Bambarol, sin duda el descubrimiento del mes.

 
En medio del cotarro nocturno de Barcelona, en la calle Santaló, hace relativamente poco que han abierto un nuevo restaurante. Bambarol fue una muy grata sorpresa. Los chefs Albert Ferrer y Ferran Maicas se aventuran en solitario a darle a esta ciudad otro local de nivel después de haber pasado por cocinas estrelladas como las de Saüc, Bulli, Celler y Ohla. La intención de este par de chefs es recuperar la cocina de sus abuelas y de su tierra de la manera mas moderna, plan tapitas. No es el típico restaurante dónde hay entrantes, primeros y segundos. En Bambarol tienen una carta bastante amplia de tapas de, más o menos, los mismos precios. El servicio quiero enfatizar que fue excelente, te recomiendan que elijas entre 3 y 4 tapas por persona, y son muy amables y dicharacheros en todo. Siempre hemos pensado que un buen servicio es imprescindible para fidelizar al cliente, y aquí este aspecto es brillante.
 
Bueno, en materia. En Bambarol separan la carta entre tapas frías y calientes, y no se complican mucho la vida. Entre las frías: boquerones, anchoas, jamoncito y 4/5 ensaladas elaboradas. Entre las calientes, bastante variedad, desde unos canelones de champiñones, hasta unas vieiras con papada, pasando por un tataki de ternera o un arroz. Todas las tapas calientes bastante elaboradas, y, el denominador común, todo muy chic y contemporáneo.
 
Nosotros hicimos caso al servicio, somos buenos niños, y elegimos 6 tapitas tal y como nos habían recomendado. Vamos al lío!
 
Empezamos con croquetas de jamón ibérico y de rostit de pollastre i foie. Caseras caseras. Cremosas, muy sabrosas. Hay quién cataloga los restaurantes de tapas por el nivel de sus croquetas, y estas, eran meritorias de “top restaurant”.
Ensalada de tomate, sandía y queso de cabra. Sencilla y fresca. Muy buena combinación de sabores junto con un buen chorretón de aceite de oliva del bueno. Desde nuestro punto de vista, la opción más “diet” de toda la carta, y bien sabrosa!
Salmón marinado y aguacate. Quizá fue la tapa más normalita. Salmón de calidad y curiosa mezcla de sabores con el aguacate. Suave de textura, y muy sabroso.
 
Calamares a la romana con allioli de tinta de calamar. Era una tapa peligrosa. Somos 0 de fritangas, y con esta corríamos mucho riesgo. Ejecución excelente. Fritura muy poco aceitosa, y el allioli suave y con aroma a tinta de calamar. Muy recomendable.
El arroz cremoso de setasno estaba mal. Quizá no es el mejor arroz de Barcelona, pero es muy digno y muy correcto. Principalmente elaborado con ceps, cosa le da consistencia a su gusto. Nos gustó bastante.
Ya por ultimo, Pulpo “a la llauna”. Que por qué “a la llauna”? Pulpo a la brasa, y la patata “al caliu” en lugar de hervida. Una manera distinta de tomarse un buen pulpito. Nos encantó.
Los postres, al mismo nivel. Por un lado tomamos el Melón Mojito, melón con textura fría con helado de mojito y un chorrito de ron. Bien, digestivo y ligero. Por otro lado, nos lanzamos a por la “torrada de Santa Teresa” con helado de nata y canela. La “torrada de santa teresa” es como una torrija, pan mojado en leche y rebozado con azúcar. Estaba bastante buena y nos resultó curiosa la mezcla de conceptos: lo “oldie” de una “torrada de Santa Teresa” juntado con la modernidad del local y de una mezcla de helado.
Lo dicho, nos llevamos una buena sorpresa con este restaurante. Fácil para cenas de grupo y para compartir tapitas en pareja. Les deseo mucha suerte!
 
