Tickets: La vida tapa i la tapa atípica por los hermanos Adrià e Iglesias

El pasado jueves fuimos a cenar al Tickets Bar, de los hermanos Adrià e Iglesisas. La dificultad para conseguir mesa lo hace un restaurante atractivo e inaccesible, y una vez te encuentras delante, en la esquina de Paral·lel con la calle Tamarit de Barcelona lo observas de reojo con mucho respeto. Mesas llenas, turistas, y mucho, mucho servicio. Llega la hora de entrar a cenar, te acercas a la puerta, y antes de entrar dos recepcionistas te preguntan si tienes reserva, si no es así, hoy no podrás disfrutar del espectáculo. El restaurante es vivo, iluminado, raro y divertido. Esquinas decoradas a todo lujo, tomates colgados del techo, gatos dorados chinos de brazo móvil, gente de gala, otros de chándal y camareros vestidos de domadores de leones. Y por allí paseándose Albert Adrià, quién controla todo el espectáculo y ejerce de león protagonista del circo. Es entrar allí y no sabes cómo, pero el respeto y la sensación de inaccesibilidad se han quedado en la puerta, ahora dentro, solo hay jaleo, servicio alborotado y música de fondo a ritmo de Estopa o Antonio Flores.
 
Es en aquél momento en el cual me dí cuenta del porqué del «boom» tickets. Por su diferencia con todos los demás restaurantes estrella. Sabes que cenarás como nunca, en un entorno informal, no clasista y apto para todo el mundo. Esta es la clave de su éxito, que Tickets es para todo el mundo. Aún así, creo que este hecho, sera el que limíte a sus estrellas Michelín. Motivos? por lo que más de una vez hemos comentado en este «Blog»: los repartidores de estrellas quieren ambiente selecto y un local agradable y tranquilo y, aparte, una comida excelente. Y Ticket tiene una comida exquisita, pero para todo lo demás, es lo contrario. Hasta el absurdo de que medio comedor se puso a cantar el cumpleaños feliz a una chica, todos animados y organizados por el servicio del propio restaurante. Increíble. Estamos convencidos de que su voluntad es ser así, saben que todo el mundo quiere ir al menos una vez a cenar al Tickets, porque son así, un restaurante distinto.
 
Es por esto que voy a dedicarles mi post del mismo modo en que me pareció su cena. Tratando de sorprender y de ser atípico, de ser comentado y criticado. Empezando a contar nuestra cena por el final. Con un matiz del inicio de la velada, y es que como siempre que vamos a estos sitios nos dejamos sorprender a la hora de que nos sirvan la comida. Casi ni abrimos la carta.
 
Acabamos la noche en el 41º, en el que ya habíamos estado, pero siempre que estés cerca de Tickets es una buena ocasión para ir a tomarte un cocktail y unos snacks. 41º también es poseedor de una estrella Michelín y mucho más accesible que Tickets. Para quién no lo sepa, 41º y Tickets comparten local y propietarios, es por eso que es un muy buen sitio para conocer un poco lo que hacen estos artistas contemporáneos, ya que comparten algunos de sus snacks entre ellos. El local es muy íntimo y moderno, todo lo contrario que Tickets. Sus cocktails son todos especiales y distintos a lo habitual. No hagáis la mítica de «un gin tonic con fever tree»…vais a conseguir que os odien. Dejaros recomendar y no tengáis miedo. Nosotros tomamos cocktails basados en: gin con agua de manzana, otro de ron con cerveza de jengibre, un bourbon con cafe y un gin con aspecto a pisco sour. Una pasada!
 
