 
A continuación nos sirvieron una ensalada fría de garbanzos verdes con humus. Los garbanzos verdes son totalmente atípicos, no los dejan madurar por eso ese color, y el humus tenía un sabor cítrico, a lima. Combinación perfecta. Después de este nos sacaron una crema de ajonegro de las pedroñeras. El ajonegro es el resultado de tener el ajo durante 40 días a 40 grados, éste fermenta y pierde todos los componentes picantes y duros de este producto. El resultado, una crema con unas especies y aromas florales deliciosa.
Ya habíamos acabado con los “starters”, íbamos camino a lo bueno. Carabinero a la plancha, en su jugo y con cilantro. Este plato tiene un ritual para comérselo. Al venir de comer el ajonegro, había un suave regusto que se mantenía en nuestras bocas, por este motivo (y como está todo pensado) nos indicaron que antes de empezar con el carabinero, debíamos comernos una bolita verde que acompañaba el plato. Esta composición verde tenia un efecto limpieza de sabores en boca que permitía poder volver a empezar. Nos comimos el carabinero como si fuera el primer plato del menú. Excelente.
 
Y ya solamente nos quedaban dos platos. Pescado y carne. El pescado fue un Santpere meunière con unas perlas de almendra. El Santpere es un pescado blanco suave, similar de gusto al lenguado que estaba perfectamente elaborado. Por último tomamos una espaldita de cabrito que como no podía ser menos, estaba súper tierna y jugosa. No podía haber mejor manera de acabar con la cena.
Los postres: pre-postre salvaje y postre principal con inspiración a copazo. El pre-postre era un postre basado en los frutos rojos silvestres. Bizcocho de frutos rojos desmenuzado que hacía de base terránea para acompañar un sorbete delicioso de frambuesa y los frutos silvestres. Muy original. Por último, el postre por excelencia Gin-Tonic. Mezcla elaborada de mil maneras de los componentes que lleva el copazo. Gelatina de tónica, sorbete de lima, bizcocho de ginebra con azúcar, acompañado de un baso de tónica con cardamomo y pepino. Curioso modo de tomarse el digestivo. La verdad es que nos pareció súper original. Un 10!


En definitiva, la experiencia es más que recomendable. No hace falta ponerles más méritos de los que ya les hemos echado. Nuestra opinión es que como sigan trabajando así Dos Cielos pronto tendrá la segunda estrella Michelin.
 
Dos Cielos
Carrer Pere IV, 272-286 
08005 Barcelona
www.doscielos.com
 
Precio por persona 130 euros (vino incluído)

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