Bambarol
Carrer Santaló 21, 08021 Barcelona
Telf. 932507074
reserva@bambarol.cat
 

 

Precio por persona: 30-40 euros  (con vino)
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Tickets: La vida tapa i la tapa atípica por los hermanos Adrià e Iglesias

El pasado jueves fuimos a cenar al Tickets Bar, de los hermanos Adrià e Iglesisas. La dificultad para conseguir mesa lo hace un restaurante atractivo e inaccesible, y una vez te encuentras delante, en la esquina de Paral·lel con la calle Tamarit de Barcelona lo observas de reojo con mucho respeto. Mesas llenas, turistas, y mucho, mucho servicio. Llega la hora de entrar a cenar, te acercas a la puerta, y antes de entrar dos recepcionistas te preguntan si tienes reserva, si no es así, hoy no podrás disfrutar del espectáculo. El restaurante es vivo, iluminado, raro y divertido. Esquinas decoradas a todo lujo, tomates colgados del techo, gatos dorados chinos de brazo móvil, gente de gala, otros de chándal y camareros vestidos de domadores de leones. Y por allí paseándose Albert Adrià, quién controla todo el espectáculo y ejerce de león protagonista del circo. Es entrar allí y no sabes cómo, pero el respeto y la sensación de inaccesibilidad se han quedado en la puerta, ahora dentro, solo hay jaleo, servicio alborotado y música de fondo a ritmo de Estopa o Antonio Flores.
 
Es en aquél momento en el cual me dí cuenta del porqué del «boom» tickets. Por su diferencia con todos los demás restaurantes estrella. Sabes que cenarás como nunca, en un entorno informal, no clasista y apto para todo el mundo. Esta es la clave de su éxito, que Tickets es para todo el mundo. Aún así, creo que este hecho, sera el que limíte a sus estrellas Michelín. Motivos? por lo que más de una vez hemos comentado en este «Blog»: los repartidores de estrellas quieren ambiente selecto y un local agradable y tranquilo y, aparte, una comida excelente. Y Ticket tiene una comida exquisita, pero para todo lo demás, es lo contrario. Hasta el absurdo de que medio comedor se puso a cantar el cumpleaños feliz a una chica, todos animados y organizados por el servicio del propio restaurante. Increíble. Estamos convencidos de que su voluntad es ser así, saben que todo el mundo quiere ir al menos una vez a cenar al Tickets, porque son así, un restaurante distinto.
 
Es por esto que voy a dedicarles mi post del mismo modo en que me pareció su cena. Tratando de sorprender y de ser atípico, de ser comentado y criticado. Empezando a contar nuestra cena por el final. Con un matiz del inicio de la velada, y es que como siempre que vamos a estos sitios nos dejamos sorprender a la hora de que nos sirvan la comida. Casi ni abrimos la carta.
 
Acabamos la noche en el 41º, en el que ya habíamos estado, pero siempre que estés cerca de Tickets es una buena ocasión para ir a tomarte un cocktail y unos snacks. 41º también es poseedor de una estrella Michelín y mucho más accesible que Tickets. Para quién no lo sepa, 41º y Tickets comparten local y propietarios, es por eso que es un muy buen sitio para conocer un poco lo que hacen estos artistas contemporáneos, ya que comparten algunos de sus snacks entre ellos. El local es muy íntimo y moderno, todo lo contrario que Tickets. Sus cocktails son todos especiales y distintos a lo habitual. No hagáis la mítica de «un gin tonic con fever tree»…vais a conseguir que os odien. Dejaros recomendar y no tengáis miedo. Nosotros tomamos cocktails basados en: gin con agua de manzana, otro de ron con cerveza de jengibre, un bourbon con cafe y un gin con aspecto a pisco sour. Una pasada!
 