Los postres fueron lo que menos nos sorprendió, aunque estaban deliciosos. Creemos que tienen mucho rango de mejora en este aspecto, tienen el listón muy alto en la calidad de las tapas y para nuestro morro, los postres, aunque exquisitos, no son tan modernos como las tapas. El primero: cupcake de tiramisú, un show. Todo comestible, envoltorio del cupcake incluido. Después de este, un pastel tibio de turrón de jijona con helado de frambuesa. Una especie de couland tremendo, pero de turrón. Genial. Ya por ultimo el Kinder del Tickets, una especie de Kinder Bueno con base de neula, toffee saldo, y múltiples chocolates. Empalagoso si, pero sorprendente también.
Empezamos ahora con las tapas, una a una, bienvenidos al circo de la vida tapa. Primero nos llenaron la mesa con aperitivos. Tempura de cacauetes (by Bulli), mimético de calamar frito, mimético de cacahuetes y la pizza del Tickets. El concepto mimético significa «copia», «simil», «mimo». Este concepto que a nosotros nos gusta tanto: comida que son una cosa, pero que parecen otra. El mimético de cacahuete en realidad eran galletas de miel y cacahuete en forma de cacahuete, aspecto 100% a cacahuete, sabor 100% galleta. La pizza era una base de hojaldre con sabor a albahaca y tomate, y dos toques de queso y crema de albahaca, y por ultimo, y el que más nos sorprendió, el mimético de calamar frito. Aspecto a calamar frito, pero sabor a galleta de arroz con sabor a azafrán y aroma a calamar. Volaron rápido de la caja.
Seguimos con las Oliva-S del Tickets y el Viaje Nórdico. Para nuestro gusto, las dos «mariconadas» más creativas y que más nos gustaron de toda la cena. Las Oliva-S eran de dos tipos distintos, gordal y verdial, para quién no es experto en olivas, una era la típica sevillana de sabor suave, y la otra, la típica oliva rota chafada que generalmente se mezcla con ajitos y pimientos, mucho más fuerte de gusto. Las Oliva-S Tickets existen desde la época en Bulli, y son muy muy especiales. Consisten en una membrana rellena de extracto de oliva. De 6 olivas convencionales nace una oliva Tickets. Cuidado con el hueso! El viaje nórdico consistía en una tostada montada de ternera ahumada con eneldo, especies y polvo de vinagre. Tele-transportación automática a Olso. Genial.
Tomamos seguidamente un par de «ensaladas». La primera, ensalada de naranja «Lola». Gajos especiados de naranja con jugo de aceituna gordal. Mucho sabor a especie, a nuestro parecer, plato con claro acento marroquí. La segunda, ensalada de tartar de cereza y atún. Fresca, suave, genial.
A continuación, a por los mariscos. Ostra bloody, navajas con escabeche de pollo, almejas al estilo chino, buey de mar en canelón de aguacate y una de chanquete. Los 5 productos del mar que nos sirvieron eran de una calidad tremenda. Tapas clasicas con toques contemporáneos. ¿O acaso es habitual mezclar una ostra con bloody mary? ¿Y una navaja con pollo? La ostra genial, enórme y súperfresca. De éstas que una vez tomas la primera, te tomarías media docena. Con las almejas al estilo chino, con algas y agridulce, también nos gustaron mucho por su calidad. Tubimos la misma sensación que con la ostra: We want more! La navaja con escabeche y el buey de mar fueron tapas mas atípicas por la mezcla de sabores, y el chanquete con huevo un clásico de la tapa del sur.
Y ya por último una ternera gallega a la brasa que habla por si sola. Os dejamos foto, para que juzguéis vosotros mismos. Carne excelente. Sinceramente, no me imaginaba que allí (no olvidemos que Tickets es un bar de tapas) tuvieran una carne de tanta calidad y tan bien cocinada.
En general y a modo de conclusión, es un «must» para todo el mundo. Sabemos que es difícil encontrar mesa, reservaros una ocasion especial para el próximo año, acceder a su web y cruzad los dedos que tengan mesa libre. Vale mucho mucho la pena, por la comida, por el ambiente, por todo. Es uno de éstos sitios que, al igual que pasó con el Bulli, el día que deje de existir podremos decir: «Yo estuve cenando en Tickets».


Tickets Bar
Avinguda Paral·lel 164, Barcelona
reservas@ticketsbar.es
www.ticketsbar.es

Precio: 80 euros por persona
Copa en 41º: 15 euros de media

Vino: Venta las Vacas (DO Ribera del Duero) & Cervesa Inèdit

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ABaC de Jordi Cruz, dos estrellas michelín que deberían ser tres?

A razón de toda la polémica causada el pasado mes de Noviembre por la no-otorgación de la tercera estrella michelin al Restaurante ABaC de Jordi Cruz, decidimos que esta vez, el regalo de cumple de mi hermano sería una cena allí. De este modo, podríamos valorar con nuestros propios morros, y bajo nuestra opinión si la merecen o todavía les queda tiempo de trabajo para conseguirla. Nuestra herramienta comparativa para valorar seria el recuerdo de la cena del pasado Setiembre en Sant Pau de Carme Ruscalleda (http://morroexquisito.blogspot.com.es/2013/09/sant-pau-de-sant-pol-de-mar-carme_23.html), que actualmente esta galardonado con 3 estrellas michelin.
 
ABaC se encuentra ubicado en la zona alta de Barcelona, en un inmueble fantástico en Avenida Tibidabo. Moderno, Lujoso, bien situado…la verdad es que este fantástico complejo Restaurante&Hotel lo tiene todo. Para acceder al restaurante tienes que bajar a la planta -1 y te encuentras casi en medio del comedor. Ascensor y bullicio, clara muestra de encontrarte en medio de una gran ciudad como es Barcelona. Ni rastro de la tranquilidad y del silencio majestuoso que nos encontramos en el comedor del Sant Pau. Y creo que esta diferencia, puede estar marcando el criterio del señor michelin que reparte las estrellas. La realidad es que el comedor del ABaC aunque moderno y elegante, carece de la finura y tranquilidad que tenía Sant Pau. Quizá la causa es porqué uno se encuentra en Barcelona y el otro en Sant Pol? Quizá también puede ser porque en el comedor de ABaC hay más mesas de las que debería si quisieran regalar esta tranquilidad al comensal? En fin, no es una crítica, simplemente una observación. Respecto al servicio y al sommelier, excelentes, un 10.
 
Y vamos a lo que estamos, la comida, que a modo de resumen, y en términos generales, fue excelente. Cocina creativa si, y mucho, pero sin perder los orígenes mediterráneos, «de la terra», sabores clásicos y elaborados de manera contemporánea. Un buen rato de relax, y una experiencia muy recomendable.
 
Para empezar el menú gran ABaC, un par de cocktails: Mojito helado de menta y lima, y Bloody Mary de mariscos. El Bloody Mary era en forma de nieve. Frío por el proceso de nieve al que estaba sometido, y acompañado por berberechos, navaja y anchoa. El mojito se tomaba en dos partes, la primera consistía en chupar el trozo de caña de azúcar de la izquierda de la imagen, sorberlo casi. Una delicia. La segunda parte, constaba de una gelatina de lima, con unos cortes de manzana, un jugo ácido y «on the top» helado de menta y lima, todo servido dentro de una cascara de lima. La sensación que dejaba no se puede describir mejor que con las palabras que justo dijo mi hermano al acabar de tomarlo: «Yo debería estar en el Caribe tomando miles de éstos todo el día».
El segundo de los entrantes fue sorprendente. Inicialmente nos presentaron un plato con una especie de granulado, y una ridícula bola de helado. De entrada se nos quedó cara de «me están tomando el pelo» (pensé: «esto cabe en media cucharilla de café»), pero el camarero, que nos vio las caras, nos informó que debajo del granulado había una mantequilla de foie, el componente principal del plato. El granulado era de maíz, y el helado era de mole. La mezcla entre los tres era muy interesante.
Después de estos 3 entrantes nos metíamos de cabeza en los 9 platos principales, por los que pasaríamos por todos lados, carne, pescado, clásico, contemporáneo, foie, trufa, thai, Palamós, pasta….en fin, de todo un poco, así que mejor vayamos uno por uno.
 