Los postres fueron lo que menos nos sorprendió, aunque estaban deliciosos. Creemos que tienen mucho rango de mejora en este aspecto, tienen el listón muy alto en la calidad de las tapas y para nuestro morro, los postres, aunque exquisitos, no son tan modernos como las tapas. El primero: cupcake de tiramisú, un show. Todo comestible, envoltorio del cupcake incluido. Después de este, un pastel tibio de turrón de jijona con helado de frambuesa. Una especie de couland tremendo, pero de turrón. Genial. Ya por ultimo el Kinder del Tickets, una especie de Kinder Bueno con base de neula, toffee saldo, y múltiples chocolates. Empalagoso si, pero sorprendente también.
Empezamos ahora con las tapas, una a una, bienvenidos al circo de la vida tapa. Primero nos llenaron la mesa con aperitivos. Tempura de cacauetes (by Bulli), mimético de calamar frito, mimético de cacahuetes y la pizza del Tickets. El concepto mimético significa «copia», «simil», «mimo». Este concepto que a nosotros nos gusta tanto: comida que son una cosa, pero que parecen otra. El mimético de cacahuete en realidad eran galletas de miel y cacahuete en forma de cacahuete, aspecto 100% a cacahuete, sabor 100% galleta. La pizza era una base de hojaldre con sabor a albahaca y tomate, y dos toques de queso y crema de albahaca, y por ultimo, y el que más nos sorprendió, el mimético de calamar frito. Aspecto a calamar frito, pero sabor a galleta de arroz con sabor a azafrán y aroma a calamar. Volaron rápido de la caja.
Seguimos con las Oliva-S del Tickets y el Viaje Nórdico. Para nuestro gusto, las dos «mariconadas» más creativas y que más nos gustaron de toda la cena. Las Oliva-S eran de dos tipos distintos, gordal y verdial, para quién no es experto en olivas, una era la típica sevillana de sabor suave, y la otra, la típica oliva rota chafada que generalmente se mezcla con ajitos y pimientos, mucho más fuerte de gusto. Las Oliva-S Tickets existen desde la época en Bulli, y son muy muy especiales. Consisten en una membrana rellena de extracto de oliva. De 6 olivas convencionales nace una oliva Tickets. Cuidado con el hueso! El viaje nórdico consistía en una tostada montada de ternera ahumada con eneldo, especies y polvo de vinagre. Tele-transportación automática a Olso. Genial.
Tomamos seguidamente un par de «ensaladas». La primera, ensalada de naranja «Lola». Gajos especiados de naranja con jugo de aceituna gordal. Mucho sabor a especie, a nuestro parecer, plato con claro acento marroquí. La segunda, ensalada de tartar de cereza y atún. Fresca, suave, genial.
A continuación, a por los mariscos. Ostra bloody, navajas con escabeche de pollo, almejas al estilo chino, buey de mar en canelón de aguacate y una de chanquete. Los 5 productos del mar que nos sirvieron eran de una calidad tremenda. Tapas clasicas con toques contemporáneos. ¿O acaso es habitual mezclar una ostra con bloody mary? ¿Y una navaja con pollo? La ostra genial, enórme y súperfresca. De éstas que una vez tomas la primera, te tomarías media docena. Con las almejas al estilo chino, con algas y agridulce, también nos gustaron mucho por su calidad. Tubimos la misma sensación que con la ostra: We want more! La navaja con escabeche y el buey de mar fueron tapas mas atípicas por la mezcla de sabores, y el chanquete con huevo un clásico de la tapa del sur.
Y ya por último una ternera gallega a la brasa que habla por si sola. Os dejamos foto, para que juzguéis vosotros mismos. Carne excelente. Sinceramente, no me imaginaba que allí (no olvidemos que Tickets es un bar de tapas) tuvieran una carne de tanta calidad y tan bien cocinada.
En general y a modo de conclusión, es un «must» para todo el mundo. Sabemos que es difícil encontrar mesa, reservaros una ocasion especial para el próximo año, acceder a su web y cruzad los dedos que tengan mesa libre. Vale mucho mucho la pena, por la comida, por el ambiente, por todo. Es uno de éstos sitios que, al igual que pasó con el Bulli, el día que deje de existir podremos decir: «Yo estuve cenando en Tickets».


Tickets Bar
Avinguda Paral·lel 164, Barcelona
reservas@ticketsbar.es
www.ticketsbar.es

Precio: 80 euros por persona
Copa en 41º: 15 euros de media

Vino: Venta las Vacas (DO Ribera del Duero) & Cervesa Inèdit

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Neichel: Bravo al señorío y la experiencia.

 
Esta vez nos apetecía tirar de un clásico, de elegancia, de señorío, de «retro». Suelen ser restaurantes «valor seguro: comes bien, pagas bien»; y por supuesto, Neichel esta en la lista de «clásicos por excelencia» de Barcelona. Jean-Louis Neichel, tiene su restaurante situado en el barrio de Pedralbes, a pie del hotel AC Victoria Suites. El ex-cocinero del Bulli (antes de que fuera a parar a las manos de Ferran Adrià) lleva 33 años sirviendo clase y calidad en Barcelona, y esto lo pueden afirmar muy pocos. Sabíamos que, ante tal experiencia y veteranía, cenaríamos bien. Así fue, una cena de entrantes, primero, segundo y tercer plato, modo menú de boda, muy distinto a lo que vienen siendo los menús degustación de los restaurantes más modernos y contemporáneos y, la verdad, es que no nos faltó de nada. El local, ligeramente rococó, creo que es el gran valedor de la estrella michelín que dispone Neichel; tranquilo, amplio, elegante y situado en un buen barrio de Barcelona. Por clase, tradición y buena velada, un «bravo» (con acento francés) por el Restaurante Neichel.
 
Los entrantes, los 4 de golpe, fueron, una royale de foie gras y espejo de venado (ciervo),  sardina marinada con quinoa y gelatina de vermouth, steak tartar y crema de castaña y calabaza. Nada espectacular, pero todo de gran calidad. Quizá el mejor la crema de calabaza, suave, espumosa, con un primer sabor muy a calabaza y una vuelta a castaña. La royale y la sardina fueron curiosos entrantes, quizá los platos mas contemporáneos de lo que nos quedaba de cena, y para nosotros, el steak tartar normalito. Nada nuevo, eso sí, una delícia.
Como segundo entrante, nos sirvieron una ensalada de foie y setas salteadas. Sencillo, fresco y ligero. Foie micuit junto con unas setas recién salteadas. Genial mezcla de sabores y temperaturas. Nos gustó tanto el aspecto, que desapareció tan rápido de la mesa, que no hay ni foto.
 
De primero, rissotto de butifarra del perol de Ventalló, gamba, trompeta de la mort y parmesano. Un 10, sin ningún tipo de duda, el mejor plato de la noche. Fuerte de gusto, la mezcla de gamba, con butifarra, con el aroma de la trompeta de la mort tenía un compás perfecto. Delicioso!
El primero de los dos platos principales, pescadito. Lubina con merluza, pulpo y macarrón de calamar. Muy curioso el macarrón hervido con la tinta del calamar. Sabrossísimo. La materia prima excelente y todo perfecto.
Y para concluir los principales, un clásico de la comida hispana, cochinillo de Castilla confitado. Cítrico, compota de manzana y col lombarda a la canela. Apuesta segura. Tradicional y quizá aburrido, pero tierno y sabroso. Patata y boniato cocido, un cochinillo tierno y la compota perfecta.
Los postres Neichel raros. El clásico «pijama»: platazo con de todo. Mil tartas, helado, flotante de merengue, arroz con leche, en fin, una bomba para acabar el copioso menú.
Desde nuestro punto de vista, cena completa (quizá demasiado por el casi-empacho), y todo de una calidad exquisita. A nuestro parecer, es un restaurante de esos que sirven para cerrar negocios: servicio excelente, comidas de 4 horas, café, puro y copa. Y como las comidas de negocios nunca faltarán, Neichel podrá seguir sirviendo clase y calidad 33 años más.


Restaurante Neichel:
c/ Beltrán i Rózpide, nº 1-5
 08034 Barcelona
Tel. 93 203 84 08

 neichel@relaischateaux.com

Precio por persona: 80 euros

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ABaC de Jordi Cruz, dos estrellas michelín que deberían ser tres?

A razón de toda la polémica causada el pasado mes de Noviembre por la no-otorgación de la tercera estrella michelin al Restaurante ABaC de Jordi Cruz, decidimos que esta vez, el regalo de cumple de mi hermano sería una cena allí. De este modo, podríamos valorar con nuestros propios morros, y bajo nuestra opinión si la merecen o todavía les queda tiempo de trabajo para conseguirla. Nuestra herramienta comparativa para valorar seria el recuerdo de la cena del pasado Setiembre en Sant Pau de Carme Ruscalleda (http://morroexquisito.blogspot.com.es/2013/09/sant-pau-de-sant-pol-de-mar-carme_23.html), que actualmente esta galardonado con 3 estrellas michelin.
 