Gnoquis de parmesano con setas crudas, nueces, aceite de trufa y agua de hongos con citronela. Unos ñoquis que no eran ñoquis, con setas crudas que no parecían crudas…entramos en el juego del comer cosas que no parecen ser esas cosas. Los ñoquis eran esferas líquidas de parmesano, una bola que explosiona en la boca soltando su interior líquido que, en este caso, era con sabor a parmesano. Habíamos probado algo parecido en el 41º en misma forma y estilo, pero en sabor y color a aceituna verde. La ya archiconocida como oliva Bulli.  Este ñoqui resultó muy sorprendente también.
Los «calçots» confitados con romesco helado y carbón ahumado fueron brutales. Me encantó, por creatividad y barrida hacia casa plantando un manjar tan «de la terra» en su menú. El calçot espectacular, con un romesco helado muy curioso, y lo mejor, el carbón, una especie de pan tostado con un agradable sabor a quemado. Genial.
Posteriormente, «raviolli» de guisantes con panceta ibérica y caldo de langostinos thai. Plato oriental, muy especiado por el caldo y la verdura, pero con pinceladas locales: el guisante y sobretodo la panceta, que protagonizaba el plato con la envoltura de «raviolli» y los dos tendones de ternera que acompañaban. 
El steak tartar también era muy poco convencional. El bistec de tártar era ahumado y aliñado de un modo especial, la yema de huevo cocinada y casi imperceptible. «On the top» una crema de mostaza antigua deliciosa, y de base, crujiente de pan a la pimienta. En definitiva, un tártar distinto, probablemente el más distinto que hayamos probado nunca.
El siguiente plato es un clásico del Restaurante, su particular «Sopa de ceba». Otro guiño a la cocina local catalana. Para quienes hayan probado alguna vez la clásica «sopa de ceba» con su quesito fundido en un frío mes de Febrero, les voy a decir que no tiene nada que ver. Base de agua de cebollas, yema curada (cocida en frío), esferas líquidas de queso (distintas a las de los ñoquis) y trufa negra. Como un puzzle, coge un plato clásico, y conviértelo a piezas en uno nuevo. Bravo por este nuevo concepto de «sopa de ceba»!
Aquí va el que para nosotros fue el grave error del menú. No nos gustó. principalmente porque se cargan una de las materias primas que más nos gustan. Una gamba de Palamós exquisita, marcada en plancha y simplemente brutal por si sola, que, en este caso, se ve mezclada con una bola de pan de curry, dos crujientes de cerdo y un jugo de cabezas de gamba que a nuestro gusto era demasiado fuerte. El pan de curry excesivamente picante, y el crujiente de cerdo estaba rico, pero por si solo, no mojado en el jugo de cabezas de gamba. En fin, que para gustos, colores, pero este no nos gustó demasiado. De todos modos, materia prima buena buena!
Ahí va la pasta. Nos sorprendió que hubiese pasta en un menú degustación. Puede resultar, peligroso, por simple y vulgar, pero esta era estelar. La pasta hervida en un agua de calamar sabia a mar puro, y mezclada con las «espardenyes» (en castellano, «cohombros de mar» o «zamburiñas»: marisco muy parecido a la navaja, aunque mas jugoso y tierno) confeccionaban un plato simple, sencillo y delicioso. Matricula de honor. 
Nos quedaba una de pescado y una de carne antes de entrar en los postres. El pescado, anguila plancha con coliflor. Acompañada de fake-anguila y coliflor. Entender «fake-anguila y coliflor» como esfera liquida de anguila y coliflor. Quizá sí, lo sabemos, exceso de esfera líquida en el menú, pero oye…. «si una cosa funciona, no la toques!». La realidad es que la anguila estaba justo en su punto de cocción: tierna y sabrosa, muy a pesar de parecer un pescado duro. 
 
Ya solo quedaba la ternera. Que consistía en 3 trozos, cocinados de manera distinta. El meloso que nos habíamos encontrado con el «raviolli» de guisantes, ternera de cocido y meloso de ternera. La 3 elaboradas fantásticamente, con su salsita rica rica y acompañada de ceps. Genial para acabar.
 
Entrábamos en el maravilloso mundo de los postres. Nos encantan los dulces, y más los de restaurantes como estos. Teníamos por delante 3 postres muy distintos.
 
El primero Yuzu, con miga de pan de yoghur y albahaca. El yuzu es una fruta japonesa ácida, a medio camino entre el limón y la mandarina. Pues de esta fruta nos enseñaron 3 facetas: en crema, en sorbete y al natural. Iba acompañada de una miga de pan de yoghur que ayudaba a neutralizar el ácido del yuzu. Primer postre excelente, fresco y ligero, como era de esperar. 
En segundo lugar, no podía faltar el chocolate. Base de pan de aire de chocolate con leche, con un «churro» de chocolate blanco dulceado de leche. Podemos describirlo mejor, pero no nombrarlo de otra manera. Choco blanco mezclado con dulce de leche. Bajo el aire de pan llevaba una mermelada que hacia que el postre no fuera nada empalagoso. Aunque parezca mentira, no lo era!
Y para terminar, antes de los «petit fours», el último postre. Un cupcake muy particular. De merengue, fresitas y rosas, del cual te comes hasta el papel, pero porque es comestible. Helado de rosas, con fresitas al natural y trocitos de pie con el merengue. Ni un «pero» a ninguno de los tres postres, fantásticos.
Aquí os dejamos imágenes de los petit fours. Variado, el particular «pa amb oli i xocolata» y el pintalabios ABaC.
Vino tomado: Planots 2008 (D.O. Priorat): 85 eur.
 
 
La conclusión es que fue una gran velada. ABaC es un restaurante muy recomendable para una ocasión especial, que mientras sigan así, año tras año van a seguir oyendo campanas de tercera estrella michelin. Por su cocina, su carta de vinos, su servicio y su ubicación. Mientras tanto, a seguir trabajando e innovando!
 
Restaurante ABaC:
Avinguda Tibidabo 1
08022 Barcelona
info@abacbarcelona.com
 
Precio: 190€ por persona (vino incluído)
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Dos Palillos, una nueva estrella michelin en Barcelona.

El pasado 4 de Diciembre nos fuimos de cena al Restaurante Dos Palillos que está de celebración puesto que a finales de Noviembre le otorgaron de su primera estrella michelin. Nos adentramos a la Barcelona cool, Macba, Tallers, monopatines y tatuajes… Dos Palillos se encuentra en el Soho de Barcelona y casi que pasas de largo 3 veces antes de encontrar el restaurante ya que casi no se aprecia desde la calle. El restaurante es pequeño, con una larga barra en la entrada y un salón con una enorme mesa en forma de U dónde en medio tienes la cocina. Es una gozada ver como cocinan absolutamente todo delante tuyo.
 
El restaurante ofrece la opción reserva ligada a dos menús degustación, con un pequeño «feo» y es que te hacen realizar una paga y señal a modo de confirmación de la reserva, cosa que se entiende debido a las características del salón y entiendo que quieran optimizar las «mesas». Nosotros elegimos el menú dos palillos, muy completo. El menú festival tiene 2/3 tapas más. Por otro lado, también se puede comer en la barra, por un precio mucho mas asequible que los de los menús degustación, pero probando menos materia prima y previa cola infernal.
Como se observa en la carta, el restaurante no es propiamente japonés, y se nota en la carta donde el maki, te lo encuentras de postre y poco más. En su página web se informa que la oferta gastronómica es de extremo oriente (japón, thailand, vientan…), y si que es cierto que se centran en comida de estilo japonés, pero que ofrecen los conocimientos gastronómicos que van adquiriendo de otros países. Se nota por la pluriculturidad de sus cocineros, y la influencia de ellos en los platos que ellos personalmente te ofrecen.
 