ABaC se encuentra ubicado en la zona alta de Barcelona, en un inmueble fantástico en Avenida Tibidabo. Moderno, Lujoso, bien situado…la verdad es que este fantástico complejo Restaurante&Hotel lo tiene todo. Para acceder al restaurante tienes que bajar a la planta -1 y te encuentras casi en medio del comedor. Ascensor y bullicio, clara muestra de encontrarte en medio de una gran ciudad como es Barcelona. Ni rastro de la tranquilidad y del silencio majestuoso que nos encontramos en el comedor del Sant Pau. Y creo que esta diferencia, puede estar marcando el criterio del señor michelin que reparte las estrellas. La realidad es que el comedor del ABaC aunque moderno y elegante, carece de la finura y tranquilidad que tenía Sant Pau. Quizá la causa es porqué uno se encuentra en Barcelona y el otro en Sant Pol? Quizá también puede ser porque en el comedor de ABaC hay más mesas de las que debería si quisieran regalar esta tranquilidad al comensal? En fin, no es una crítica, simplemente una observación. Respecto al servicio y al sommelier, excelentes, un 10.
 
Y vamos a lo que estamos, la comida, que a modo de resumen, y en términos generales, fue excelente. Cocina creativa si, y mucho, pero sin perder los orígenes mediterráneos, «de la terra», sabores clásicos y elaborados de manera contemporánea. Un buen rato de relax, y una experiencia muy recomendable.
 
Para empezar el menú gran ABaC, un par de cocktails: Mojito helado de menta y lima, y Bloody Mary de mariscos. El Bloody Mary era en forma de nieve. Frío por el proceso de nieve al que estaba sometido, y acompañado por berberechos, navaja y anchoa. El mojito se tomaba en dos partes, la primera consistía en chupar el trozo de caña de azúcar de la izquierda de la imagen, sorberlo casi. Una delicia. La segunda parte, constaba de una gelatina de lima, con unos cortes de manzana, un jugo ácido y «on the top» helado de menta y lima, todo servido dentro de una cascara de lima. La sensación que dejaba no se puede describir mejor que con las palabras que justo dijo mi hermano al acabar de tomarlo: «Yo debería estar en el Caribe tomando miles de éstos todo el día».
El segundo de los entrantes fue sorprendente. Inicialmente nos presentaron un plato con una especie de granulado, y una ridícula bola de helado. De entrada se nos quedó cara de «me están tomando el pelo» (pensé: «esto cabe en media cucharilla de café»), pero el camarero, que nos vio las caras, nos informó que debajo del granulado había una mantequilla de foie, el componente principal del plato. El granulado era de maíz, y el helado era de mole. La mezcla entre los tres era muy interesante.
Después de estos 3 entrantes nos metíamos de cabeza en los 9 platos principales, por los que pasaríamos por todos lados, carne, pescado, clásico, contemporáneo, foie, trufa, thai, Palamós, pasta….en fin, de todo un poco, así que mejor vayamos uno por uno.
 
Gnoquis de parmesano con setas crudas, nueces, aceite de trufa y agua de hongos con citronela. Unos ñoquis que no eran ñoquis, con setas crudas que no parecían crudas…entramos en el juego del comer cosas que no parecen ser esas cosas. Los ñoquis eran esferas líquidas de parmesano, una bola que explosiona en la boca soltando su interior líquido que, en este caso, era con sabor a parmesano. Habíamos probado algo parecido en el 41º en misma forma y estilo, pero en sabor y color a aceituna verde. La ya archiconocida como oliva Bulli.  Este ñoqui resultó muy sorprendente también.
Los «calçots» confitados con romesco helado y carbón ahumado fueron brutales. Me encantó, por creatividad y barrida hacia casa plantando un manjar tan «de la terra» en su menú. El calçot espectacular, con un romesco helado muy curioso, y lo mejor, el carbón, una especie de pan tostado con un agradable sabor a quemado. Genial.
Posteriormente, «raviolli» de guisantes con panceta ibérica y caldo de langostinos thai. Plato oriental, muy especiado por el caldo y la verdura, pero con pinceladas locales: el guisante y sobretodo la panceta, que protagonizaba el plato con la envoltura de «raviolli» y los dos tendones de ternera que acompañaban. 
El steak tartar también era muy poco convencional. El bistec de tártar era ahumado y aliñado de un modo especial, la yema de huevo cocinada y casi imperceptible. «On the top» una crema de mostaza antigua deliciosa, y de base, crujiente de pan a la pimienta. En definitiva, un tártar distinto, probablemente el más distinto que hayamos probado nunca.
El siguiente plato es un clásico del Restaurante, su particular «Sopa de ceba». Otro guiño a la cocina local catalana. Para quienes hayan probado alguna vez la clásica «sopa de ceba» con su quesito fundido en un frío mes de Febrero, les voy a decir que no tiene nada que ver. Base de agua de cebollas, yema curada (cocida en frío), esferas líquidas de queso (distintas a las de los ñoquis) y trufa negra. Como un puzzle, coge un plato clásico, y conviértelo a piezas en uno nuevo. Bravo por este nuevo concepto de «sopa de ceba»!
Aquí va el que para nosotros fue el grave error del menú. No nos gustó. principalmente porque se cargan una de las materias primas que más nos gustan. Una gamba de Palamós exquisita, marcada en plancha y simplemente brutal por si sola, que, en este caso, se ve mezclada con una bola de pan de curry, dos crujientes de cerdo y un jugo de cabezas de gamba que a nuestro gusto era demasiado fuerte. El pan de curry excesivamente picante, y el crujiente de cerdo estaba rico, pero por si solo, no mojado en el jugo de cabezas de gamba. En fin, que para gustos, colores, pero este no nos gustó demasiado. De todos modos, materia prima buena buena!
Ahí va la pasta. Nos sorprendió que hubiese pasta en un menú degustación. Puede resultar, peligroso, por simple y vulgar, pero esta era estelar. La pasta hervida en un agua de calamar sabia a mar puro, y mezclada con las «espardenyes» (en castellano, «cohombros de mar» o «zamburiñas»: marisco muy parecido a la navaja, aunque mas jugoso y tierno) confeccionaban un plato simple, sencillo y delicioso. Matricula de honor. 
Nos quedaba una de pescado y una de carne antes de entrar en los postres. El pescado, anguila plancha con coliflor. Acompañada de fake-anguila y coliflor. Entender «fake-anguila y coliflor» como esfera liquida de anguila y coliflor. Quizá sí, lo sabemos, exceso de esfera líquida en el menú, pero oye…. «si una cosa funciona, no la toques!». La realidad es que la anguila estaba justo en su punto de cocción: tierna y sabrosa, muy a pesar de parecer un pescado duro. 
 
Ya solo quedaba la ternera. Que consistía en 3 trozos, cocinados de manera distinta. El meloso que nos habíamos encontrado con el «raviolli» de guisantes, ternera de cocido y meloso de ternera. La 3 elaboradas fantásticamente, con su salsita rica rica y acompañada de ceps. Genial para acabar.
 
Entrábamos en el maravilloso mundo de los postres. Nos encantan los dulces, y más los de restaurantes como estos. Teníamos por delante 3 postres muy distintos.
 
El primero Yuzu, con miga de pan de yoghur y albahaca. El yuzu es una fruta japonesa ácida, a medio camino entre el limón y la mandarina. Pues de esta fruta nos enseñaron 3 facetas: en crema, en sorbete y al natural. Iba acompañada de una miga de pan de yoghur que ayudaba a neutralizar el ácido del yuzu. Primer postre excelente, fresco y ligero, como era de esperar. 
En segundo lugar, no podía faltar el chocolate. Base de pan de aire de chocolate con leche, con un «churro» de chocolate blanco dulceado de leche. Podemos describirlo mejor, pero no nombrarlo de otra manera. Choco blanco mezclado con dulce de leche. Bajo el aire de pan llevaba una mermelada que hacia que el postre no fuera nada empalagoso. Aunque parezca mentira, no lo era!
Y para terminar, antes de los «petit fours», el último postre. Un cupcake muy particular. De merengue, fresitas y rosas, del cual te comes hasta el papel, pero porque es comestible. Helado de rosas, con fresitas al natural y trocitos de pie con el merengue. Ni un «pero» a ninguno de los tres postres, fantásticos.
Aquí os dejamos imágenes de los petit fours. Variado, el particular «pa amb oli i xocolata» y el pintalabios ABaC.
Vino tomado: Planots 2008 (D.O. Priorat): 85 eur.
 
 
La conclusión es que fue una gran velada. ABaC es un restaurante muy recomendable para una ocasión especial, que mientras sigan así, año tras año van a seguir oyendo campanas de tercera estrella michelin. Por su cocina, su carta de vinos, su servicio y su ubicación. Mientras tanto, a seguir trabajando e innovando!
 