Y vayamos al tema…
 
Empezamos la cena con un chupito de cocktail de sake y lichi, unas verduras agridulces muy fescas y aromáticas y unas cortezas crujientes de pollo, una especie de wrap de pollo frito con sabor suave a morro frito. Wrapped por una hoja, como se puede apreciar en la foto. Posteriormente, nos sirvieron una especie de foie de crudo de rape con una seta japonesa pochada. Primer plato exótico exótico, y de nota.
Después de esto nos sacaron una serie de 4 tapas de crudos. El primero, una ensalada de crudos de mar. Un mix de algas frescas y moluscos. Muy muy fresco. Luego un sashimi de salmonete y un maki de su propia piel frita. Nos resultó muy curioso el sabor que tiene la piel del salmonete, casi como si fuese la carne. En tercer lugar no podia faltar la ostra. Un michelín sin ostra no es michelín. Y para acabar con la tongada de crudos, el que más me gustó, el sashimi de calamar. De los mejores que he probado. Tiernísimo!
Langosteamos ahora con dos tapas calientes: langostino cocido con setas japonesas y algas y dumplings de langostinos al vapor. Materia prima excelente, punto de calor perfecto en boca (como odio que me hierva la boca con un dumpling acabado de sacar del vapor) y sabor exquisito.
 
Ya en los platos «principales», entre comillas porque no debemos olvidar que estamos en un restaurante de «tapas» japonesas, nos encontramos con la nipon burger, el sushi dinamico y la panceta a la cantonesa. La nipon burger me pareció excelente como minihamburguesa, carne súper jugosa y de muy buen gusto. Quizá eché de menos la parte nipon. La panceta cantonesa, también de nivel. Pero tengo que decir que no soy muy amante de la panceta, asi que ni a la cantonesa. Bien, buena materia prima, pero no supe apreciarla. Por último, comentar que el sushi dinamico me pareció una idea brillante. Es un plato en el que te traen sashimi de toro, dos tipos de alga y 4 o 5 toppings, y consiste en «feel free»: junta, mezcla o come solo…haz lo que quieras. Genial.
Ya por último los postres, helado de lichi con fresa y citricos. Dulce y fresco. Después de la pancetita, apetecía un poco de dulce. El maki-mochi de fresa bueno bueno. Quizá un poquito demasiado de pasta, lo que casi no dejaba apreciar la fresa, pero bien encontrado el concepto de maki-mochi. (PD: Como los mochis del Mosquito (en breve crítica) nada!). Y por último último no podía faltar el chocolate, ningyoyaki de chocolate, o lo que es lo mismo, bollito en forma de bunyolet relleno de chocolate fundido. Explosión de chocolate en boca. Lo recordaba de la ultima (mi primera vez) en el Dos Palillos, y si sigue en carta, es que es garantía de que funciona.
En conclusión, una buena cena y una michelin merecida. Poca crítica durante la cena, pero mucha comparación con el último sitio «exquisito» dónde habíamos estado, Espai Kru. Que desde nuestro humilde morro exquisito, Espai Kru le pasa un poco la mano por el morro a Dos Palillos. Aún así, recuerdo, gran cena y merecida estrella.
DOS PALILLOS:
Carrer d’Elisabets, 9
08001 Barcelona.
 
Precio: 120 euros por persona (Maridaje incluido en el precio)
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Sant Pau de Sant Pol de Mar. Carme Ruscalleda.