Restaurante ABaC:
Avinguda Tibidabo 1
08022 Barcelona
info@abacbarcelona.com
 
Precio: 190€ por persona (vino incluído)
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Espai Kru by Rias de Galicia

El pasado miércoles 30 de Octubre visitamos Espai Kru, espacio que nos encontramos en la planta de arriba del Restaurante Rías de Galicia. La historia de este Espai Kru es más que curiosa, una muestra de cómo evolucionar y reactivar un negocio. Ante la crisis actual y la caída catastrófica del consumo, los hermanos Iglesias tenían dos opciones: o bajar los precios de su “marisquería” o reinventarse, y eligieron esta segunda opción. Espai Kru ofrece un concepto de marisquería en crudo, que gracias a la normalización de comer crudo gracias al boom de la comida japonesa, llevan un tiempo con plena ocupación en sus mesas.
Nuestra velada empezó con un par de copas de vino blanco en la barra, y eso nos llevó a ir de Verdejitos toda la noche. Ante la carta, seguí el consejo que me habían dado mi hermano y un par de amigos mas. Dejaros aconsejar. Espai Kru es garantía de producto 100% calidad, y que cambian y elaboran su carta según la temporada, así que preferimos hacer una “comida a ciegas”, sin saber lo que nos iban a servir.
 
La cena empezó con unas anchoas con base de pimiento y crema de manchego sublimes. El tema empezaba fuerte! Detrás de las anchoas, unas ostras con miso y huevas de salmón (estilo japonés) y otras con ceviche y cítricos que nos metieron directamente la sensación en el cuerpo de “ostias, qué bien vamos a comer hoy”.
La cena iba de crudos, langostino con ceviche y una navajadeliciosa con un jugo que aún intento resolver a qué me recordaba. Ambos jugos que acompañaban eran deliciosos, y la camarera nos invitó a beber directamente del “plato” al haber acabado con el langostino. Un poco atípico, pero muy muy interesante.
Vamos a seguir en krudo. A por los sashimis! Primero corte de calamar con erizo de mar. Personalmente, el sashimi de calamar siempre me ha parecido arriesgado, tiene un corte difícil y una textura en boca que puede resultar desagradable si la carne esta dura. Esta vez, otra historia, carne tierna sin perder la textura del calamar y un sabor a mar brutal. El segundo fue un sashimi de dorada con ceviche. Y el tercero un sashimi de toro. El toro es una carne muy similar al atún pero mas grasa, y sabrosa. Espectacular.
Nos quedaban por llegar los platos estrella. El visualmente mas espectacular fue el Salmonete con ceviche. El plato consistía en un sashimi de la pieza XL de salmonete con ceviche y cítricos. Si alguna vez visitáis el restaurante, no perdáis la oportunidad de pedir el salmonete.
Ya entrando a los platos principales, tártars. Tártar de ternera Kru y de Toro. La ternera Kru era un waygu super sabrosa, y la ejecución del tártar excelente con el justo de picante, de huevo etc,etc… El de toro mas de lo mismo, una pasada!
 
Ya por último, el único no Kru de la noche: Rodaballo frito. Otro plato que no podéis dejar de pedir si visitáis Espai Kru. Todo buenísimo, pero ojo a la casuística: estaba mas buena la espina frita (toda comestible) que la carne del pescado frito. La mostaza cremosa con la que podías mojar el pescado y las especies marroquíes estaban también a la altura del plato. Plato perfecto!
No teníamos hambre para mas, y nos habían recomendado tomarnos un gintónic en Espai Kru. Creo que fue una buena elección “pasar del postre”. Tiene un gran surtido de ginebras, yo personalmente elegí una ginebra destilada en Catalunya que no había tomado nunca: Port of Dragons que me mezclaron con una tónica de la cual no recuerdo el nombre, pero el barman me comentó que era italiana. Si alguien me puede ayudar.. Conclusión, una copa fresca y ligera.
 
En fin, una gran velada, y muy poca crítica. Lo único, que el espacio en sala podría tener un poquito mas de calidez, de aire “especial”.
 
ESPAI KRU
Dirección
C/ Lleida, 7, 08004 Barcelona
Horarios
Lunes – Domingo
13.00 – 16.00 h
20:00 -23:30 h
Teléfono:
93 424 81 52
 


Precio: 95 euros por persona (copa incluída).