El pasado miércoles 18 de setiembre fuimos de visita a Sant Pol de Mar a degustar el archiconocido Restaurante Sant Pau, de Carme Ruscalleda. Para quien no lo conozca, Carme Ruscalleda, pertenece al club de las 3 estrellas Michelin, que en España solo poseen Arzak, Berasategui y los hermanos Roca.
Nosotros fuimos directamente a por la cena, pero Sant Pol parece un pueblo muy Mediterráneo y muy propenso a realizar un paseo pre-cena para ir abriendo el estómago. Yo lo recomiendo, la cena será larga, apta para estómagos vacíos. De este modo, llegamos a Sant Pol, en coche y directos al restaurante. Te percatas rápidamente que has llegado ya que hay un aparcacoches en la puerta que te indica en que lado de la pared del parking abierto tienes que dejar el coche, todo muy familiar, muy catalán esto de dejar el coche en la era, arrimando a la pared para que el siguiente que llegue pueda aparcar también. Mucho estilo.
 
Una vez dentro, el local es maravilloso. Imagino que era una antigua casa típica del Maresme, en primera línea de mar y con metros y metros de casa por explorar. La transformación de casa a restaurante es exquisita, un comedor de ventanal enorme con vistas al jardín en tonos crema, vino y morados. No se porqué pero me pegan mucho con Carme Ruscalleda.
El servicio empezó ofreciéndonos una copa de cava, una edición especial realizada para el 20 aniversario del restaurante, el CR20 y un aperitivo compuesto de una croqueta de arroz y setas, un milhojas de crema de bacalao y como un creo que atún marinado.  Empezábamos bien. Ya para acabar el aperitivo, un salmorejo de melocotón y la típica “Coca de Verema” estilo Sant Pau. Una delicia. Íbamos a por lo bueno, los platos principales.
 
El bogavante con espuma de leche de tigre fue algo espectacular, a mi paladar, el mejor plato de la noche. Siento una gran admiración por esta crema de origen sudamericano y su aromo cítrico. Ligaba a la perfección con el bogavante.
 
El canelón de langostinos y verduras fue el plato mas “nouvelle cuisine” de la cena. La pasta del canelón era de agua de mar, dándo una imagen transparente para que pudieras observar el interior del canelón y un sabor muy marítimo.
Las colas de gambas sobre tostada de mar, la clara demostración de la gran calidad del restaurante. Gamba deliciosa, fresca y que solo con la vista ya apetecía comer.
 
Desconocíamos los lloritos, un pez típico de Baleares, que nos fueron servidos fritos, sobre una base de alcaparra, oliva y vermut. A mi no me entusiasmó especialmente, pero, cosa de gustos supongo.
                                           
 
De segundo nos dejaron a elegir entre Pluma Ibérica, Pato y un Rape. Yo personalmente me decanté por la carne, ya que habíamos estado tomando pescado toda la primera parte de la cena. La pluma ibérica excelente. Tierna, sabrosa…en fin, de esperar.
 
Pasábamos a los postres con una degustación del queso del mes de Setiembre. Un queso de leche de cabra que nos lo sirvieron de 3 modos distintos, solo, mezclado con mermelada y hiervas y con un milhojas y mermelada.
Luego nos sirvieron unos higos con licor de arroz, también deliciosos y una crema de cítricos con naranja crujiente.
Ya por último, el Chocolate. Una mezcla de diferentes texturas de chocolate, con frutas y peta-zetas, un clásico de Ruscalleda. Otro 10.
Los cafés y los mil petit-fours que nos sirvieron nos los tomamos en el jardín, súper acogedor y con vistas a la cocina. Casi no pudimos con todos los petit fours que nos sirvieron.
A mi humilde opinión, Carme Ruscalleda intenta realizar una cocina con producto típico mediterráneo que recuerdes por su gusto y sabor en el paladar. Se deja de ostias de «esferificaciones» y cosas mas modernas, para optar por cautivarnos desde la boca y la humildad. Dicha humildad queda plasmada cuando a mitad de la cena la ves pasearse por el comedor preguntando que tal la cena y comentando la jugada con las mesas. A mi, simplemente me encantó Sant Pau de Sant Pol.
 
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