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Sant Pau de Sant Pol de Mar. Carme Ruscalleda.

El pasado miércoles 18 de setiembre fuimos de visita a Sant Pol de Mar a degustar el archiconocido Restaurante Sant Pau, de Carme Ruscalleda. Para quien no lo conozca, Carme Ruscalleda, pertenece al club de las 3 estrellas Michelin, que en España solo poseen Arzak, Berasategui y los hermanos Roca.
Nosotros fuimos directamente a por la cena, pero Sant Pol parece un pueblo muy Mediterráneo y muy propenso a realizar un paseo pre-cena para ir abriendo el estómago. Yo lo recomiendo, la cena será larga, apta para estómagos vacíos. De este modo, llegamos a Sant Pol, en coche y directos al restaurante. Te percatas rápidamente que has llegado ya que hay un aparcacoches en la puerta que te indica en que lado de la pared del parking abierto tienes que dejar el coche, todo muy familiar, muy catalán esto de dejar el coche en la era, arrimando a la pared para que el siguiente que llegue pueda aparcar también. Mucho estilo.
 
Una vez dentro, el local es maravilloso. Imagino que era una antigua casa típica del Maresme, en primera línea de mar y con metros y metros de casa por explorar. La transformación de casa a restaurante es exquisita, un comedor de ventanal enorme con vistas al jardín en tonos crema, vino y morados. No se porqué pero me pegan mucho con Carme Ruscalleda.
El servicio empezó ofreciéndonos una copa de cava, una edición especial realizada para el 20 aniversario del restaurante, el CR20 y un aperitivo compuesto de una croqueta de arroz y setas, un milhojas de crema de bacalao y como un creo que atún marinado.  Empezábamos bien. Ya para acabar el aperitivo, un salmorejo de melocotón y la típica “Coca de Verema” estilo Sant Pau. Una delicia. Íbamos a por lo bueno, los platos principales.
 
El bogavante con espuma de leche de tigre fue algo espectacular, a mi paladar, el mejor plato de la noche. Siento una gran admiración por esta crema de origen sudamericano y su aromo cítrico. Ligaba a la perfección con el bogavante.
 
El canelón de langostinos y verduras fue el plato mas “nouvelle cuisine” de la cena. La pasta del canelón era de agua de mar, dándo una imagen transparente para que pudieras observar el interior del canelón y un sabor muy marítimo.
Las colas de gambas sobre tostada de mar, la clara demostración de la gran calidad del restaurante. Gamba deliciosa, fresca y que solo con la vista ya apetecía comer.
 
Desconocíamos los lloritos, un pez típico de Baleares, que nos fueron servidos fritos, sobre una base de alcaparra, oliva y vermut. A mi no me entusiasmó especialmente, pero, cosa de gustos supongo.
                                           
 
De segundo nos dejaron a elegir entre Pluma Ibérica, Pato y un Rape. Yo personalmente me decanté por la carne, ya que habíamos estado tomando pescado toda la primera parte de la cena. La pluma ibérica excelente. Tierna, sabrosa…en fin, de esperar.
 
Pasábamos a los postres con una degustación del queso del mes de Setiembre. Un queso de leche de cabra que nos lo sirvieron de 3 modos distintos, solo, mezclado con mermelada y hiervas y con un milhojas y mermelada.
Luego nos sirvieron unos higos con licor de arroz, también deliciosos y una crema de cítricos con naranja crujiente.
Ya por último, el Chocolate. Una mezcla de diferentes texturas de chocolate, con frutas y peta-zetas, un clásico de Ruscalleda. Otro 10.
Los cafés y los mil petit-fours que nos sirvieron nos los tomamos en el jardín, súper acogedor y con vistas a la cocina. Casi no pudimos con todos los petit fours que nos sirvieron.
A mi humilde opinión, Carme Ruscalleda intenta realizar una cocina con producto típico mediterráneo que recuerdes por su gusto y sabor en el paladar. Se deja de ostias de «esferificaciones» y cosas mas modernas, para optar por cautivarnos desde la boca y la humildad. Dicha humildad queda plasmada cuando a mitad de la cena la ves pasearse por el comedor preguntando que tal la cena y comentando la jugada con las mesas. A mi, simplemente me encantó Sant Pau de Sant Pol.
 
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